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Unidos ganamos

24 septiembre 2015 | Por

Unidos ganamos

Javier Madrazo Lavín | Las elecciones generales, que tendrán lugar en este otoño, constituyen sin duda alguna, una buena oportunidad para mostrar, con el voto, el rechazo a las políticas regresivas y reaccionarias que ha impuesto el Partido Popular en estos cuatro últimos años.

La vulneración sistemática de derechos laborales y sociales ha traído consigo empobrecimiento y desigualdad, que hoy, en un claro ejercicio de manipulación, se intenta ocultar bajo la gran mentira de la recuperación económica, orquestada por el Gobierno de Rajoy y difundida por la mayoría de los medios de comunicación, que están preocupados por el debilitamiento del bipartidismo. El PP, secundado por la dirección del PSOE, ha sido el encargado de ejecutar, en nuestro país, los dictados de la troika (Consejo de Europa, Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo).

La defensa de la oligarquía financiera implica, desde la transición, un cierre de filas por parte de los llamados poderes fácticos, que en España actúan al unísono.

En este contexto, resulta imprescindible que todas las personas que de un modo u otro se han sentido víctimas de las medidas austericidas del ejecutivo del PP sumen sus fuerzas para favorecer un cambio de ciclo, que permita restaurar, cuando menos, los derechos laborales y sociales que nos han sido usurpados.

Es obvio que para que esta propuesta resulte viable requiere como primer paso, la unidad de acción de las formaciones políticas y movimientos ciudadanos que han colaborado y coincidido en la denuncia contra la reforma laboral, los desahucios y los recortes sistemáticos en sanidad, educación, pensiones y prestaciones a los colectivos más desfavorecidos y vulnerables.

Son muchas las voces que alientan y llaman a la colaboración entre todas las sensibilidades progresistas, con el objetivo de promover una opción electoral sólida y unitaria en pro de la justicia social y el reparto equitativo de la riqueza, para poder generar bienestar y mejorar la calidad de vida del conjunto de la población. Este clamor, por una confluencia tan legítima como imprescindible invita, sino al optimismo, sí a la esperanza.

La defensa de las condiciones de vida de los empobrecidos del mundo obrero, debe ser , en esta coyuntura electoral, la prioridad ética y política de las fuerzas de progreso. Ningún otro debate, por importante que resulte: modelo de estado, cuestión nacional, desarrollo del autogobierno, encaje territorial, conflictos identitarios…, debe relegar a un segundo plano, la defensa de los derechos básicos que asisten a los que han salido peor parados por las políticas de recorte.

Un total de trece millones de personas sobreviven en España en condiciones de pobreza o riesgo de exclusión. Son muchas. Más de una de cada cuatro. Aproximadamente el 27 por ciento de la población.

Estos datos, que contradicen el optimismo del Gobierno y los cantos de sirena de la tan comentada recuperación económica, no deben sorprendernos, máxime si tenemos en cuenta que más de 1.657.000 hogares subsisten como pueden, con todos sus miembros en paro. Sin embargo, si deben indignarnos, llamarnos a la reflexión y favorecer un debate abierto y plural que despierte ilusión, expectativa y también, y sobre todo, confianza.

Dijo José Saramago, Premio Nobel de Literatura: «Si el mundo alguna vez es mejor será por nosotros y con nosotros». Estas palabras cobran plena actualidad y encierran una gran verdad. La alternativa no hay que buscarla en los grandes líderes, sean Pedro Sánchez o Pablo Iglesias en España o Tsipras en Grecia, que ha acabado cediendo al chantaje del verdadero Poder, el financiero, ese que no se presenta a las elecciones pero que maneja los hilos del poder político o mediático. La alternativa hay que buscarla en el empoderamiento ciudadano y en la movilización social. Este es el mejor antídoto contra esos intentos de rebajar el programa y moderar el discurso con el fin de ocupar el centro y ganar las elecciones.

En el camino de la unidad será preciso poner mucha generosidad y aparcar personalismos e intereses partidistas, en favor del interés general de las personas trabajadoras y clases populares, que buscan referentes con credibilidad, vocación de servicio público y voluntad de superar el modelo de desarrollo capitalista actual. La oportunidad es histórica. Hacen falta decisiones coherentes y rápidas.

Si las fuerzas políticas de izquierda comparten programa, propuestas comunes; si tienen aspiraciones idénticas y una responsabilidad única con la ciudadanía, que espera estén a la altura del momento. ¿Cuál es entonces el problema para lograr el frente amplio y la unidad popular?

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