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Males que más de cien años duran

21 junio 2017 | Por

Males que más de cien años duran

Araceli Caballero | En las últimas semanas la central de Garoña vuelve a ser noticia. ¿Se reabre; se recierra? Abierta en 1991, se clausuró en 2012, tras más de 40 años en funcionamiento (mucho para una central nuclear). El Gobierno acordó su reapertura en febrero, pero Endesa e Iberdrola, las empresas que la gestionan, no se ponen de acuerdo en el deshoje de la margarita. Mientras, una parte de la ciudadanía intenta que la caja [nuclear] de Pandora siga cerrada. ¿Por qué la energía generada a partir del uranio genera siempre polémica?

El 26 de abril se cumplieron 31 años del accidente de Chernóbil (ahora Ucrania, entonces URSS), el más grave de la historia de la industria nuclear. El 27 de marzo de hace 38 años, en la Isla de las Tres Millas (EEUU) pasó lo que decían que era imposible: se interrumpió el flujo de combustible y se fundió el núcleo del reactor. En 2011, también en marzo, ocurrieron los graves sucesos de la central de Fukushima (Japón), de los que aún guardamos imágenes en la memoria. A primeros de mayo de este año se decretó la alarma en Hanford Site por un derrumbe en un túnel donde hay enterrados vagones con residuos nucleares. El almacén fue construido en 1943 como parte del Proyecto Manhattan (ya saben: la bomba atómica) para proporcionar plutonio para armas nucleares (de aquí salió el material utilizado en la bomba lanzada sobre Nagasaki). Se cerró en 1987, pero, aunque donde se almacenan se llamen «cementerios nucleares», la vida de los residuos es muy larga; es un mal que desmiente el refrán, porque persiste no cien sino, según los expertos, decenas de miles de años. Es decir, que sus efectos duran y duran, sin que se sepa muy bien cuánta muerte dejamos enterrada para las generaciones venideras. Energía «limpia»; como algunos asesinos a sueldo.

En España, además, pagamos un alto precio por la energía nuclear; incluso por no producirla. Hasta octubre de 2015, los recibos de la luz contenían un oneroso recargo destinado a financiar la moratoria nuclear ¿Qué es esto? En palabras de Juan Manuel Eguiagaray (ministro de Industria y Energía del PSOE), «el sector público hubo de rescatar financieramente a las empresas eléctricas del país, que se habían embarcado en un proceso de inversión faraónico, derivado de una planificación delirante, en absoluta contradicción con las necesidades constatadas de la demanda eléctrica en España. (…) Los costes de la paralización de proyectos de construcción en curso, así como el saneamiento financiero de las empresas, recayeron sobre los consumidores durante largos años, mediante recargos pagados en el recibo de la luz». Resultado: 5.717 millones de euros pagados a escote.

Y algo que no sale con la frecuencia que merece: la energía nuclear es inseparable de un poder fuertemente centralizado sobre el que la ciudadanía no tenemos ningún control. En el ámbito estatal y, sobre todo, mundial. De modo que no solo es peligrosa para la salud, sino también para la democracia. La energía nuclear es ciertamente interesante –¡interesada!–, pero no para la ciudadanía.

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