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Trabajadores en la economía informal

22 junio 2018 | Por

Trabajadores en la economía informal

Francisco Porcar | En La alegría del Evangelio el papa Francisco denuncia una «economía de la exclusión y la inequidad», la que domina nuestro mundo: «Esa economía mata» (nº 53). «Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz» (nº 57). «El sistema social y económico es injusto en su raíz» (nº 59). Y señala también algo que colabora de forma decisiva a mantener esta inhumana situación: «La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera» (nº 54).

La situación de muchos millones de trabajadores y trabajadoras es una clara muestra de lo que es esa «economía que mata». Un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Mujeres y hombres en la economía informal, dice que 2.000 millones de personas tienen un empleo informal (es más del 60% de la población activa en el mundo), gran parte de ellas en los llamados países emergentes y en desarrollo (más del 93% del empleo informal en el mundo se encuentra en esos países).

Quienes viven en zonas rurales tienen casi el doble de probabilidades de estar empleados en la economía informal que quienes viven en zonas urbanas y la agricultura es el sector con el nivel más alto de empleo informal, alrededor del 90%. Si se excluye la agricultura, la mitad de la población activa tiene un empleo informal. Por regiones, el porcentaje de trabajadores y trabajadoras con empleos en la economía informal es del 85,8% en África, el 68,6% en los países árabes, el 68,2% en Asia y Pacífico, el 40% en las Américas, y el 25,1% en Europa y Asia Central.

De los 2.000 millones de empleados en la economía informal, algo más de 740 millones son mujeres. Es mayor fuente de empleo entre los hombres (63%) que entre las mujeres (58%). Sin embargo, las mujeres están más expuestas al empleo informal en la mayoría de los países de ingresos bajos y medios bajos, y con mayor frecuencia que los hombres se encuentran en las situaciones más precarias.

El nivel de educación es un factor que condiciona de forma muy importante el nivel de informalidad. En el conjunto del mundo, cuando el nivel de educación aumenta disminuye el nivel de informalidad en el empleo. Las personas que han completado la educación secundaria y superior tienen menos posibilidades de ocupar un empleo informal que los trabajadores y trabajadoras que no tienen ningún título o solo han finalizado la educación primaria.

Aunque todos los trabajadores informales no están por debajo del umbral de la pobreza, esta es tanto una causa como una consecuencia de la informalidad: las personas pobres tienen tasas de empleo informal más altas, y las tasas de pobreza son más altas entre los trabajadores de la economía informal. Para muchos de ellos la informalidad implica una falta de protección social, de derechos en el trabajo y de condiciones de trabajo decentes. Para muchas empresas supone una baja productividad y falta de acceso al crédito.

Por todo ello, la OIT considera que articular políticas para una transición de estos empleos hacia la economía formal es una condición fundamental para avanzar en lograr el trabajo decente para todas y todos.

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