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Iniciativa municipal en Betxí (Castellón). Huertos para la gente

02 julio 2014 | Por

Iniciativa municipal en Betxí (Castellón). Huertos para la gente

Marisa Saavedra | Hasta 45 parcelas de 30 metros cuadrados ha puesto el ayuntamiento de Betxí a disposición de los vecinos con el fin de fomentar el autoabastecimiento y frenar el monocultivo de cítricos. Es una iniciativa impulsada por el consistorio que aspira, no solo a sensibilizar a la población sobre los retos de la agricultura ecológica y sostenible, sino también a generar nuevos modelos de negocio responsables con el entorno.

Betxí es una población del interior de Castellón con cerca de 6.000 habitantes. Tras las elecciones municipales de 2011, llegó un nuevo equipo de gobierno en manos del Bloc Nacionalista Valencià, ahora en Compromís, y apoyado por Esquerra Unida. La Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento recayó en Javier Delgado, de EU, quien en su programa electoral había recogido la propuesta de crear huertos urbanos socialesy ecológicos.

La idea pasaba por crear crear una zona de huerta cercana al centro del pueblo, aprovechando terrenos abandonados o huertos baldíos. «Huertos de autoabastecimiento para adjudicar a personas paradas, jubiladas o en otras situaciones. Lo considerábamos una propuesta adecuada a los tiempos de crisis que vivimos, pero también una apuesta de futuro. Una propuesta renovadora, que abría la vía a una cultura de mayor austeridad, de responsabilidad con el presente y capaz de mirar a las próximas generaciones. Pretendíamos también luchar contra el monocultivo de cítricos que pone a nuestros municipios en manos de empresas ajenas que solo buscan el beneficio inmediato y que están arruinando la agricultura», comenta el concejal Delgado.

El proyecto recibió el nombre de «Huertos para la gente» y como dice Delgado, ha pasado por «un filtro de realidad que nos ha hecho ver que algunas de las cuestiones que planteábamos eran difíciles de cumplir, al menos del modo que nos hubiera gustado». Empezando por la búsqueda de terrenos disponibles a tal fin. «A partir del otoño del 2011, como el consistorio no contaba con terrenos apropiados, comenzamos la búsqueda de alguna parcela privada que fuera adecuada, y no fue fácil. A principios del 2012 conseguimos el terreno que actualmente ocupamos y comenzaron las tareas de adecuación. Intentamos reducir al máximo el presupuesto (el gasto total ha sido de unos 5.000 euros) y contamos con la colaboración de diversas entidades para preparar las parcelas y poner en marcha el riego por goteo. En abril de 2012 se pusieron en marcha las primeras 31 parcelas, de 30 m². Un año después, 14 nuevas parcelas, hasta un total de 45», relata Delgado.

Para lograr la cesión de terrenos, el Ayuntamiento optó por rebajar el IBI en un 50% a todo aquel que pusiera sus parcelas a disposición del proyecto, al menos durante un año. Pasado ese tiempo los propietarios pueden solicitar volver a hacerse con el uso de sus terrenos, siempre que avisen con tres meses de antelación. Aunque la propuesta estaba abierta a la participación de todos los vecinos, fue especialmente diseñada para «personas y familias que pasan por una situación económica difícil», aunque la aspiración original era reunir a personas de diversas edades y cicunstancias para que la iniciativa fuera lo más abierta y beneficiosa posible.

Los receptores de las tierras se comprometían a cultivar el terreno cedido, cuidarlo y realizar las reparaciones ordinarias sin derecho a exigir indemnización alguna, también a participar en las sesiones formativas sobre agricultura ecológica de la Concejalía de Medio Ambiente. En los dos primeros años se han realizado tres cursos de agricultura ecológica.

Los frutos procedentes del cultivo de la finca solo pueden usarse para el autoconsumo y si hubiera excedentes, para a la donación (preferentemente a quien determina los servicios sociales municipales). Los usuarios se comprometían, por último, a cultivar su parcela con criterios de agricultura ecológica y a abonar una pequeña cuota anual (25 euros más IVA) al Ayuntamiento para hacer frente al consumo de agua y a posibles reparaciones o inversiones.

Con esta fórmula, la Concejalía esperaba paliar en algo la falta de recuros de familias en dificultades, fomentar la socialización y la buena convivencia, además de recuperar la agricultura tradicional mientras se «aprende haciendo». Al tiempo, aspiraba concienciar a la ciudadanía de las consecuencias de sus hábitos y prácticas que mejorara su relación con el medio.

Aunque en un principio se pensó que podía servir como trampolín para emprendedores capaces de asumir el reto del desarrollo local sostenible a través de la producción ecológica, por el momento, se ha quedado en buenas intenciones y habrá que esperar a que se den las condiciones necesarias para ello. Una consecuencia imprevista pero más que reconfortante ha sido ver cómo la gente de la localidad ha empezado a cultivar sus propios huertos particulares con criterios ecológicos y demanda, cada vez, más formación en estos asuntos.

Curiosamente lo que sí se ha conseguido ha sido mejorar la salud y la autoestima de los participantes al mejorar la dieta con frutas y verduras combinada con la actividad física, y también la satisfacción de realizar tareas gratificantes. Así dice el concejal que «la experiencia, en este sentido, ha sido muy provechosa». No obstante, admite, Delgado, «como en todo proyecto, ha habido también dificultades» y detalla alguna: «la falta de implicación en el proyecto por parte de algunas personas, especialmente entre las que se incorporaban más tarde»; y la escasa colaboración en las tareas generales, en los espacios comunes, como pueden ser la limpieza de caminos, la elaboración del compostaje. Es un proceso que requiere también su aprendizaje, más cuando se trata del trabajo en equipo.

La iniciativa se ha abierto a la colaboración con otras entidades. En enero de este año comenzó el programa «Semillero de emociones» de educación emocional en la escuela, con la colaboración de la Fundación Novessendes, la Concejalía de Medio Ambiente y el CEIP Cervantes Dualde. Así los niños y niñas del primer ciclo de primaria, a través de la naturaleza y la agricultura, puede aprender a reconocer, expresar y gestionar las emociones. Para ello han contado con la participación de cuatro agricultores de los huertos urbanos ecológicos y el técnico agrícola que ha formado y asesorado en el proyecto de huertos urbanos. «A pesar de las dificultades, la valoración general es muy positiva, y con expectativas muy interesantes. En estos momentos el reto pasa por dar nuevos pasos y dotarnos de los instrumentos y las iniciativas necesarias para consolidar una idea que consideramos hermosa», concluye Delgado.

Publicado en Noticias Obreras nº .1561 del mes de julio de 2014.

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