Empresas alternativas y transformadoras

La dignidad de las personas y el cuidado de la creación nos exigen cambiar el funcionamiento actual de las empresas, pilares fundamentales de la actual economía. Incluso hay quien afirma que su cambio de rumbo es la única vía para garantizar el futuro de la humanidad.

Parece una tarea imposible, sin embargo, no son pocos los esfuerzos desplegados para pasar de la economía del descarte a la economía sostenible, inclusiva y solidaria. De hecho, podría decirse que las alternativas, algunas de algún modo herederas del viejo anhelo obrero de democratizar la producción, ya están en marcha.

Más de 300 personas de 46 países diferentes donde existen movimientos a favor de las llamadas economías transformadoras han iniciado el camino hacia un encuentro mundial que tendrá lugar en Barcelona en 2020.

Son modelos empresariales alternativos de naturaleza asociativa y gestión cooperativa, evaluados, más que por su viabilidad económica, por su impacto social y ambiental. Utilizan indicadores de auditoría o balance social que, más allá de la sostenibilidad económica, evalúan su repercusión social, su huella ambiental, el trato equitativo a sus trabajadores y su responsabilidad con la comunidad en la que se insertan.

Operan en la práctica totalidad de los sectores económicos, si bien destacan en las finanzas éticas, la agroecología (grupos de consumo o supermercados cooperativos), los cuidados y el apoyo mutuo, las viviendas colaborativas, las energías renovables, la gestión de bienes naturales o la cultura libre.

Las economías transformadoras precisan de la complicidad ciudadana, ya sea mediante el ejercicio de un consumo transformador o personas trabajadoras, socias o voluntarias. Las organizaciones sociales pueden jugar un papel muy importante si adoptan estas prácticas colectivamente, cooperan con las iniciativas económica, contribuyen a la sensibilización ciudadana y difusión de estas propuestas y suman sus bases asociativas.

El reto, desde luego, no es sencillo. El capitalismo se ha incrustado de tal modo en nuestra vida cotidiana que hay que empezar por una deconstrucción del propio proyecto de vida personal y colectivo. Hay que invertir la escala de valores marcada por el individualismo, la competitividad y el ánimo de lucro por valores como el bien común, la colaboración y la búsqueda de un bienestar sostenible social y medioambiental. Solo así se podrán generalizar estilos de vida conscientes, críticos y transformadores, sostenidos comunitariamente, que coloquen los cuidados a las personas y el medio ambiente en medio de todas nuestras acciones sociales, económicas, políticas o culturales, capaces de contagiar, de atraer, de entusiasmar.

Estos valores tienen el potencial de llegar a un sector de la economía privada, de pequeñas y medianas empresas que, sin considerarse modelos de economía social y solidaria, pueden orientar sus prácticas hacia formas más responsables de actuación económica y social.

Las Administraciones Públicas deben apoyar este impulso asumiendo su papel en la regulación y control político del mercado. La economía pública tiene que adoptar prácticas alternativas como la compra pública responsable, los presupuestos participativos, la cogestión o la transición energética.

Las economías alternativas aspiran a transformar el modelo económico aportando valores y prácticas que vayan dibujando un modelo poscapitalista. Para ello, deben desarrollarse masivamente prácticas basadas en la autogestión, los circuitos de financiación éticos y alternativos, la construcción de un mercado social con valores equitativos, ecológicos, feministas y democráticos y, en última instancia, en el desarrollo de una nueva cultura social.

En salida

El papa Bergoglio ha convocado un encuentro del 26 al 28 de marzo de 2020 en Asís, bajo el lema «Economía de Francisco», en referencia a santo del que tomó el nombre como pontífice, con la mirada puesta en un «pacto para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana» y en fomentar una «nueva economía que sea fruto de una cultura de comunión, basado en la fraternidad y la equidad». «Es necesario corregir los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, la acogida de la vida, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores, los derechos de las generaciones futuras», reza la convocatoria.

Reflexiona

Para ganar en coherencia y colaborar en la transformación del actual estado de cosas, es necesario comprometer nuestro tiempo, energías y dinero en aquellas alternativas que muestran que otra economía, inspirada en la lógica del don y la comunión, es posible. ¿Qué criterios utilizamos a la hora de elegir un producto o confiar en una empresa? ¿Qué proyecto económico o cultural alternativo podemos apoyar? ¿Con quien podemos colaborar para difundir la Economía Social?

Recursos

Webs

Portal de la economía solidaria
Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS)

Publicaciones
Cuaderno Economía de las Bienaventuranzas
Cuaderno La cultura del encuentro
Libro Propiedad de la empresa y bien común
Cuaderno Tú puedes hacerlo posible

Cartas del Papa

Evento «Economía de Francisco»

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