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Familia en lucha obrera

21 enero 2019 | Por

Familia en lucha obrera

Gema Gil | Coca-Cola en Lucha ha dado por cerrado el conflicto iniciado hace cinco años con la empresa de refrescos que decía ser la que proporcionaba «la chispa de la vida». Sin sus familias y sin las «espartanas» no hubiera sido lo mismo.

Las familias de los 821 trabajadores de la fábrica de la embotelladora en Fuenlabrada conformaron el colectivo Coca-Cola en Lucha en enero de 2014. Como regalo de Navidad recibieron entonces un Expediente de Regulación de Empleo que significaba el cierre de la planta, a pesar de que el entonces presidente de Coca-Cola España, Marcos de Quinto, la había calificado de «joya de la corona» de nuestro país. Una nube negra se posicionó en ese momento sobre el futuro de estas familias

El fin del conflicto entre la empresa y los trabajadores se ha terminado con un acuerdo sindical histórico: Coca-Cola España, en un plazo máximo de dos años, deberá abrir una fábrica en Madrid o en 70 kilómetros a la redonda, para dar empleo a la plantilla. De lo contrario se activará el plan social que se ha incorporado al acuerdo. Este contempla el abono de salarios, prejubilaciones e indemnizaciones dependiendo de cada caso y según la edad del trabajador o trabajadora.

El acuerdo llega después de que los trabajadores, nuestras parejas, «decidieran que aquel ERE no tenía sentido bajo ninguna óptica y que nadie iba a decidir por ellos». Las familias, lejos de quedarnos de brazos cruzados o interpelando a nuestras parejas para que dejaran de pelear por lo que era justo, arrimamos el hombro y tiramos de imaginación para ser capaces de visibilizar un conflicto que la multinacional trataba de esconder, de silenciar, con el apoyo cómplice de los medios de comunicación –de los que dependía su publicidad–.

Comenzamos a brindar nuestra solidaridad a otros conflictos, establecimos contacto con trabajadores de otras empresas que estaban en situaciones similares a las nuestras, con los representantes sindicales de Coca-Cola en Europa, para avisarles de lo que les podía pasar, porque como dicen nuestros mayores, «cuando las barbas de tu vecino veas cortar…». Levantándonos con más fuerza, y nuevas ideas, tras cada sentencia judicial incumplida por la embotelladora, pero con la convicción de que rendirnos no era una opción.

Logramos comprender que nuestro problema era el de todos, nuestro problema estaba causado por la injusta reforma laboral, puesto que, aunque lo que estaban en juego eran nuestros empleos, también peligraban los de quienes nos rodeaban, los de todos los trabajadores y trabajadoras de nuestro país, tarde o temprano.

Durante estos cinco años de lucha incansable, nosotras, las Espartanas, en nuestra mayoría, compañeras de viaje de los trabajadores de Coca-Cola, hemos llevado la voz de ellos donde la empresa no les permitía, hemos visto cómo crecían nuestros hijos e hijas en medio de un conflicto que les marcará su vida, pero que es el mayor ejemplo de solidaridad / sororidad, que jamás podríamos haberles enseñado de mera palabra.

Nosotras hemos sido capaces de comprender que, lo único que tenemos «los de abajo», es la unión que, como digo muchas veces «no sabemos la altura que tenemos, hasta que nos ponemos de pie». Entre nosotras y nosotros no importa la religión, la ideología, la bandera que nos represente, la edad que nos separe… vamos todas a una, porque solo es importante lo que nos une, no lo que nos separa, cuando se trata de defender lo que nos destruye a todas.

En este caso lo que nos destruía era la sinrazón de la multinacional que mantenía a nuestras parejas, padres, o madres sin trabajo, después de que el Tribunal Supremo declarase nulo el ERE de 2014, dentro de una nave de 250.000 metros cuadrados, ocho horas al día. Unos y unas pasaban su jornada laboral frente a un ordenador apagado, otros y otras, sin embargo, en una silla viendo las horas pasar, humillados y humilladas, haciéndoles sentir inútiles. La intención de Coca-Cola era la misma para ellos y ellas: lograr que abandonasen.

Por eso, la presencia de las familias en este conflicto ha sido tan importante, para recordar a los trabajadores y trabajadoras el gran motivo para seguir adelante, para no rendirse, para levantarles cuando sus fuerzas flaqueaban o sus ánimos desfallecían, como el viejo dicho del escondite inglés: por mí y por todas mis compañeras y compañeros. Por nosotros, por nosotras y por todos y todas los y las que estaban por venir. Gracias al esfuerzo colectivo, David volvió a vencer a Goliat.

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