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  • 23-06-2016


    «La oposición al sistema neoliberal y a su proyecto de persona pasa por la formación y la reflexión colectiva»


    Ana María Rivas, autora de «Trabajo y pobreza», entrevistada por Abraham Canales

    Conversamos con Ana María Rivas, doctora en sociología y autora de Ediciones HOAC, donde acaba de publicar un nuevo libro. Con el título Trabajo y pobreza. Cuando trabajar no es suficiente para vivir dignamente, realiza una aportación al debate sobre el trabajo asalariado en una sociedad empresarizada y donde «lo que menos cuenta es la vida humana y su dignidad».

    El libro empieza con el relato de una situación real de una persona de apariencia «normal» en situación de pobreza, pidiendo en el transporte público. ¿Puede pasarnos a cualquiera?

    Era una usuaria más del metro que antes iba escuchando a otros que pedían. No había llegado a esa situación por la enfermedad, sino debido a la pérdida de su empleo. Desde luego, esto no le pasa a quienes no van en el metro. Son las clases trabajadoras, populares, aquellos colectivos que dependen de un salario, contratados de modo irregular, temporales, a tiempo parcial, con jornadas reducidas, ocupando empleos estacionales, etc., los que se ven más afectados por la «nueva normalidad» del régimen neoliberal: si el empleo hasta ahora garantizaba cubrir las necesidades básicas de las personas y disponer de un sistema de protección social, la nueva norma de empleo es todo lo contrario, no solo no garantiza los mínimos para llevar una vida digna, sino que se ha convertido en factor de vulnerabilización y exclusión social. No idealizo situaciones pasadas, el asalariado siempre ha sido una clase subordinada, obligado a hacer equilibrios en la cuerda floja, pero la diferencia es que si nos caíamos contábamos con una red de protección social, ahora nos han quitado la red y lo que nos pasa es responsabilidad exclusivamente individual. Esta es la perversión del sistema, la individualización llevada a su extremo, haciéndonos responsables y, por tanto, culpables de lo que nos ocurre, incluido tener o no empleo.

    ¿Qué tipo de sociedad hemos creado para llegar a esta situación? ¿Ha sido por la crisis económica?

    La crisis económica ha sido la coartada para legitimar y lograr el consentimiento de las sociedades, fundamentalmente, de las clases trabajadoras a un régimen cuyo objetivo es convertir la sociedad en una empresa total y a las personas en empresarios de sí mismos. Se trata de una vuelta más de tuerca del capitalismo. En el libro describo itinerarios laborales de jóvenes, resultado de una investigación realizada en 1998 a diez años de la crisis, en los que ya se aprecian los «valores» proclamados actualmente por los adalides del nuevo régimen: flexibilidad, competitividad, responsabilidad individual, movilidad, cambio, etc. La crisis ha servido para neutralizar las resistencias al cambio ideológico.

    Habla de una nueva cultura, la del management, donde las personas pierden sus derechos de ciudadanía para convertirse en «recurso». ¿Este es un problema antropológico...?

    Se trata de un proyecto de sociedad que afecta a todos los órdenes de la vida, tanto a escala individual como colectiva; un proceso de colonización de nuestros cuerpos y mentes, que empieza por la producción de una nueva subjetividad: el hombre-empresa, por la que el individuo se gobierna a sí mismo de acuerdo con principios y valores de la gestión económica, la máxima subjetivación capitalista. El sujeto neoliberal es el individuo competitivo, emprendedor, empleable, autoresponsable, amante del riesgo, innovador, con iniciativa. La empresa es promovida a la categoría de subjetivación: cada cual es una empresa a gestionar y un capital que hay que rentabilizar y sacar beneficios, ¿qué otra cosa, si no, es la ideología del emprendimiento?

    ¿Qué papel pueden jugar las organizaciones de los trabajadores en el marco de la gran transformación del mundo del trabajo?

    No existe ya ese «obrero colectivo» al que representaban los sindicatos y están en cuestión los derechos laborales. Es un reto para la acción sindical, más necesaria que nunca. Hemos pasado del «obrero colectivo» al «obrero fragmentado», «guionizado», en palabras de Beynon: trabajadores a tiempo parcial, trabajadores-temporales, trabajadores-externalizados, trabajadores-fijos discontinuos, trabajadores-autónomos…, cuyos intereses y derechos entran, en ocasiones, en contradicción y colisión; este es uno de los efectos perversos del sistema, establecer categorías, jerarquías, que enfrentan a unos y otros, y que dificultan la unidad de objetivos y de intereses. Visibilizar y desvelar ese proceso de precarización laboral y vital por el que transitan los trabajadores y trabajadoras requiere una acción sindical que no debe limitarse al lugar de trabajo, sino también a otros espacios y tiempos extralaborales, una acción sindical que quizá requiere de la unidad con otros movimientos sociales que luchan contra esa precarización vital.

    En su análisis señala que estamos ante el fenómeno de los trabajadores pobres, al mismo tiempo que subraya el proceso de desfamilización...

    Se refiere a la pérdida del rol provisor de bienestar y cuidados de la familia y su sustitución por las políticas públicas implementadas por los estados. En los países nórdicos y escandinavos se ha producido, por la provisión y gestión del bienestar encomendada al Estado; en España, por el agotamiento y extenuación de la capacidad de las redes familiares, y su sustitución por el mercado, siguiendo el modelo anglosajón. Consumidos los ahorros y desposeídos de sus viviendas, a muchas de estas redes familiares solo les queda compartir sus miserias, migajas de pensiones devaluadas y sueldos cada vez más depreciados. La generación que está manteniendo actualmente a muchas familias trabajadoras, fue la generación pluriempleada y socializada en un ethos del trabajo, en el que el sacrificio, el esfuerzo, la mesura en el consumo, el ahorro, el beneficio diferido, permitió acumular un pequeño capital que, junto con sus pensiones, ha sostenido a las familias. Cuando esta generación desaparezca, habrá colectivos enteros desahuciados socialmente, convertidos en objeto de control policial, que alimentarán el negocio privado de las cárceles, como ocurre en EEUU.

    ¿Qué ocurre cuando estas necesidades no son cubiertas?

    El estado social es sustituido por organizaciones de voluntarios, fundaciones, patronazgos, filántropos (la fundación de Bill Gates, de Soros, de Amancio Ortega, etc.), que actúan como muros de contención de los colectivos más castigados por la exclusión social. Si esto no es posible, entonces, interviene el Estado en su faceta policial. La miseria de los excluidos es redefinida como un delito individual. Es la situación que el sociólogo francés Robert Castel definía como política sin Estado, la respuesta de las élites sociales a la pauperización de los obreros en la primera mitad del XIX, desplegando su poder tutelar sobre los desdichados y asumiendo una función de beneficencia y asistencialismo. Todas las reformas acometidas en los últimos tiempos, el llamado austericidio, tienen la misma filosofía: debilitar el Estado de bienestar y los derechos de las personas.

    La generación de jóvenes mejor formados es también el mayor laboratorio de experimentación de nuevos sujetos del capitalismo neoliberal. Estos mismos jóvenes –y sus padres trabajadores–, se preguntarán para qué estudiar si luego no encuentran trabajo...

    Primero, estudiar no solo es ir a la universidad. La educación supone preparar a los y a las estudiantes a pensar por sí mismos, a dotarles de las claves necesarias para analizar y comprender el mundo que les rodea y la responsabilidad en la construcción de este mundo y su transformación. Este tipo de educación no tiene nada que ver con las políticas públicas de competencias, habilidades y demás verborrea proveniente de Europa. Segundo, esa idea de que estudiar no sirve para nada, busca interesadamente, disuadir a los hijos e hijas de la clase trabajadora. Si a esto sumamos la ausencia de políticas públicas que faciliten el acceso a la educación formal, volvemos al derecho de herencia. Las reformas educativa y laboral sirven para poner a cada uno en «su sitio», en «su nicho natural». En palabras de Krugman «el regreso a la posición social heredada».

    A las mujeres se les obliga a elegir entre trabajos a tiempo parcial o a abandonar el mercado de trabajo para ocuparse de las tareas familiares y domésticas. ¿Capitalismo y patriarcado se entrecruzan y retroalimentan?

    El modelo tradicional de familia, «hombre proveedor de ingresos-mujer ama de casa», se ajusta perfectamente a las demandas del capitalismo, al permitir el desplazamiento de los costes de producción a la esfera doméstica. La producción capitalista necesita el trabajo familiar doméstico para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo. Hasta ahora este papel lo han venido desempeñando las mujeres; pero, ¿qué ocurre cuando estas se incorporan a un mercado laboral, que les exige emular el modelo masculino de participación, al mismo tiempo, que les obliga a continuar con las tareas de cuidado? Se las tienen que ingeniar para compatibilizar su tiempo laboral y extralaboral. El resultado es la segregación y penalización laboral de las mujeres que acaban ocupando los empleos más precarios, peor remunerados, de mayor temporalidad, tiempo parcial, etc.

    Usted reclama dignificar la sociedad, la política, la economía…, para combatir las causas del trabajo indecente. No es la única pero, ¿tiene la sensación de «predicar en el desierto»? ¿Cómo resistir y combatir la cultura neoliberal?

    La resistencia y la oposición al sistema de gobernanza neoliberal y al proyecto de persona, sociedad y Estado pasa, en primer lugar, por la formación, tenemos que dotarnos de los instrumentos analíticos necesarios para la comprensión de lo que está ocurriendo, claves que no vamos a encontrar en los medios de comunicación convencionales ni en los libros de los gurús, representativos de los poderes internacionales económicos, financieros y comerciales. Y en segundo lugar, la labor de análisis, crítica y reflexión ha de hacerse de forma colectiva, asociada, rechazando el individualismo atroz que nos encierra frente al televisor o el ordenador, produciendo autistas en masa. Solo la reflexión colectiva y asociada puede y debe materializarse en compromisos de participación en la vida pública pero no para acabar ocupando puestos y sillones, sino para crear redes y plataformas de contrapoder, que controlen al poder político y económico.

Foto

Ana María Rivas durante la presentación de su libro «Trabajo y pobreza» el 23 de junio de 2016, en la sede de la HOAC en Madrid.

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