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Opinión | Carta abierta al rey Felipe VI

29 junio 2020 | Por

Opinión | Carta abierta al rey Felipe VI

Texto de la Plataforma Nosotros También Somos Sevilla y de la Asociación Andaluza de Barrios Ignorados ante la visita del rey Felipe VI al Polígono Sur de Sevilla.

El 16 de octubre de 2003 visitó el Polígono Sur, cinco días después, el 21 de octubre, el presidente Manuel Chaves nombraba al Sr. Maeztu Comisionado para el Polígono Sur. Era el comienzo del Plan Integral.

Casi 17 años después, sentimos decirle que seguimos más o menos igual, y lo decimos con la rabia contenida de muchas esperanzas rotas por los distintos planes ejecutados y fracasados en los últimos 30 años. Léase, por favor, los informes Urban Audit de los últimos años; léase el diagnóstico que la propia Administración Andaluza ha hecho para desarrollar la Estrategia Regional Andaluza para la Cohesión e Inclusión Social (ERACIS), léase el diagnóstico realizado por nuestro Ayuntamiento para implementar el Plan Local de Barrios, o el último informe FOESSA sobre la pobreza en Andalucía. Todos ellos contienen información especializada, no es la opinión de los vecinos, siempre insatisfechos y sin razón. La COVID-19 nos ha dado la puntilla.

El Polígono Sur no somos un barrio marginal, somos seis barrios obreros en los que vivimos gente honrada, agobiados por el desempleo, la precariedad y la expulsión de los circuitos reglados de empleo. Somos trabajadores excluidos, por eso somos la zona más pobre de España. Esta zona pobre, en sucesivas ocasiones, ha sido utilizada por nuestro Ayuntamiento como “depósito de pobres”. En julio de 2004, poco después de su visita, el ayuntamiento realojó a las familias chabolistas de Los Bermejales en la barriada Murillo. El deterioro, dolor y sufrimiento generado por esta decisión todavía perdura.

La pobreza genera exclusión. Un sector de la población estamos en situación o proceso de exclusión. La exclusión es una lacra muy estudiada y poco comprendida. Hay pobres que son excluidos y pobres que no son excluidos. También hay excluidos que no son pobres, que han hecho de la exclusión su forma de vida marginal que, para existir y reproducirse, necesita ocupaciones marginales, viviendas destruidas, comunidades de vecinos amordazadas por las amenazas, espacios públicos deteriorados y sin ley, relaciones sociales marcadas por la inseguridad y la impunidad, un mundo paralelo con sus propias reglas y normas que acaban inundándolo todo. Sufrir el desempleo y la precariedad es un drama para cualquier persona, para nosotros es un camino sin salida, porque le suma el estigma de vivir en esta zona de la ciudad.

Se genera una dimica de huida: toda persona que puede se va; y una dimica de llegada, las que no pueden ir a otro lugar vienen aquí, facilitada por la compraventa, sustracción o apropiación ilegal de viviendas, que son propiedad de la Junta de Andalucía y que se encuentran en un proceso permanente de regularización, lo que indica que nunca están regularizadas. Saber quién vive en nuestros barrios y asentar la población es una de nuestras reivindicaciones históricas nunca respondida.

El  Plan  Integral ha tratado de responder a esta situación. Lo constituye un conjunto de medidas, de profesionales y de entidades: ONG, fundaciones, asociaciones, las administraciones y los vecinos. Como Plan Integral  funcionó dos años, fue sustituido por el Plan Urban y ahora por el Plan Local de Barrios, cambios motivados por el dinero que llega de Europa, que tras la correspondiente convocatoria termina repartido entre las distintas entidades y ONG mediante subvenciones para realizar determinados programas. Como no hay una política de evaluar estas actuaciones, no conocemos sus resultados. Suponemos que algunas de estas actuaciones son necesarias (escuelas de verano, programas de alimentos, actividades extraescolares, etc.), pero es evidente que no son suficientes para revertir la situación, porque se llevan aplicando más de treinta años sin resultados.

Nos encontramos así con dos procesos que pugnan entre sí: un proceso de destrucción, generado por la realidad de exclusión y las respuestas que genera en buena parte de la población (colaborar, inhibirse, marcharse, no matricular a los niños en los colegios de nuestros barrios, etc.); y un proceso de regeneración, generado por las actuaciones señaladas en el párrafo anterior. Hasta ahora, el proceso de destrucción ha prevalecido sobre el proceso de regeneración, por eso vamos a peor.

A su Majestad le van a mostrar algunas buenas prácticas del proceso de regeneración. Sobre el proceso de destrucción, le hablarán de los cultivos de marihuana, y le dirán que es el principal problema que nos impide avanzar y causante de los permanentes cortes de luz que padecemos. No es verdad, tenemos la misma instalación que hace cuarenta años, pero el consumo doméstico ha cambiado radicalmente. Como ha ocurrido en Granada, la policía debe hacer su trabajo contra la marihuana. Y Endesa debe hacer el suyo, y no lo hace.

¿Qué puede hacer para revertir esta situación? Proponer que se actúe en la dimensión humana y en la urbana, y que se evalúen esas actuaciones.

EN LA DIMENSIÓN HUMANA, es necesario un cambio radical en las actuaciones. La lucha contra la pobreza y la exclusión solo puede hacerse trabajando con las personas y familias que la padecen. Es un trabajo artesano, cada persona y familia es distinta a las demás, aunque sus problemas sean los mismos, se viven de manera distinta. Necesitan una actuación de diez o quince años por familia, incompatible con programas subvencionados por meses. Requieren el trabajo coordinado y unificado de educación, empleo, salud, vivienda, igualdad…, que hasta ahora no ha sido posible. Demanda el diseño de un Itinerario Formativo Familiar de Inclusión, dialogado con la familia y con la Administración. Precisa de un incentivo económico suficiente que motive para el trabajo a realizar y anticipe los frutos de una vida autónoma basada en el trabajo de todos y cada miembro de la familia. Exige una evaluación permanente, con indicadores objetivos, de las actuaciones realizadas y del dinero gastado, para reformular lo necesario y evitar la rutina y la ineficiencia.

EN LA DIMENSIÓN URBANA, es necesario integrar al Polígono Sur en el conjunto de la ciudad. Las administraciones tienen experiencia de cómo hacerlo: Lo hicieron en Los Perdigones, en Los Bermejales, en La Alameda de Hércules, frente a la Estación de Santa Justa y en La Encarnación, por citar algunos. Falta voluntad política para hacerlo aquí.

Por último, acabar con la inseguridad es una dimensión más de las dos anteriores.

Perdone la extensión del razonamiento, pero nos parece necesaria porque en realidad estamos hablando de personas concretas, con todos sus derechos reconocidos por nuestra Constitución, como el suyo a la Jefatura del Estado, convertidas en víctimas por la vulneración permanente de los mismos. Lo  que corresponde con la gravedad de nuestra situación es que se reúna donde quiera, cuándo y cómo quiera con las entidades que formamos esta plataforma ciudadana. No queremos publicidad, necesitamos justicia.

Le deseamos una estancia útil, real, efectiva y no protocolaria en Sevilla y en nuestro Polígono Sur, y esperamos que nunca se olvide de que Nosotros También Somos Sevilla.

 

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