Internacional >> , , , , ,

Francisco: «Debemos ‘civilizar el mercado’ en la perspectiva de una ética amiga de la persona y de su entorno»

20 octubre 2017 | Por

Francisco: «Debemos ‘civilizar el mercado’ en la perspectiva de una ética amiga de la persona y de su entorno»

Ha concluido el seminario «Cambiar las relaciones entre el mercado, el Estado y la sociedad civil», organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales durante los días 19 y 20 de octubre. Un encuentro que ha establecido un diálogo, mediante el intercambio de experiencias, para abordar los «desafíos a los valores de justicia social, bien común y dignidad humana» que plantea la globalización y la Cuarta Revolución Industrial, una preocupación expresada por el papa Francisco en Evangelii gaudium y en Laudato si’.

Un diálogo, crítico y operativo, con otras disciplinas y con actores específicos en las prácticas económicas, sociales, políticas y empresariales, como parte de una reflexión filosófica, teológica y pastoral, que partiendo de Caritas in veritate, pueda articular «nuevas formas de cooperación entre estas tres entidades y sus propias lógicas. En un mundo en el que cuestionamos constantemente lo que determina nuestro bienestar, la intuición fundamental es que la economía no puede simplemente preocuparse por minimizar los costos de producción de las mercancías o de maximizar los beneficios. Esta postura reduccionista nos impide resolver los agudos problemas de nuestros tiempos», de los problema reales de las personas, evitando la exclusión y favoreciendo la inclusión social y la comunión.

El papa Francisco, en la audiencia realizada a los participantes, ha trasladado este mensaje*:

Ilustres Señoras y Señores:

Saludo cordialmente a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y a las personalidades que participan en estas jornadas de estudio, así como a las instituciones que apoyan la iniciativa. Una iniciativa que llama la atención sobre un tema de gran actualidad como es el de elaborar nuevos modelos de cooperación entre el mercado, el Estado y la sociedad civil, en relación con los desafíos de nuestro tiempo. En esta ocasión, quisiera hablar brevemente de dos causas específicas que alimentan la exclusión y las periferias existenciales.

La primera es el aumento endémico y sistémico de las desigualdades y de la explotación del planeta, que es mayor con respecto al aumento de la renta y de la riqueza. Y, sin embargo, la desigualdad y la explotación no son una fatalidad ni tampoco una constante histórica. No son una fatalidad porque dependen, además de las diferentes conductas individuales, también de las reglas económicas que una sociedad decide darse. Basta pensar en la producción de energía, en el mercado laboral, en el sistema bancario, el bienestar (welfare), en el sistema fiscal y en el sector escolar. Según cómo se proyecten estos sectores habrá consecuencias diversas en el reparto de los ingresos y de la riqueza entre quienes han contribuido a su producción. Si el fin prevalente es la ganancia, la democracia tiende a convertirse en una plutocracia en la que crecen las desigualdades y la explotación del planeta. Repito: no es necesario que sea así; ha habido períodos en que, en algunos países, las desigualdades han disminuido y el medio ambiente se ha protegido mejor.

La otra causa de exclusión es el trabajo no digno de la persona humana. Ayer, en la época de la Rerum novarum (1891), se reclamaba el «justo salario del obrero». Hoy en día, además de esta sacrosanta exigencia, nos preguntamos también porque todavía no se ha logrado poner en práctica lo que está escrito en la Constitución Gaudium et Spes: «El conjunto del proceso de la producción debe, pues, ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular» (No. 67) y –podemos agregar con la encíclica Laudato si’respetando la creación, nuestra casa común.

La creación de nuevo empleo necesita, sobre todo en esta época, personas abiertas y emprendedoras, relaciones fraternales, investigación e inversión en el desarrollo de energía limpia para resolver los desafíos del cambio climático. Hoy es concretamente posible. Es necesario desprenderse de las presiones de los lobbys públicos y privados que defienden intereses sectoriales; y también es necesario superar las formas de pereza espiritual. La acción política debe ponerse al servicio de la persona humana, del bien común y del respeto por la naturaleza.

El desafío al que responder es, pues, el de trabajar con valentía para ir más allá del modelo de orden social vigente, transformándolo desde dentro. Debemos pedir al mercado no solo que sea eficiente en la producción de riqueza y que asegure un crecimiento sostenible, sino que también esté al servicio del desarrollo humano integral. No podemos sacrificar en el altar de la eficiencia, –el «becerro de oro» de nuestros tiempos– valores fundamentales como la democracia, la justicia, la libertad, la familia, la creación. En esencia, debemos apuntar a «civilizar el mercado» en la perspectiva de una ética amiga del hombre y de su entorno.

Análogo es el replanteamiento de la figura y el papel del Estado-nación en un nuevo contexto como el de la globalización, que ha modificado profundamente el orden internacional anterior. El Estado no puede concebirse como el titular único y exclusivo del bien común sin permitir que los cuerpos intermedios de la sociedad civil expresen libremente su potencial completo. Sería una violación del principio de subsidiariedad que, combinado con la solidaridad, es una piedra angular de la doctrina social de la Iglesia. El desafío aquí es cómo aunar los derechos individuales con el bien común.

En este sentido, el papel específico de la sociedad civil es comparable al que Charles Péguy daba a la virtud de la esperanza: como una hermana pequeña está en medio de las otras dos virtudes –la fe y la caridad– sujetándolas de la mano y tirando de ellas hacia delante. Me parece que esta sea la posición de la sociedad civil: «tirar» hacia delante del Estado y del mercado para que puedan repensar su razón de ser y su forma de actuar.

Queridos amigos, gracias por la atención que habéis prestado a estas reflexiones. Invoco la bendición del Señor sobre vosotros, vuestros seres queridos y vuestro trabajo.

***

(vía news.va) (Original, en italiano)

*El texto en negrita del mensaje del papa Francisco han sido incorporado por el editor de esta información.

Nuevo libro

Ultimo cuaderno

Redes Sociales

Instagram


© 2020 HOAC.

| Diseño original | DET | Adaptación de ACF | Desarrollado con WordPress | CM/Admo

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies