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El mejor regalo de Dios

08 abril 2020 | Por

El mejor regalo de Dios

El 8 de abril de 1953, tras tres años escasos de desempeñar la consiliaría general de la HOAC fallecía don Eugenio Merino, su primer consiliario. En esa ocasión, Guillermo Rovirosa dijo que era “el mejor regalo que Dios hizo a la HOAC”. Un sacerdote anciano, que llegó a la HOAC –en sus propias palabras– “con la salud gastada, con pocas fuerzas, de mucha edad, y con una tan quebrantada vista, que lo primero que habéis tenido que hacer conmigo es buscarme lectores y hacerme de lazarillos”.

Y “ese poco que tengo, todo lo que tengo, quiera el Señor que se gaste correspondiendo fielmente a su voluntad”.

Hoy, cuando celebramos el 67º aniversario de su fallecimiento, tenemos que seguir dando gracias a Dios por el inmenso regalo que nos hizo en la persona de don Eugenio, que nos enseñó a confiar que “todo lo puedo en Aquel que me conforta”, a acudir a la oración propia y a “confiarnos a las de tantos hoacistas, hombres y mujeres, que ofrecen generosamente al Señor sus alegrías y sus penas”.

Nos enseñó a no mirar mucho a nuestro interior, ni a apoyarnos en él. Porque “de más alto viene la luz y la robustez, hay un Obrero que te ayudará mucho”; que “comulgar es comunicar, comunicarse dos obreros: uno divino y otro humano”.

Nos recordó insistentemente que somos militantes, “apóstoles de nuestros hermanos”, “otro Cristo, con ayuda de Cristo”. Nos enseñó eso que ahora parece que hemos descubierto como novedad: que hay que ir despacio, que se trata de vivir con la gente, que se trata de “dar mucho, entregarse del todo, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser”.

Nos repitió que no rezáramos demasiado, pero que no dejáramos de orar. Nos ayudó a “agradecer al Padre todos los beneficios del mundo”. Nos enseñó que “los mejores apóstoles de los obreros son los obreros” y a vivir ese apostolado en la familia, en el barrio, en el ambiente… gustando la formación.

Retomando palabras de Rovirosa, don Eugenio nos dejó la “marca” de la HOAC: fundamentarlo todo en el amor. Y así, nos introdujo en las maravillas del Cuerpo Místico y de la Gracia, para mostrarnos la fórmula de la vida cristiana: “veinticuatro horas diarias de vida honrada”.

Gracias, Señor, por este inmenso regalo. Nuestro mejor agradecimiento será seguir viviendo lo que él vivió ¡Hasta mañana en el altar, don Eugenio!

 

 Publicación relacionada 

El cristiano es otro Cristo
Reflexiones de D. Eugenio Merino, primer consiliario nacional de la HOAC, en el Boletín de la HOAC, 1950-1953.

Sus artículos y muchos de sus escritos necesitan, para su comprensión, situarlos en el contexto histórico, cultural y político, religioso y eclesial en el que él vivió. También, leerlos como leía él o le leían los alumnos y militantes de la HOAC, «lazarillos» porque ya no veía.

Una lectura lenta, escuchada, pensada y crítica, rumiada, «antes de ser enhebrada», personalizada. Sin olvidar que para D. Eugenio, la vida del cristiano, las acciones del militante, son expresiones del Verbo encarnado, manifestaciones del Misterio, místicas. «¡Encarnación es todo el universo!». Así se explica cómo se saludaban y despedían los militantes de la HOAC: «24 horas de vida honrada en gracia de Dios y hasta mañana en el altar».

 

 

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