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“El libro-catecismo que necesitan leer los obispos, los curas, los laicos y laicas”

09 abril 2021 | Por

“El libro-catecismo que necesitan leer los obispos, los curas, los laicos y laicas”

Antonio Aradillas | Sacerdote y escritor extremeño

Con ya luengas y jugosas añoranzas estudiantiles, me permitirá el padre Jesús Espeja Pardo, nacido en Espinosa de Cervera, provincia de Burgos, dominico y catedrático emérito de Teología en la Pontificia Facultad de la Universidad de san Esteban de  Salamanca, este leve introito, a propósito de la publicación de su nuevo libro Jesús de Nazaret. La mística de una sociedad fraterna.

Residente yo en el Colegio Mayor de san Carlos –“La Clerecía”, Universidad Pontificia, frente a la “Casa de las Conchas–, entre sus más eminentes catedráticos descollaban los “Maestros” del Convento de san Esteban, desde el que diariamente, y en más de una ocasión a veces, con salida por la Plaza del Concilio de Trento, atravesando la calle de San Pablo y por la de Palomino, nos adoctrinaban en sus venerables aulas de la reestrenada Universidad Pontificia. Un emocionante recuerdo para estos “grandes maestros del saber”, por mi parte especialmente para el padre Alberto Colunga, biblista, y para Vicente Beltrán de Heredia, “historiador universal”, con cuyas disciplinas andaba yo entonces muy atareado.

El mismo recorrido hacíamos también los discípulos, y no solo por razones docentes universitarias sino deportivas, dado que sus alumnos dominicos disponían de una especie de campo de fútbol –por supuesto, de tierra– en el que entrenábamos. Conste que nuestro equipo-uniforme era necesariamente la sotana –blanco su hábito y negro el nuestro– y se comentaba que, con la gran ventaja de que así “no se faltaba a la modestia” y se dominaba mejor el balón, la pelota o lo que fuera. Precisamente por aquellos tiempos, el inmenso actor Fernando Fernán Gómez convivió unos días con nosotros en el Colegio “balarraseando” su película “Balarrasa”, para la que se tomaron planos diversos, con intervención por nuestra parte,  y también –¡cómo no!–  sin ahorrarnos uno de estos partidos de fútbol, a orillas del Tormes, con la ciudad salmantina al fondo.

Otro recuerdo, posterior, de mi coincidencia con Jesús Espeja, fue el del apostolado conjunto en la Acción Católica –él con la HOAC y yo con las Mujeres, como consiliario nacional, cuya presidenta era Pilar Bellosillo–, antes de ser arrasada  la organización por la jerarquía eclesiástica, en concomitancia, y al dictado, del nacional-catolicismo imperante. Don Tomás Malagón, consiliario nacional, fue prologuista  de mi libro Impacto-meditaciones para militantes (558 páginas) y el nombre de este “santo” manchego, junto con el de Guillermo Rovirosa , le confieren la identidad  a la Fundación Ediciones HOAC, que publica el libro de esta referencia, “disponible en papel y en digital”, con sus 124 páginas .

¡Por favor!, no dejen de leerlo. Por el tema, su ritmo, su verdad, su cercanía, su actualidad, sencillez, pedagogía y hasta atrevimiento, merece ser leído y releído. Es algo así como un catecismo. Pero bastante más inteligible, serio, sensato, santo y evangélico. Un libro-catecismo que necesitan leer los obispos, los curas, los laicos y laicas.

Y es que, “cuando urge una organización de la economía que esté al servicio de una vida digna para todas las personas, Jesús de Nazaret es una referencia decisiva. El Evangelio, plasmado en su conducta, proclama el profundo estupor ante la dignidad de la persona humana: en la promoción de una vida digna para todos se manifiesta su gloria, la verdad de Dios, que es lo que quiere decir el subtítulo de este libro: La mística de la sociedad fraterna”.

“El libro de Jesús Espeja hace una síntesis sencilla y clara sobre Jesucristo como Evangelio. Es fruto de una larga carrera como profesor y de su intensa actividad evangelizadora en la Vicaría de Vallecas con el obispo Alberto Iniesta, y como director del Centro Fray Bartolomé de Las Casas en La Habana, así como profesor de la Facultad de Teología  del Episcopado Latinoamericano de Bogotá”.

Y es que, hay que seguir todavía jugando al fútbol, pero ya sin hábito, y “balarraseando” hasta que el cuerpo aguante y más. Tu mente, claridad de ideas, compromiso y docencia dan la feliz impresión de estar en disposición de marcar todavía muchos goles a la impericia, a la improvisación y a la pastoral académica “de toda la vida”.

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Publicado en Religión Digital.

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