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Ana Mª Castillo: “Quería que todos tuvieran derecho a su propia voz”

05 junio 2020 | Por

Ana Mª Castillo: “Quería que todos tuvieran derecho a su propia voz”

La primera presentación por internet de Ediciones HOAC resultó muy interesante para las casi 100 personas que siguieron la conversación con Ana María Castillo, autora de la novela Tiempos convulsos.

La conversación en torno a esta obra, que plasma la historia de un grupo amplio de personajes de toda condición y edades, en un pueblo pesquero imaginario del País Vasco, durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, mantuvo pegadas a sus pantallas a decenas de personas de distintos puntos de dentro y fuera de nuestro país.

La publicación de esta novela responde, en palabras del responsable de Formación de la HOAC, Berchmans Garrido, “al ofrecimiento generoso que la autora ha hecho de su texto”, pero también a la reflexión sobre “la necesidad de ampliar la repercusión de nuestra labor editorial, de tender puentes con más lectores y lectoras, siguiendo lo que el papa Francisco llama, la cultura del encuentro, y la oportunidad de retomar la literatura popular, como una forma artística, más personal y honda, de acercamiento a la realidad y la historia de las personas trabajadoras”.

“Los personajes y sus vidas son vehículos para recrear las vicisitudes personales, las emociones que los atraviesan y cómo las relaciones que mantienen les marcan, en qué les afecta, qué les cambia y qué permanece firme”, comentó Berchmans Garrido, de modo que con esta obra, los lectores pueden ejercitar “el placer de la lectura” al tiempo que pueden “atisbar algo parecido a lo que debieron vivir las persona que protagonizaron las circunstancias de esos tiempos convulsos a los que se refiere la novela”.

La propia autora, Ana María Castillo, natural de Berlanga (Badajoz), maestra de Educación Primaria en Mérida, ciudad desde la que intervino, con varias obras de poesía a sus espaldas, reconoció, en tono jocoso, que la novela es “una obra de ficción basada en hechos reales, como se dice en algunas películas” y confesó que ha dedicado unos 10 años a documentarse, especialmente en cuanto al papel de los movimientos de Acción Católica, “de los que no tenía ni idea”, durante la posguerra y la Transición.

Según confesó Castillo, el impulso inicial para escribir la novela partió de su encuentro con emigrantes, su deseo de conocer el origen de la violencia y el deterioro de la convivencia. El encuentro con el sacerdote de la HOAC, Jesús Martín Mendieta, quien “me enamoró”, le acabó por convencer de la oportunidad de recuperar la historia de “tanta gente valiosa” que llevó a cabo, y todavía lo hace “una labor tan admirable”. “En cuanto empecé a conocer y hablar con personas de la HOAC, la JOC y la JEC supe que serían una parte importante de la novela”, confesó.

A la hora de abordar el proyecto, la autora quería ofrecer, “no una única visión, sino la de todos: los emigrantes que tuvieron sus dificultades para integrarse, lo que pensaba el pueblo vasco, en especial de las fuerzas del orden y cómo éstas lo habían pasado…”. “Quería que todos tuvieron derecho a su propia voz”, resumió.

La estructura argumentativa sigue fielmente los acontecimientos más relevantes de 1959 a 1980 y cómo influyen en los personajes, de modo que “sus vidas se entrelazan, en una trama en la que no falta ningún hilo, todos son imprescindibles y están unidos, aunque a veces parece que se pierden”. También ha querido Ana María Castillo cerrar el círculo de la vida, no dejar abierta la trayectoria de los personajes y mostrar su evolución desde la infancia hasta el final.

Aunque en la narración aparecen sindicalistas y empresarios, obispos y párrocos, policías e independentistas, obreros y estudiantes, la autora admitió que el papel de la mujer es clave: “todas las mujeres juegan un papel primordial, aunque sea desde el silencio, el dolor, la alegría, la renuncia, el amor, la amistad… Son ellas las que facilitan el encuentro, la apertura de miras, que los conflictos se resuelvan felizmente y que, a través del arrepentimiento y el perdón, se acorten las distancias”.

En el fondo, la novela es un aldabonazo para recordarnos que, “aunque el olvido es imposible, se pueden cicatrizar las heridas para hacer posible la convivencia”. También es un bello homenaje a quienes lucharon por “encontrar en el amor, la paz y la dignidad la salida al laberinto de aquellos años y a quienes todavía seguimos apostando por el amor, la paz y la dignidad, también en los presentes tiempos convulsos”.

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