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Participación | Aportación al Editorial «La conversión de la industria militar»

02 enero 2019 | Por

Participación | Aportación al Editorial «La conversión de la industria militar»

En la revista Noticias Obreras hay secciones que animan a las personas suscritas y lectores a valorar y conversar, a través de las redes sociales o del correo electrónico, sobre las opiniones que publicamos. El Editorial es el espacio que recoge la opinión de la HOAC (entidad editora de Noticias Obreras) a un tema de actualidad y es una de las secciones propuestas para favorecer esta participación.

En este sentido, compartimos la aportación realizada a La conversión de la industria militar, publicada en el número de diciembre de 2018.

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Equipos de la HOAC de Ferrol, Lugo y Vigo

Estamos de acuerdo en la conversión de la industria militar en otra actividad que aporte un beneficio social y que sea respetuosa con el medio ambiente, pues para cualquier persona, defender la justicia y la paz resulta difícil de compatibilizar con la aprobación del comercio de armas de guerra. Mucho más si cree en el Evangelio de Jesucristo, porque la dignidad y la vida de las personas, está por encima de cualquier interés económico o político. ¡Y que decir si es un régimen como el de Arabia Saudí quien compra ese armamento!

Tanto Naciones Unidas, en el pasado mes de enero, como Amnistía Internacional afirmaron que ataques a mercados, hoteles, hospitales, colegios… en Yemen, realizados por la coalición liderada por Arabia Saudí, fueron efectuados con munición de precisión, como son las bombas dirigidas por láser, semejantes a las que España ha vendido al Estado saudí. Un ejemplo de esto ocurrió el 9 de agosto pasado cuando una bomba de este tipo, fue lanzada sobre un autobús escolar  causando la muerte de 40 niños. Dentro de este horror, el reciente asesinato del periodista Yamal Khashoggi, que tanto ha escandalizado al mundo, no deja de ser una víctima más.

También es conveniente recordar los evidentes lazos que unen al régimen saudita con el extremismo yihadista, cuyas consecuencias en forma de guerras o de atentados terroristas no hace falta detallar.

Pero lo más grave es el bloqueo por tierra, mar —con barcos de guerra semejantes a los que se van construir en Cádiz— y aire, que la coalición saudí está ejerciendo sobre Yemen. Este bloqueo es tan brutal que está causando una hambruna que, según la ONU, la sufriría la mitad de la población y provoca que se extiendan enfermedades como el cólera, que, según algunas estimaciones, afectan a un millón de personas. Esto no es una guerra, es un genocidio.

¿De verdad que todo esto se puede considerar un mal menor? ¿No somos cómplices de esta situación al aprobar la venta de armas a un estado asesino y decir que no es nuestra responsabilidad cómo se vayan a usar? ¿Es esto comparable con la pérdida de puestos de trabajo? Y ya que mencionamos el trabajo, ¿se puede considerar este un trabajo digno, propio de una sociedad decente? ¿Y si el autobús bombardeado fuese un transporte escolar de la provincia de Cádiz y los millones de víctimas fuesen españolas? ¿Sería una decisión justa seguir con el comercio de armas mientras no se produzca una reconversión de esa actividad? Hay que parar el comercio de armas con Arabia Saudí YA.

En los años 80, en la ría de Arousa, la gran inyección de dinero que trajo consigo el narcotráfico reactivó la economía de la zona. Al principio contó con tal aprobación social, que estaban implicados partidos políticos y autoridades. Pero cuando al cabo de cierto tiempo esa misma población fue golpeada con las graves consecuencias de la droga, ese apoyo se convirtió en rechazo y movilización social. Una de las diferencias con el caso que ahora nos ocupa es que las víctimas están a miles de kilómetros, no son posibles votantes del gobierno que comercia con las armas, y los muertos non son de nuestra familia… O sí, si de verdad nos creemos esa oración que empieza diciendo “Padre nuestro”… aunque suena casi ridículo apelar a nuestra condición de creyentes para detener el suministro de armas a un régimen genocida.

Entendemos que la posición de los trabajadores de los astilleros de Navantia es muy difícil. Cádiz es una de las provincias españolas donde el paro es mayor. En este contexto, renunciar a un trabajo cuando es el medio del sustento familiar, es una opción casi heroica que no se le puede pedir a nadie… Para eso están los gobernantes, con la autoridad moral y la legitimidad de ser elegidos por los gobernados, para tomar decisiones difíciles para algunos pero a favor del bien común. Pero en este caso se podría decir que utilizan a los trabajadores como escudos humanos, para defenderse de las posibles críticas y que la decisión de la venta de armas a Arabia Saudí sea bien acogida socialmente. También los utilizan como escudos humanos los comerciantes de armas, que a cambio de las migajas que para ellos suponen los salarios de los trabajadores, obtienen grandes beneficios (recordemos que el comercio de armas es uno de los negocios más lucrativos del mundo).

La situación de los trabajadores es una muestra de lo poderoso que es el capital, y el sistema neoliberal frente a las personas y sus vidas. En el fondo se les está diciendo “o trabajas en esto o no trabajas, y si no trabajas, ya sabes cuales son las consecuencias”. Si optamos por la fabricación de armas y sus beneficios, estamos cayendo en la lógica del capital, es decir, las personas deben someterse a la economía, aunque sea a costa de la vida de otras personas. Si optamos por no colaborar con el gobierno de Arabia Saudí, supone renunciar a importantes beneficios económicos, supone oponerse a quien tiene mucho poder… y esto nunca sale gratis.

En una sociedad decente no se harían las corbetas, pero no se consentiría que nadie quedase desprotegido por no hacerlas.

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Ita María

He leído el artículo en que se juega el dilema de fabricar barcos de guerra o quedarse sin trabajo. Es verdad que ‘barcos’ no es lo mismo que armas porque es más fácil cambiarle el uso a un barco que a un arma. En determinado momento, un barco puede destinarse a salvar vidas, dado el caso de un maremoto, por ejemplo.

Entiendo el problema y veo que es de muy difícil solución, porque desde Arabia Saudita es eso lo que piden y no otra cosa y dejar de exportar sería posible únicamente si otro Estado pidiera  barcos  comunes, o sea de paz, en número suficiente para reemplazar aquella demanda.

Esto me recuerda que por causas históricas -pues no sabría qué otro nombre darle- caen economías enteras que son reemplazadas sí o no por otras. Por ejemplo: Chile exportó salitre a Europa por muchas décadas. Era una industria enorme en el desierto del Norte de Chile hasta que Alemania inventó un fertilizante sintético que reemplazó completamente al salitre de un día para otro. En esa zona, Chile extrae, ahora, el cobre, en las minas más grandes a cielo abierto del mundo, en Chuquicamata, explotación que llevó sus décadas para llegar al nivel actual.

Conclusión: Hay que trabajar por la paz en Arabia Saudita, para que cese el pedido de barcos, pero eso sería otro tema. Otro tema el trabajo político por la paz y un verdadero problema la falta de trabajo para los obreros de la Bahía de Cádiz.

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