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Construimos el Reino siendo pan partido y vida derramada

04 junio 2018 | Por

Construimos el Reino siendo pan partido y vida derramada

Jorge Hernández | Junio se nos abre con una festividad importante, el Corpus Christi y termina con un Domingo que coincide este año con la solemnidad de la fiesta de la Natividad de San Juan el Bautista. En el medio, una confrontación de Jesús con los letrados y con su propia familia. Jesús centra todo en su pasión por el Reino, que va desvelando en parábolas sencillas. A Jesús lo que realmente le «posee», no es Belsebú, es realizar, con su vida, la voluntad del Padre.

La festividad del Corpus nos abre toda una reflexión sobre la eucaristía, como memorial, «memorial subversivo» que queda muchas veces disuelto en ese afán por la pura adoración y cosificación. Siempre recuerdo aquella parábola del hombre que frotando unos palitos descubre el fuego y fue a otra tribu a enseñarles lo que se podía hacer con aquellos palitos y se los regaló; pasó el tiempo y cuando volvió para ver qué habían hecho, se encontró que le habían construido un altar a los palitos y los adoraban, sin que hubiera fuego.

¿Nos habrá pasado lo mismo con la eucaristía?, ¿habrá perdido su fuerza subversiva?, ¿no habremos convertido el Sagrario en un lugar donde teniendo allí la presencia del Señor, lo hemos «encerrado», y nos hemos liberado de hacerlo presente nosotros en nuestra vida?

No olvidemos, es un sacramento en el que se expresa, se concentra, por medio de signos, toda la realidad de la vida, muerte y resurrección de Jesús hoy, por eso es memorial. Y no solo en el pan, es en el pan partido («y le reconocieron al partir el pan»). No deberíamos separar el pan del gesto de partir. Y el pan se parte para ser re-partido y la sangre para ser derramada.

Así fue la vida de Jesús, dada, entregada para dar vida a la humanidad. La eucaristía ofrece el memorial de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, no como un sacrificio ritual o religioso, sino como una donación de sí mismo que se celebra en comunidad, para la fraternidad. La eucaristía es más que celebrar, es vivir una nueva forma de relaciones, hace presente el futuro y eso es subversivo.

El reto del cristiano, cuando comulga, es ser como Jesús. El mundo obrero tiene la experiencia de lo que significa dar la vida: una parte la hemos tenido que vender, la fuerza del trabajo, y el resto darla para que otras y otros tengan vida digna. Y seguimos estando y acompañando, aportando para un cambio de mentalidad y transformación del mundo y haciendo presente el Reino como anticipación de los sueños de Dios.

Este reto es el que nos hace familia, hermanos y hermanas, («los que cumplen la voluntad del Padre»), por encima de los lazos de sangre, sabiendo que todo es plantar humildemente ese Reino de Dios desde donde estamos «como grano de mostaza» y sintiendo que dice nuestro nombre porque, como a Juan el Bautizador, «la fuerza del Señor nos acompaña» que es la que realmente «nos posee».

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