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Opinión | Entre el dolor y la ternura

30 julio 2018 | Por

Opinión | Entre el dolor y la ternura

Joaquín Sánchez | Consiliario de la HOAC de Murcia.

De nuevo en Mozambique, es la tercera vez que vamos, y más concretamente a Ilha y Lumbo, en un país, como tantos otros africanos, done la ternura, el dolor, la pobreza, la explotación, la corrupción y la violencia convergen.

Hemos estado colaborando en un comedor, llamado Mamá Teresa Ramos en honor de una gran persona que falleció en este país, que atiende a más de trescientos niños y niñas, que reciben al mediodía una comida en condiciones, y que devoran el plato en menos de tres minutos y es tanto el hambre que padecen que algunos lamen el plato y otros pasan los dedos y se lo chupan.

Cuando se entra en el comedor se escucha un silencio atroz, interrumpido por el sonido de las cucharas cuando tocan el plato, es el sonido del hambre, un hambre despiadado, inmisericorde y que tiene causas sociales, económicas y políticas. Es llamativo ver cómos los hermanos mayores les pasan comida a sus hermanos menores, incluso, algunos cogen el plátano, cuando hay postre, lo parten por la mitad, se lo guardan y cuando salen se lo dan a sus hermanos mayores, porque este recurso tiene tristemente límites.

La miseria y la violencia han aumentado, en un país que tiene recursos, pero, las multinacionales chinas, de la India y, en menor medida, sudafricanas devoran este país con la complicidad de un gobierno comprado por el endeudamiento.

La gente sobrevive de la pesca y de la agricultura, productos que venden y truecan en los mercados de las poblaciones y en la venta en la carretera. Cuando pasas con el coche y no paras, ponen un rostro de tristeza y desesperación, te sientes mal, pero ¿qué haces? No puedes parar en todos los sitios porque son cientos.

La gente en las zonas rurales vive en lo que se llaman “payotas”, que son casas construidas con cañas y adobe, que cuando vienen las lluvias torrenciales, no aguantan. En las ciudades se aglutinan miles y miles de personas que llegaron buscando trabajo y no han encontrado. Los pocos que encuentran trabajo son explotados por los que ellos llaman los “chineses” (multinacionales chinas) y los “indianos” (multinacionales de la India). Es un país con un horizonte de agrandamiento de la pobreza. En las ciudades, la delincuencia ha aumentado de tal manera que se ha dado el caso de quemar vivos a algún delincuente, cuando ha sido capturado por la población

Es un país gobernado por el FRELIMO (Frente de Liberación Mozambiqueño), que lleva en el poder más de treinta años, en conflicto abierto y violento con la oposición de la RENAMO (Resistencia Nacional Mozambiqueña). Las últimas elecciones el FRELIMO negó la posibilidad de gobernar algunas ciudades importantes a la RENMO, a pesar que todo indicaba que habían ganado las elecciones en esas localidades, lo cual produjo un conflicto de gran envergadura llegando a una guerra civil no declarada y del que los medios occidentales no informaron.

 

En la actualidad han llegado a un pacto hasta las próximas elecciones. En el presente, ha surgido en la zona de Tenba grupos vinculados al Estado Islámico, que ha coincidido con la aparición de minas de diamantes y gemas. La población está huyendo porque han aparecido muchos cadáveres decapitados. Lo dice el Papa Francisco, no son guerras religiosas, son guerras por las riquezas, de hecho, la relación entre musulmanes, la zona donde estábamos nosotros es de mayoría musulmana, católicos y protestantes es muy buena.

Nos quedamos con la ternura, el respeto de una población cercana, acogedora, amable, que te sonríe y te saluda y te ofrece su confianza. El futuro de este país pasa porque se respete su soberanía, entre ella, la soberanía alimentaria, su forma de ver la vida, integrada con la naturaleza, y sus recursos naturales. Los países que no tienen ningún tipo de ambición ni poder, donde su gente solo quiere vivir y vivir de su entorno natural, son dominados, a través de la economía y el endeudamiento, por los países con ansías de poder y conquista, que quieren robar los recursos de otros países. Creo que la ONU debería garantizar estos procesos de soberanía.

Se nos rompe el corazón cuando vuelves y esos niños y niñas se quedan allí; esos niños y niñas que juegan contigo, van descalzos, te tocan la barba como descubrimiento, y sobre todo, te quieren y tú los quieres y te preguntas ¿qué será de ellos? Y me da miedo responder.

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