Las migraciones y el derecho del emigrante 2

En nuestra sociedad, la manera de situarse ante el fenómeno migratorio y ante los emigrantes y las políticas de inmigración, está muy marcada por la imagen que se tiene y se construye de la emigración. Frente a la concepción de una ciudadanía universal, predomina el pensamiento de una ciudadanía nacional, que tiende a establecer diferencias en el reconocimiento y ejercicio de los derechos y deberes de las personas. La separación entre “nacionales” y “extranjeros” aflora constantemente, sobre todo en momentos electorales o de dificultades económicas. Y esto no es otra cosa que un síntoma de la utilización ideológica y partidista de la inmigración. La que predomina, es una imagen de la inmigración muy marcada por tópicos y miedos, promovida por una propaganda que manipula descaradamente la realidad, relacionando inmigración con delincuencia o con afectación de la identidad cultural, por ejemplo. En el trasfondo existe el problema que representa la concepción de la inmigración casi exclusivamente como mano de obra, expresado popularmente como “que vengan los que hagan falta”. La DSI plantea la enorme importancia que tiene una labor educativa de la sociedad que permita construir una percepción de la inmigración mucho más ajustada a la realidad. La Iglesia debe manifestarse siempre desde la consideración de la dignidad de toda persona y desde las exigencias del respeto a sus derechos fundamentales.
La DSI considera que es necesario modificar sustancialmente la perspectiva y poner en primer lugar el valor de la hospitalidad para construir una convivencia humana más justa y solidaria.
Es cierto que la hospitalidad no resuelve automáticamente todos los problemas, pero cambia la perspectiva para afrontarlos y permite hacerlo humanamente. Existe un ideal hacia el que dirigirse, el de la hospitalidad incondicional, la acogida sin restricciones. Sin embargo, esa hospitalidad debe ser concretada en la realidad de cada territorio mediante políticas y leyes de inmigración. A esto se le llama hospitalidad condicional, y debería tener en cuenta y articular el respeto efectivo del derecho a emigrar y las posibilidades reales de la sociedad de acogida, más allá de miedos y prejuicios. La perspectiva debería ser siempre el hecho de que los emigrantes son personas antes que mano de obra o invitados no deseados. Así, la DSI plantea tres ideas fundamentales:
  1. En primer lugar que, como decíamos, los emigrantes son personas antes que mano de obra. Sus derechos y deberes fundamentales son los mismos que los de todas las personas. No puede haber distinción entre nacionales y extranjeros. Los emigrantes son sujetos de derechos y deberes porque son personas y no porque nadie se los conceda.
  2. Segundo, que los derechos y deberes son inherentes a cualquier emigrante. No pueden existir diferencias ni discriminaciones.
  3. Y tercero, que el derecho más radical y fundamental de los emigrantes es el derecho mismo a emigrar.
Por último, cabe recordar que los emigrantes no son solo sujetos de derechos, sino también de deberes, expresión de su responsabilidad hacia los demás y hacia la vida social. Entre todos, podemos hacer efectiva la vocación del ser humano a formar una sola familia que comparta, cuide y respete la casa común.

Frase DSI

Es deber de todos, y especialmente de los cristianos, trabajar con energía para instaurar la fraternidad universal, base indispensable de una justicia auténtica…No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres.

Pablo VI, “Octogesima adveniens”, n. 17

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Colaborar a cambiar en lo necesario la mentalidad que existe en nuestros ambientes sobre los emigrantes?

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