El evangelio, después de todo lo vivido en los últimos tiempos, es como un soplo de aire fresco, como un sorbo de agua de manantial, que reconforta nuestra sed de caminantes y sostiene nuestra condición peregrina. Si nos detenemos un instante y disfrutamos de él, su sencillez nos renueva internamente. Esa sencillez de los pequeños […]
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