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Revitalizar el «espíritu humanista» de Europa

19 enero 2015 | Por

Revitalizar el «espíritu humanista» de Europa

Francisco Porcar  | En su intervención en el Parlamento Europeo el pasado 25 de noviembre, el Papa Francisco pidió una nueva orientación en la construcción de Europa, unas nuevas políticas centradas en el «espíritu humanista» de Europa, en el reconocimiento efectivo de la dignidad trascendente del ser humano, porque «se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica». «Ha llegado la hora, dijo Francisco, de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables».

Revitalizar el «espíritu humanista» supone, en primer lugar, reconocer que la persona está dotada de una dignidad trascendente. Dignidad que reclama la promoción de los derechos humanos en el centro de la acción política, porque por esa dignidad la persona posee «derechos inalienables, de los cuales no puede ser privada arbitrariamente por nadie y, menos aún, en beneficio de intereses económicos». Dignidad trascendente que significa reconocer la innata capacidad del ser humano de distinguir el bien del mal y que mira al ser humano no como un individuo aislado, autosuficiente, sino como un ser relacional, lo que pide articular mucho mejor derechos y responsabilidad, lo personal y el bien común.

Reconocer la dignidad trascendente del ser humano es una llamada a preocuparse, en primer lugar, de la fragilidad, «de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la “cultura del descarte”. Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad».

Revitalizar el «espíritu humanista» significa no solo reconocer la centralidad de la persona humana, sino favorecerla, hacerla realidad práctica en la construcción social. En este sentido el Papa subrayó tres desafíos de las políticas sobre familia y educación, trabajo digno y migraciones. Sobre la familia y las instituciones educativas, destacó que «la educación no puede limitarse a ofrecer un conjunto de conocimientos técnicos, sino que debe favorecer un proceso más complejo de crecimiento de la persona humana en su totalidad». Sobre el trabajo: «Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo. Esto implica, por un lado, buscar nuevos modos para compaginar la flexibilidad del mercado con la necesaria estabilidad y seguridad de las perspectivas laborales, indispensables para el desarrollo humano de los trabajadores; por otro lado, significa favorecer un adecuado contexto social, que no apunte a la explotación de las personas, sino a garantizar, a través del trabajo, la posibilidad de construir una familia y educar a los hijos». Y sobre las políticas migratorias: «No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda. La ausencia de un apoyo recíproco dentro de la Unión Europea corre el riesgo de incentivar soluciones particularistas del problema, que no tienen en cuenta la dignidad humana de los inmigrantes, favoreciendo el trabajo esclavo y continuas tensiones sociales. Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida de los inmigrantes; si es capaz de adoptar políticas correctas, valientes y concretas, que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y en la superación de sus conflictos internos…, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alientan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos.

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