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Opinión | Dios nos provoca en la actual situación de muerte en la humanidad

17 abril 2020 | Por

Opinión | Dios nos provoca en la actual situación de muerte en la humanidad

Isaac Núñez | Consiliario de la HOAC, misionero en Bolivia.

Se me ocurre pensar que la actual pandemia del coronavirus es un autentico signo de los tiempos, a través del cual Dios nos interpela, nos hace una llamada muy fuerte a replantearnos todo el actual sistema de vida. Una llamada no circunscrita a la Iglesia, sino dirigida a toda la humanidad, y que todos pueden captar.

Porque toda la humanidad ha caído en la deshumanización existencial y social y en la destruccion de la naturaleza. Se viene produciendo –como tanto dice el papa Francisco– la expoliación y la contaminación de la naturaleza junto con la opresión y explotación de las personas por el afán de riqueza, por el trabajo –o ausencia del mismo– y por el consumismo adictivo.

Entonces, tanto la Pachamama como la humanidad en su inmensa mayoría, está gritando, consciente o inconscientemente, en una oración anónima pero real, porque brota como un deseo apremiante, un grito hondo del corazón… clamando a Dios por una acción liberadora o alternativa a este sistema cultural, sociopolítico, económico (también religioso) depredador de la naturaleza y de toda la vida humana. El actual proceso de vida personal, social, ecológica y religiosa no es viable, no tiene futuro.

Dios habla y actúa en y a través de los acontecimientos humanos, personal y socialmente. El cristiano y la Iglesia hemos de leer y discernir el mensaje y la llamada de Dios en la marcha de la historia –como sucedió con la esclavitud y la liberación de Egipto, así como la lectura de la realidad social, política, económica y religiosa que hacían los profetas, el mismo Jesús en confrontación con los poderes fácticos de su tiempo y la propia Iglesia, cuando analiza desde el Evangelio y la Doctrina Social, los problemas y las graves cuestiones que atraviesan los países y la humanidad–.

¿Qué nos está diciendo hoy el Señor en esta gravísima situación que estamos viviendo a nivel mundial? Atravesamos una situación que sabe a “castigo del diluvio”, pero que es el auto-castigo de la propia humanidad, enrolada en un ámbito generalizado de pecado, de maldad humana, de inhumanidad –lo que es el pecado–. Sí. ¡Cómo está “castigando” a todos los países del mundo, a todas las personas –de una u otra forma–! ¡Cómo está ahogando vidas! ¡Cómo está asolando la economía productiva, salarial, de consumo! Un gran castigo infligido por la humanidad misma en su conjunto, como fruto del sistema de vida que estamos manteniendo en toda su globalidad. (Por supuesto, Dios no castiga bajo ningún concepto, somos nosotros quienes recogemos lo que sembramos, ya aquí en este tiempo).

Y Dios quiere servirse pedagógicamente de esta situación para pulsar las mentes y los corazones de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres  de la tierra, para provocar una reflexión no elusiva, un cambio de mentalidad y de vida, una verdadera conversión –como la de Nínive, “la gran ciudad”– de toda la humanidad. Y a fe que lo está consiguiendo el Señor. Salvo unos cuantos altos lideres de la humanidad, que parecen nadar en la inconsciencia o en la paranoia  de una omnipotencia política y mediática, hoy más que nunca están proliferando escritos e iniciativas con reflexiones y propuestas que  abogan por una economía humana –superadora del siempre redivivo sistema capitalista, el supremo virus toxico de la humanidad–, la redistribución de la riqueza, la dotación publica de servicios adecuados de Salud, Educación, Servicios Sociales…, junto a un plan al fin global y efectivo que preserve la vida de la naturaleza y que supere los efectos desoladores del cambio climático.

En esta misma línea viene expresándose constantemente el papa Francisco, llamando a este cambio, escribiendo, por ejemplo, hace unos días un bello mensaje a los trabajadores y movimientos populares del mundo y planteando –por primera vez por su parte– la dotación de un ingreso mínimo vital, especialmente para quienes realmente lo necesiten para cubrir sus necesidades más básicas.

Escuchemos, pues, en esta situación de pandemia, la voz del Señor y su llamada a movilizarnos para un cambio personal de vida y un compromiso activo en la sociedad. Él nos habla y nos envía a anunciar hoy el Evangelio del Reino de Dios, que reclama la liberación de toda opresión sobre la humanidad y sobre la naturaleza.

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