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Ricardo Blázquez: «La Iglesia española no ha estado muda ante los sufrimientos de las personas»

23 septiembre 2015 | Por

Ricardo Blázquez: «La Iglesia española no ha estado muda ante los sufrimientos de las personas»

Pedro J. Navarro  | El presidente de la Conferencia Episcopal destaca la bocanada de aire fresco que supone el pontificado de Francisco y apuesta una Acción Católica de nuevo rostro, como la misión que tiene la HOAC, cercana a los desfavorecidos y apegada a los problemas reales de la sociedad.

El arzobispo de Valladolid y, desde hace año y medio, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez, asistió a la jornada inaugural de la XIII Asamblea General de la HOAC, donde presidió una Eucaristía en la que destacó el compromiso de este movimiento como Iglesia en las periferias del mundo obrero. En la entrevista mantenida con «Noticias Obreras» repasa los principales retos que la Iglesia española, en general, y la Acción Católica en particular, tienen en el contexto actual, así como la figura del papa Francisco.

–En marzo de 2014 fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española. Contó para ello con un amplio respaldo de sus hermanos obispos. Tras ese primer año al frente de este órgano colegiado como es la Conferencia, ¿qué balance hace? ¿Ha respondido a las expectativas depositadas en usted?

–He visto una colaboración muy generosa y me he sentido este año muy a gusto. Mis hermanos obispos me dieron mayoritariamente el voto de confianza y yo quiero realizar ese voto contando con todos. Yo sé que ser presidente de la Conferencia Episcopal no significa ejercer alguna autoridad sobre cualquier obispo, sino que solo se trata de que alguien haga posible el cumplimiento de sus estatutos y lo que la Iglesia le pide, como unificar la actuación pastoral con la colaboración de todos. Repito que yo sé que no tengo autoridad alguna sobre ningún obispo. La autoridad solo la tiene el Papa.

–Este contexto social y político en el que desarrolla su servicio al frente de la Conferencia Episcopal es muy diferente al que le ha tocado vivir en ocasiones anteriores. ¿Cómo ve la situación política en España?

–Con respecto a la Conferencia Episcopal tengo que agradecer la comunión tan estrecha, no solo de actuación sino también de cordialidad, entre todos los obispos. Queremos cumplir la misión que en la Iglesia y en la sociedad estamos llamados a ejercer. En este sentido, me satisfizo mucho cuando en el mes de abril la Conferencia Episcopal aprobó la Instrucción Pastoral «Iglesia servidora de los pobres». Queríamos que esta voz resonara en toda la sociedad española, especialmente en un año en el que somos convocados a muchos procesos electorales. En este contexto es mucho mejor ofrecer, de una manera sosegada y amplia, qué es lo que nosotros pensamos, a lo que nosotros invitamos, que aparecer en cada momento para una situación concreta. Y hay que recordar que este documento fue aprobado por una amplísima mayoría.

–¿Qué piensa acerca de las voces que opinan que esta Instrucción Pastoral ha llegado un poco tarde teniendo en cuenta la grave situación económica y social que vivimos en España, agudizada por la crisis financiera de 2008?

–Es verdad que un documento de la Conferencia Episcopal de estas dimensiones ha llegado cuando ha llegado. Pero también es verdad que en las diócesis hemos hablado constantemente sobre esta cuestión, y también a través de documentos parciales de grupos o de comisiones episcopales. De modo que no hemos estado mudos ante las situaciones sociales y humanas provocadas por la crisis. Yo me alegro de que la Conferencia Episcopal lo haya aprobado, y además con esa generosidad y amplia mayoría como la que se aprobó.

–¿Qué retos tiene la Iglesia ante el conjunto de la sociedad española, con organizaciones o movimientos como la HOAC?

–Uno de los grandes retos que tiene por delante la sociedad: el desempleo juvenil, terreno en el que organizaciones como la HOAC pueden ser de gran ayuda. «Los tiempos recios de que hablaba Santa Teresa tienen, para tantas personas y tantas familias, y de manera especial para los jóvenes, una reciedumbre particular, que es el problema del empleo estable y digno. Todos nosotros, como sociedad, debemos a los jóvenes una solidaridad más intensa». Compartir, por tanto, el pan y el trabajo, haciéndonos por tanto partícipes de la misma dignidad. Se puede comprender que un joven, unos jóvenes, llegados a determinada edad, piensan realizar su futuro, constituyendo una familia, se vean muy limitado sin este soporte fundamental como es el del un trabajo digno para ganarse el pan con el sudor de su frente. Este es un gran desafío del que todos nosotros somos solidarios. Como cristianos tenemos todavía un motivo particular más acuciante, porque en el que tiene esta limitación está muy presente Jesús y nos tiende su mano.

–Ante las respuestas evangelizadoras que desde la Iglesia se vienen ofreciendo en esta situación social, ¿qué le diría hoy a la Acción Católica? ¿Qué papel debe jugar?

–Es necesaria una Acción Católica de «nuevo rostro», cercana a los desfavorecidos y apegada a los problemas reales de la sociedad. Me alegro de que el proyecto elaborado haya sido aprobado por la Conferencia Episcopal, y además, con gran satisfacción y muchos deseos de impulsarlo. Porque esta Acción Católica de nuevo rostro, si la recuperamos y la alejamos de las tergiversaciones que pudieran derivarse de su viejo nombre, es una realidad que queremos impulsar y que nos está llamando a todos como una intensificación de nuestra vocación bautismal. Porque no olvidemos que hay diversas formas de esa intensificación de la vocación bautismal. Una es desde la militancia como la vuestra, como trabajadores cristianos de la HOAC; otra desde la Acción Católica General, desde niños, adolescentes y adultos; otra es la vocación misionera, la sacerdotal, la de vida consagrada, etcétera. Y todas esas formas de vocación bautismal deben confluir en la transmisión del mismo Evangelio en nuestro mundo.

–Algunas voces hablan de la necesidad de vivir una segunda transición, y hasta incluso de una imprescindible reforma constitucional. ¿Qué papel cree que debe jugar la Iglesia española en esta situación?

–Como españoles debemos estar sanamente orgullosos de la transición que se hizo de un régimen autoritario a otro realmente democrático; porque se hizo contando con todos. Todos fuimos convocados, todos los grupos políticos. Y no solo orgullosos, sino también contentos porque desde otras latitudes la Transición ha sido presentada como un modelo. Así que pido que no se dilapide ese capital, sin entrar a valorar si es necesaria o no una reforma de la Constitución, que en algunas cuestiones, como en cuestiones sobre la precedencia o no de la mujer en la sucesión de la Corona, que debe ser considerada, o la relativa a la misión del Senado, puede estudiarse. De todas formas en este campo prefiero no entrar, porque mi ministerio no tiene ese cometido, pero sí lo opino como ciudadano.

–El pontificado de Francisco, ¿es el que ha ayudado a vivir con la mirada puesta en las periferias? ¿Hasta qué punto ha contagiado su espíritu, su alegría, su sentido del humor, a las Iglesias particulares, a sus hermanos obispos, al Pueblo de Dios?

–El pontificado del papa Francisco es una bocanada de aire fresco. Los pontificados se van alternando. El Cónclave elige a quien considera más oportuno en cada momento, en cada coyuntura especial. Cada Papa hace de este ministerio petrino, con su historia, con lo que ha recibido, con su trayectoria ministerial, etc., un camino y un proyecto determinado. El papa Francisco ha accedido a este ministerio, por elección de los cardenales, con su historia, con su personalidad, con su forma de ser. Igual que el Papa emérito, Benedicto XVI, accedió en su momento con la forma de ser propia, como teólogo de primera categoría, que ya de joven destacó en el Concilio Vaticano II. El papa Francisco es un pastor, sin oponer una cosa con la otra. Francisco tiene una trayectoria que todos conocemos y de la que nos alegramos. pero eso sí, no podemos oponer un pontificado con otro.

De izquireda a derecha, Ricardo Blázquez en la pasada Asamblea de la HOAC junto al director de NN.OO., Abraham Canales, y el presidente de la HOAC, José Fernando Almazán.

De izquierda a derecha, D. Ricardo Blázquez en la pasada Asamblea de la HOAC junto Abraham Canales, director de NN.OO., y José Fernando Almazán, presidente de la HOAC.

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