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En recuerdo de Jesús Velasco, antiguo militante de la HOAC y alcalde accidental en los sanfermines del 78

05 julio 2019 | Por

En recuerdo de Jesús Velasco, antiguo militante de la HOAC y alcalde accidental en los sanfermines del 78

JAVIER PAGOLA. Es curioso y llama la atención cómo los nombres de algunos pueblos y valles de nuestra tierra más que con sus rasgos físicos o geográficos, tienen que ver con las comunidades que los han poblado desde antiguo. Es el caso de Aezkoa, cuyo significado parece ser: “aetzen batzarrea, es decir, la comundidad de los aezkoanos”. 

Eso viene al pelo para hablar de Jesús María Velasco Iriarte, un “aetza”, un aezkoano cabal, cuya vida estuvo marcada por un fuerte sentido comunitario y una pretensión autogestionaria.

Jesús vivió su niñez en Garralda, era de casa Cornelio, que aún guarda el recuerdo de aquel alcalde que evitó en la  guerra civil el fusilamiento de republicanos, la misma casa de su madre, que era también una tienda de artículos múltiples. Su padre, nacido en Lerín, llegó a Garralda como maestro y allí fue también practicante,  relojero, músico-organista y director de una banda, y fotógrafo que documentó la vida del pueblo entre 1921 y 1940. Su colección de algo más de 100 imágenes, en placas secas de gelatinobromuro, la donó Jesús Velasco al Archivo de Navarra.

Maestro de primaria, hizo oposiciones y ejerció en Echauri, Cirauqui y varios pueblos más. Casado con Teresa García, conforme vieron que la familia crecía y el sueldo no daba para vivir se vinieron  a Pamplona: Tere cosía y él fue a trabajar, a tres turnos, en Penibérica como ayudante de laboratorio, vigilando procesos de fermentación de antibióticos. Allí formaba parte del grupo “la cuerda” de sindicalistas tempranos, que reivindicaban, protagonizaban los convenios colectivos, y organizaron algunas huelgas.

En aquel tiempo Jesús se unió a la HOAC, un movimiento católico de formación e intervención al servicio de la clase obrera, de praxis socialista autogestionaria. La HOAC formaba a sus militantes en equipos  con una eficaz herramienta de análisis de la realidad: el método en tres tiempos: Ver, Juzgar y Actuar, que conducía a acciones y proyectos de transformación Social.

 La Hermandad Obrera de Acción Católica se había fundado en Navarra en 1946 a la luz del evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia: creó cooperativas de producción, de consumo y de viviendas y llegó a ser una pesadilla para los Gobernadores Civiles del Franquismo, cuando llenaba el Frontón Labrit de trabajadores el día de San José Obrero, antecedente para la recuperación del prohibido 1º de mayo, o cuando un grupo, avispado y comprometido, aprovechó las grietas de la Ley franquista de Régimen Local para entrar en el Ayuntamiento de Pamplona y desafiar al sistema y al poderoso grupo local de Constructores-Promotores.

Una tesis doctoral de Zuriñe Sainz ha estudiado aquellos 12 años de democracia municipalista avanzada, que se vivió en el ayuntamiento de Pamplona desde 1967 a 1979, aquella praxis política entre ayuntamiento y pueblo del grupo de los concejales sociales de Pamplona. Viven todavía entre nosotros, como robles añosos y lúcidos, Javier Erice y  Jacinto Martínez Alegría. Jesús Velasco, como alcalde accidental, cerró aquella trayectoria ejemplar de defensa del interés público y comportamiento austero y honrado, con otros cuatro compañeros, que vivieron la tragedia de los sanfermines de 1978, cuyas responsabilidades se siguen exigiendo por la vía de la justicia internacional.

No es difícil hacer el retrato de un hombre cabal como Jesús Velasco, “tan bueno como el pan de pueblo” como dijo de él Miguel Angel Muez. Sus hijos e hijas le recuerdan cariñoso y familiar, acogedor, respetuoso, generoso, muy activo, afectivo, buen conversador, de carácter firme y siempre coherente. Viven sus recuerdos de niñez llenos de anécdotas,  en un tiempo de escasez y frigorífico sin yogures, porque el presupuesto no alcanzaba, ni para ir al circo, pero el padre les decía que no había que ir al circo, porque “allí se cogían pulgas”. Lo que no impedía la sorpresa, pues, por arte de magía se sacaba del bolsillo entradas para ver al delfín Flipper en las barracas, o para celebrar “la fiesta del Jamón” con un pernil que él guardaba en su escondida alacena y que recorría, procesionalmente y con música, todas las habitaciones de la casa, antes de consumirlo.

Sus compañeras de “La Penicilina” cuentan que Jesús siempre estuvo al lado de los trabajadores, luchó por mejorar las condiciones de trabajo, y jamás fue “pelota” de los directivos.

Félix Ortega, su amigo y profesor de artes plásticas durante más de 30 años, dice que dibujaba muy bien, pintaba, modelaba, grababa, esmaltaba, pero lo que más le iba era lo constructivo. Estaba abierto a toda novedad, y le admiraban los avances de las ciencias aplicadas. Era amante de la filosofía y de la historia del arte, sobre todo desde que hizo una, memorable para él, visita al Museo del Prado. Lamentaba los destrozos humanos que produce la economía neoliberal. Gozaba con la fiesta y saboreaba despacio las copas de Oporto.

Sus convecinos de la Cooperativa GURE BILTZAR de Ermitagaña, que él promovió, no olvidamos su afán por dar vivienda digna, a precio accesible, y llenar de vida y convivencia los espacios comunes. Era el amigo de la reunión festiva y el conversador ideal en nuestras plazas o en la cola de la tienda. Le hemos visto envejecer y llevar con entereza la soledad de su viudez y el rigor de su enfermedad. Había que caminar, sonreír y coloquiar. Solo le escuchamos una queja: “qué putada es ser tan viejo”

Jesús dejó bien escritas sus últimas voluntades, que su familia cumple amorosamente. Falta solo culminarlas este solsticio de verano. Él quería que una parte de sus cenizas vayan a reunirse con los restos de su mujer, Tere, en el cementerio de Garralda, y otra parte se lleve al monte Corona, muga con Oroz Betelu, un día de viento sur que sople suavemente y las disperse hacia su pueblo, mientras suene la gaita, que su hijo Koldo tocará en la cima, herbosa y despejada, y a ratos, también en el recorrido por el precioso camino de hayas, que pasa por Bidausi, un paisaje de prados cerrados por avellanedas y tapiales de piedra donde parece haberse parado el tiempo. 

Yo creo que harán bien Maite, Pepa, Koldo, Valentín, toda la familia Velasco y “apegados” si recuerdan allá arriba, en el monte Corona, o Eratzu, que también se llama así, a su padre y abuelo que pasó por este mundo ligero de equipaje, con estas palabras en euskera, sobre su mínimo ajuar vital, que a él tanto le gustaban, y que escribieron en su esquela: “Abarkak oinetan, Txapela buruan, Bizkar Larrua gorputzean: Hau nire apaindura guztia”. (“Abarcas en los pies, txapela en la cabeza, una prenda de piel en el cuerpo: he ahí todo mi atavío”).

 GOIAN BEGO, JESUS. ZU BETI BIZIKO ZARA GURE GOGOAN. (DESCANSA EN PAZ, JESÚS. SIEMPRE VIVIRÁS EN NUESTRO RECUERDO).

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