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Abraham Canales: «El trabajo es clave para entender el pontificado de Francisco»

30 mayo 2019 | Por

Abraham Canales: «El trabajo es clave para entender el pontificado de Francisco»

José Luis Palacios | Dado el seguimiento continuo y la presencia en citas claves que la actividad diaria le ha proporcionado, el director de esta revista recibió el encargo de elaborar un libro sobre el magisterio y la acción pastoral de Francisco en torno al trabajo titulado No os dejéis robar la dignidad. Le entrevistamos como un autor más de Ediciones HOAC.

Ha vuelto a leer sistemáticamente y en profundidad los más importantes mensajes de Francisco sobre el mundo del trabajo, cuya actividad, como director de esta revista, sigue día a día. ¿Siguen teniendo la misma fuerza y clarividencia que cuando se acercó a ellos por primera vez?

El reto era ofrecer un referente sobre el pontificado de Francisco y la importancia que otorga al trabajo para todas aquellas personas interesadas en la promoción del trabajo decente, sean o no cristianas. De hecho, se ha convertido ya en una obra de consulta constante para mí.

Su pensamiento resiste, es actual y mira al futuro, por cuatro motivos que me atrevería a señalar: primero, las malas condiciones de trabajo y la falta de este son una preocupación humana, como dice Francisco, y por tanto, una preocupación de la Iglesia, que no puede quedarse al margen de la lucha por la justicia social; segundo, el sistema económico que expulsa del trabajo decente a millones de personas en el mundo, y el paradigma tecnocrático son un desafío de primera magnitud, sino, el principal, para el conjunto de la humanidad y, por tanto, para la Iglesia; tercero, el Papa, en continuidad con el magisterio de la Iglesia, señala que el trabajo es parte del plan de amor de Dios para el cultivo y cuidado de la creación y es, fundamental para la dignidad de la persona; y cuarto, en Evangelii gaudium y en Laudato si’, dos de los principales textos del pontificado, aparecen estas cuestiones como una constante.

¿Qué ha encontrado al tener que abordar los mensajes con la serenidad que no siempre permite la actualidad?

Veo una insistencia mayor para situar el trabajo como la clave principal de toda la cuestión social, hasta marcar su pontificado. Así lo reflejan sus textos. Además, su actitud de escucha y de diálogo, como forma de gobierno de la Iglesia, le ha llevado a entablar una relación importante con los movimientos populares, que son trabajadores excluidos, con las organizaciones sindicales o en las principales instituciones relacionadas con el ámbito laboral, lo que muestra que este no es un tema menor o una formalidad, sino un compromiso claro y sostenido en este tiempo.

Tierra, techo y trabajo, sobre todo trabajo, es el criterio de justicia y la garantía para la inclusión de los trabajadores pobres, y así lo asume. Francisco plantea la necesidad de preservar el trabajo y su acceso por parte de todos para tener una vida digna. Trabajo, tiempo y tecnología es el segundo juego de tres «T» que sintetiza Francisco como parte de las respuestas.

La persona y el trabajo son inseparables, está en juego la dignidad, por lo que se necesitan cambios en el funcionamiento de la economía que han de llevarse a cabo desde el diálogo y el protagonismo de todos los agentes implicados pero, sobre todo, de los trabajadores y las trabajadoras. En su mensaje en la conferencia internacional con los sindicatos, celebrada en 2017, hay suficientes referencias a la importancia que el Papa les otorga. Me quedo con las insistencias sobre el sentido profético y la necesidad de unidad y justicia junto a los trabajadores más precarios y excluidos.

El teólogo Elio Gasda dice que «no se puede construir el Reino de Dios al margen del trabajo humano». Quizás desde esta visión se pueda comprender mejor la importancia del trabajo decente y la necesidad de cambiar todo lo que imposibilita una vida buena.

¿Cómo es la mirada de Bergoglio hacia el trabajo?

Es una mirada teológica, está en el centro de su tarea pastoral. No se puede entender el pontificado de Francisco sin la clave del trabajo decente. Por eso, ha puesto mucho empeño en abrir diálogos con los sindicatos, con los movimientos populares… En las visitas pastorales a las diócesis y en sus visitas a las instituciones políticas, económicas y laborales ha insistido en abordar la situación del trabajo, el desempleo, la pobreza laboral, el descarte de personas… La solidaridad humana y la práctica del diálogo social son algunos rasgos que profundizan esta mirada.

¿Cómo es la relación de Papa con las organizaciones del mundo del trabajo?

Con los movimientos populares tiene una relación privilegiada de proximidad. Prueba de ello son sus tres encuentros en continuo y fructífero diálogo. No hay constancia de tal insistencia con ningún otro colectivo. Su relación con ellos viene de su etapa de arzobispo de Buenos Aires.

A los sindicatos les otorga una gran relevancia. En cierta lógica, se convierten en aliados en la defensa del trabajo decente. Francisco camina junto a los sindicatos y los movimientos populares, practicando la cultura del encuentro. La Iglesia que impulsa es cercana al pueblo trabajador, le acompaña en su lucha y une su voz para reclamar tierra, techo y, sobre todo, trabajo.

¿Cuáles son las insistencias de Francisco cuando dialoga con los sindicatos, con los movimientos populares y con los empresarios?

A los sindicatos les pide que sean una voz importante en este mundo tan cambiante; que tomen la iniciativa en el marco de la Cuarta Revolución Industrial; que sean promotores de la cultura del encuentro y del cuidado; que favorezcan el diálogo a todos los niveles; que incorporen a los trabajadores más precarios y excluidos; que sean fieles a su misión de defender los intereses de toda la familia trabajadoras; que eduquen una conciencia en solidaridad, respeto y cuidados, generando nuevos hábitos y reclamando políticas públicas.

A los movimientos populares, que sigan superando las grandes situaciones de injusticia luchando por tierra, techo y trabajo; que sigan siendo sembradores de cambio generando procesos. Les propone algunas tareas, entre las que destaca: el desarrollo de una economía comunitaria, de inspiración cristiana, una economía popular y solidaria que logre crear trabajo; que sigan abriendo caminos y luchas; que sigan sanando el sistema atrofiado que descarta; que sigan ejercitando la solidaridad y se incorporen al debate público, a la política, con vocación de servicio y humildad al servicio del prójimo. Y, sobre todo, llama a no perder la esperanza.

A los empresarios, que sean buenos empresarios, es decir, que se alejen de la cultura especulativa, dialoguen con los trabajadores, que pacten; que se hagan cargo de los desafíos del trabajo actuando con justicia y solidaridad humana; que favorezcan una cultura de trabajo decente. Los empresarios son fundamentales para una buena economía. Francisco dibuja el perfil del buen empresario en una de sus visitas pastorales: el que conoce a sus trabajadores, porque trabaja con ellos; tiene la experiencia de la dignidad del trabajo; comparte con ellos las alegrías y las preocupaciones, crean juntos.

¿Qué le puede aportar al lector o lectora el capítulo en el que se contextualiza cada uno de sus discursos y se relacionan unos con otros?

Precisamente eso: el contexto en el que se producen y la coherencia que mantiene toda esta actividad con su visión poliédrica del mundo; además del hilo conductor en torno a la cuestión del trabajo que aparece en Evangelii gaudium y Laudato si’. También están en el libro las aportaciones de los movimientos populares en los encuentros, y los consensos alcanzados con las organizaciones sindicales. En ambos casos, está presente mi propia experiencia, al haber participado y, en cierta manera, la del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos, protagonista también del diálogo con Francisco. Hay también una referencia al dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que es esencial en la continuidad y la promoción de la acción pastoral impulsada por Francisco para atender a la «humanidad sufriente»

¿Es suficientemente conocido el pensamiento y las preocupaciones de este Papa en relación al trabajo?

Como el de la propia Iglesia y su magisterio social, es ampliamente desconocido, me atrevería a decir, incluso para los miembros de la Iglesia. A pesar de la insistencia de Francisco no es un pensamiento que se pueda incorporar fácilmente a nuestra cultura, por su propio contenido contracultural. Una prueba de ello fueron las reacciones a la entrevista realizada para el programa Salvados. Muchísima gente descubrió sus preocupaciones sociales a partir de ahí. Este libro, modestamente, puede ayudar a promover este pensamiento en movimientos o personas implicados en tareas pastorales o iniciativas relacionadas con el trabajo. Es una labor, minúscula si se quiere, pero era una obligación editar esta publicación para crear puentes y estar en sintonía con los esfuerzos de Francisco y su perseverancia con el sagrado derecho al trabajo.

¿Qué procesos puede reforzar este libro en las comunidades de la Iglesia?

Francisco nos emplaza a los creyentes a ocuparnos del trabajo, de su presente y su futuro: es una misión. Invita al pueblo de Dios a conocer, a vivir y a actuar según la Doctrina Social de la Iglesia. Este es uno de los retos: que este compendio del evangelio del trabajo de Francisco pueda ser un instrumento de formación y de diálogo. También puede serlo para personas no creyentes que quieran conocer y profundizar en la cuestión del trabajo desde una óptica no economicista ni materialista. Vivimos un tiempo de cambio de paradigma en relación con el trabajo y en este proceso, la Iglesia está aportando a este diálogo, también de la mano de sus protagonistas y de quienes sufren las consecuencias de la precariedad, el desempleo y el descarte. La tarea desarrollada por Francisco tiene recorrido en las iglesias y en ámbito locales, sin lugar a dudas, y debería animar a que esta pastoral floreciera y fortaleciera la evangelización del mundo del trabajo.

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