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Los jóvenes de Acción Católica sueñan con revitalizar la Iglesia

03 octubre 2018 | Por

Los jóvenes de Acción Católica sueñan con revitalizar la Iglesia

Estamos en un momento importante en la historia reciente de la Iglesia, donde la realidad sinodal envuelve toda la pastoral juvenil. En estos últimos meses, la asociación y movimientos juveniles de Acción Católica (ACG – J, JEC, JOC y MJRC) hemos trabajado toda clase de iniciativas, encuestas, diálogos y propuestas, para preparar, con profundidad, este gran acontecimiento. Estamos llenos de esperanza por los frutos del Sínodo, donde se marcarán los “nuevos rumbos” para la pastoral con los jóvenes del mundo.

Las y los jóvenes en este momento histórico y eclesial nos sentimos llamados a ser agentes activos de transformación del mundo según el proyecto de Dios. Reconociéndonos miembros de pleno derecho de la comunidad eclesial, acompañados y en comunión con los pastores y demás carismas y ministerios que enriquecen al pueblo de Dios.

Ante todo lo vivido, la pregunta de “¿qué le pedimos a la Iglesia?”, aún cobra más sentido. Ilusionados y llenos de expectación en que “algo importante está pasando” solicitamos a nuestra la Iglesia, desde la fraternidad y la colaboración, un gran listado de deseos cargados de anhelos y sueños.

¿Qué le pedimos a la Iglesia?

Somos jóvenes que deseamos una Iglesia que sepa escuchar nuestras demandas, insatisfacciones o incluso decepciones, que esté atenta a nuestras expectativas y deseos profundos, así como nuestra manera de entender y de soñar la Iglesia.

Resaltamos la urgente demanda de construir una Iglesia que sea “hogar” acogedor sin distinción, dialogante, servidora, acogedora, integradora, atrevida y creativa. Capaz de renovar el lenguaje para hacerlo sencillo, cercano y actual, de manera que posibilite la comunicación con las personas más jóvenes.

Una Iglesia que, aprovechando su gran influencia, nos haga posible dejar el mundo en mejores condiciones que como lo encontramos para que las generaciones futuras puedan disfrutar de nuestra casa común. Teniendo en el horizonte el cuidado de las personas en su diversidad y el medio ambiente, inspirándonos en Jesucristo como persona de hechos y no sólo de palabra.

Una Iglesia que haga real su opción preferencial y evangélica por los pobres y no solo como una doctrina teológica de bellas palabras sino como una vivencia en su “día a día”.

Una Iglesia que sea capaz, desde la luz que proyecta el Resucitado, de reconocer el papel y el protagonismo de las mujeres dentro de la comunidad eclesial y en la tarea de anunciar el Evangelio. Aplicando en sus estructuras los principios y valores del Evangelio donde se reconocía la dignidad y el valor de las mujeres en plano de igualdad con los hombres como lo hizo Jesús de Nazaret.

Jóvenes en parroquias

Apostamos por parroquias vivas, llenas de frescura y dinamismo. La parroquia debe ser el lugar habitual de encuentro, desde donde sales a transformar el mundo y al que vuelves a compartir, y retomar fuerzas, con tu comunidad.

Escucha, cercanía, acompañamiento, esperanza, ligera de estructuras, alegre… son algunas de las acciones que pedimos; y además ofrecemos ayuda incondicional, nuestra formación en acción, fundamentada en nuestras comunidades, equipos de vida donde nos sentimos acogidos, donde nos formamos, oramos y celebramos y donde nos preparamos, cada semana, para salir al mundo y transformarlo en clave de Jesús.

Jóvenes en el mundo estudiantil

Necesitamos una Iglesia que motive a las personas que participamos de ella a preguntarse por el sentido de lo que estudiamos desde nuestra vocación. Una vocación entendida en cualquier dimensión de nuestro estudio, enfocada siempre hacia una opción por los demás y con actitudes evangélicas.

Que ante situaciones de conflicto, en lo educativo que concierne a la Iglesia, sea capaz de escuchar a todas las partes, internas y externas, y que tenga la capacidad de introducir cambios y mejoras desde el diálogo y la comunión.

Jóvenes en barrios obreros

Las y los jóvenes de barrios obreros necesitamos una Iglesia que sea, más que nunca, Pueblo de Dios en complementariedad de carismas y ministerios, una comunidad de espiritualidad y de acción transformadora, que sea Buena Noticia para las personas oprimidas y más empobrecidas. Una Iglesia pobre en coherencia radical y fiel al Evangelio, que tome postura a favor de las víctimas que este sistema descarta e ignora, denunciando y anunciando que otro mundo es posible.

Queremos y necesitamos una Iglesia que sea cauce de reconocimiento de nuestra dignidad como hijas e hijos de Dios ante una precariedad vital y trabajo deshumanizador. Y para ello, es necesario contar con una Iglesia cuidadora de personas y acompañante de procesos.

Jóvenes en el mundo rural

Nos gustaría una Iglesia que, a la hora de hacer los planes pastorales, siguiera criterios evangélicos de apuesta por lo pequeño, desde la sencillez de nuestro ambiente y no criterios de eficacia, porque la Iglesia es la comunidad de los discípulos de Jesús que sale al mundo con un bello mensaje y no una empresa para la extensión de una doctrina.

Una Iglesia así, será una Iglesia que vive con las puertas abiertas dispuesta a cambiar algunas estructuras “que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador” (EG 26) porque “una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia” (EG 35).

Como jóvenes ofrecemos ayuda incondicional, alegría, pasión por la evangelización, visión de un mundo distinto, formación en acción, fundamentada en nuestras comunidades, equipos de vida donde nos sentimos acogidos, donde nos formamos y oramos, y donde nos preparamos, cada semana, para salir al mundo y transformarlo en clave de Jesús.

Ofrecemos la alegría, la fuerza, la ilusión de la juventud, los deseos y ganas de jóvenes cristianos que “se lo creen”, y que afirman que Jesucristo sigue llamando y cambiando los corazones de los que quieren apostar y de los que confirman cada minuto que… ¡merece la pena!

¡Cuenten con nosotros!

Somos jóvenes que queremos formar parte de la construcción de un mundo nuevo, donde cada persona tenga oportunidad de desarrollarse y vivir con la dignidad que Dios tiene soñada para cada uno de nosotros. Somos jóvenes, y no nos resignamos a ser generación ignorada y sobrante. ¡La juventud no podemos quedar al margen! Somos el presente, somos la alegría y la fuerza, somos la esperanza que empuja otro mundo posible.

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