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Opinión | Pregón de la Navidad en esta situación social

26 diciembre 2020 | Por

Opinión | Pregón de la Navidad en esta situación social

María José Rodríguez Moreno, presidenta de la HOAC de Granada

En esta situación tan condicionada por la pandemia que vivimos y en la que resulta difícil seguir acomodados a la normalidad con la que veníamos celebrando la Navidad, podemos experimentar con más fuerza todo aquello que le da sentido. Podemos sentir la profundidad del mensaje que el consumo envolvió entre luces y ruidos y que casi acabó por acallar.

Voy a intentar recoger en esta reflexión lo que en el interior de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) hemos pensado para estos días tan queridos entre los que tenemos fe y entre las personas de buena voluntad.

De la mano del profeta Isaías, tenemos la oportunidad de celebrar con mayor hondura existencial la Buena Noticia del Dios que nace y se hace Niño, “Un Niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, para sostener y consolidar el Reino con la justicia y el derecho desde ahora y por siempre” (Isaías 9, 2-7).

¡Qué sorprendente la manera de ser de Dios! Dios se hace niño, se hace carne, se hace historia. Se hace debilidad, llora con nosotros, para reír también con nuestros gozos y para que descubramos en Él nuestra esperanza, consuelo y alegría.

Dios se hace Niño para seguir tendiendo puentes de fraternidad, para derribar los muros del individualismo insolidario y para sembrar la reconciliación que nos permita reconocer en cada persona su rostro, posibilitando un futuro de encuentro y humanización.

En los silencios de estos días, podemos escuchar, con mayor nitidez, la voz y el canto de los sencillos al reconocer al Niño y al vislumbrar en Él nuestra esperanza; podemos disponernos mejor a cuidar la fragilidad de manera tierna y fecunda. Podemos hacernos cargo de la situación de nuestros hermanos para ser capaces de trabajar con ellos en restaurar nuestra común dignidad.

Nuestra historia es una historia habitada por Dios. Igualmente lo es nuestra casa y familia, barrio, trabajo, iglesia, asociaciones e instituciones, precariedad, holgura o desempleo. Solo hay que afinar los sentidos para percibir esa presencia.

En la Navidad 2020 podemos vivir la explosión de la ternura que, en palabras del papa Francisco, es el amor que se hace cercano y concreto, porque nace del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos. Los pequeños, los débiles, los pobres deben enternecernos: tienen derecho de llenarnos el alma y el corazón.

En esta Navidad podemos reconocer la ternura entrañable de Dios en la pequeñez del niño que nace en nuestras casas, entre nuestros vecinos, en lugares de trabajo, en barrios y pueblos, en los hospitales y centros de salud de esa sanidad pública (tan desmantelada), en las residencias de mayores (tan necesitadas de ternura y cuidado), entre los trabajadores y trabajadoras en precario (que han sufrido y van a sufrir con mayor dureza las consecuencias económicas y sociales de esta pandemia y de un sistema socioeconómico injusto), en los parados… Los pequeños autónomos que han tenido que cerrar sus negocios, los migrantes, las personas sin hogar o amenazadas de desahucios, las muchas mujeres que viven doblemente la pobreza de ser mujeres, los ancianos que nuestra sociedad descarta, los jóvenes a los que se les cierra el futuro y se les empuja a vivir en un presente sin horizonte también deben ser reconocidos en el Nacimiento de Jesús de Nazaret.

En la era de la globalización, esta fiesta nos impulsa a descubrir y vivir la globalización del amor, de la fraternidad, de la amistad social, del bien común y de una humanidad sin fronteras. Esta fiesta es la que da sentido a toda la lucha por eliminar barreras, fronteras, diferencias, discriminaciones, y la que sustenta, en definitiva, nuestra lucha por la igual y sagrada dignidad de toda persona.

Como los Magos de Oriente dejémonos guiar por la estrella, por los signos que nos llevan a Dios: Atendiendo a lo sencillo, colaborando para transformar aquello que no se ajusta al Plan de Dios y siendo sembradores de esperanza. Esperanza que se hace solidaridad cotidiana, fraterna cercanía, mirada acogedora, camino en compañía, pasión compartida, escucha misericordiosa, apuesta por la vida, siembra de utopía, entrañable y contagiada ternura en la caricia humana del Dios hecho niño.

¡Feliz Navidad!

***

Publicado en el periódico Ideal de Granada.

 

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