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La aportación de la juventud de Acción Católica especializada

22 noviembre 2017 | Por

La aportación de la juventud de Acción Católica especializada

José Luis Palacios | A pocos días de cerrarse el periodo de consultas del próximo Sínodo de Obispos centrado en los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional (octubre, 2018) hablamos con los nuevos responsables de dos de los movimientos especializados de Acción Católica: la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Juventud Estudiante Católica (JEC).

Mª Isabel Herrera, cordobesa de 30 años, trabajadora social, se declara hija del 15M. Cuenta con gran experiencia de participación y compromiso, tanto social como eclesial, en su ciudad natal. Está en proceso de incorporación al Secretariado de la JOC.

Eduardo Martín, titulado en Economía y en Música. Placentino de 22 años, asume la responsabilidad como presidente de la JEC, mientras disfruta de una beca que le ha llevado a colaborar con Asociación Colaboración y Esfuerzo de Honduras.

María Isabel Herrera, presidenta de la JOC: «Queremos ser parte activa de la historia a través del compromiso»

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La actual Comisión Permanente de la JOC, de izq. a dcha.: Roberto, Raquel, Mª Isabel y Mario.

Esta cordobesa de 30 años, trabajadora social de formación con un máster en Desarrollo, Alternativas y Herramientas para la Transformación Social, se declara hija del 15M. Cuenta con gran experiencia de participación y compromiso, tanto sociales y eclesiales en su ciudad natal. Lleva apenas unos meses como presidenta de la secretaría general de la JOC, tras ser elegida en junio pasado.

¿Con qué ilusiones has asumido la responsabilidad de coordinar y dinamizar la JOC?, ¿y con qué temores?

Poniéndome en manos del Padre/Madre, compartiendo con el equipo, familia, amigas y amigos y pareja ofrecí mi disponibilidad. Descubrir que aún puedo ofrecer más de mí al movimiento me llena de alegría y energía. Hay tantos jóvenes que necesitan de la JOC, encontrarse con Jesús y sentirse hijos e hijas dignos de Dios. Ser colaboradora con el Reino de Dios desde el Secretariado General es un privilegio por todas las experiencias y oportunidades que me está posibilitando. A veces me siento desbordada, temo la soledad, no saber responder a las necesidades y dificultades del movimiento, el cansancio, la frustración. Pero somos un gran equipo, nos apoyamos, cuidamos y complementamos en nuestra tarea, lo que me tranquiliza y me da mucha seguridad.

¿En qué momento se encuentra la JOC en la actualidad y cuáles diría que son sus principales retos de futuro?

La JOC siempre ha sido reflejo de cómo son y están las y los jóvenes y la sociedad. Ir a contracorriente no es fácil pues somos parte del sistema. Los retos son estar en continua salida a través de la acción, siendo anuncio y denuncia profética; avanzar en conocer y transmitir nuestra identidad y conciencia obrera descubriendo qué elementos la definen en la actualidad; descubrir qué nos ofrece el Reino de Dios, siendo generadores de modelos alternativos desde nuestra fe cristiana, siguiendo el estilo de vida radical que nos propone el encuentro con Jesucristo.

¿Diría que la sociedad ha abandonado a los jóvenes a su suerte, les está fallando?

La juventud queda excluida generalmente de la participación real y, por lo tanto, del ámbito de toma de decisiones. Necesitamos mecanismos y canales de escucha y participación, donde aportar desde nuestra vida y necesidades más aún en momentos de tanta fragilidad y desestructuración.

Se habla de la desconfianza de los jóvenes ante las instituciones y sus recelos ante lo comunitario…

Somos hijos del sistema. Nos volvemos egoístas, insensibles y competidores. Como respuesta alternativa, las entidades juveniles, entre en las que se encuentra la JOC, aportamos otra manera de vivir, de relacionarnos desde la fraternidad, vivir en comunidad. Nos necesitamos unos a los otros para desarrollarnos y ser felices, mirar por el otro, participar juntos, trabajar en equipo, crear redes y sinergias, socialmente como compañeras jóvenes y eclesialmente como hermanas que creemos en un mismo proyecto, el Reino de Dios.

En muchos ámbitos eclesiales también se habla ya abiertamente de la descristianización de la juventud. ¿Cuál es su percepción al respecto?, ¿qué supone para la JOC esa realidad?

La fe no encaja en el patrón del consumo fácil, no resulta práctica y útil. El sistema nos ha robado a Jesús de Nazaret como referente, como amigo, como hermano y compañero, por su ser revolucionario y liberador. A lo que hay que sumar que la Iglesia, con sus estereotipos y prejuicios, tiene grandes dificultades para acercarse a los jóvenes. La juventud ahora muestra indiferencia y desconocimiento ante lo eclesial. Es una oportunidad para trabajar el acercamiento y ofrecer proyectos educativos y evangelizadores y seguir así siendo fieles a nuestra misión de salir al encuentro de los jóvenes más alejados, ir a las periferias como nos envía el papa Francisco.

A un año de la celebración del Sínodo de los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, ¿cuál ha sido la labor previa de la JOC?, ¿qué implica para la Iglesia de nuestro país?

Hemos llevado la reflexión a las diócesis, para darlo a conocer y conocer el sentir de los jóvenes. La Iglesia de España mira a los jóvenes, no solo para conseguir que vengan a los templos, sino sobre todo para intentar encontrar qué respuesta podemos dar como Iglesia a las situaciones que están viviendo.

¿Qué ofrece la JOC a los jóvenes de hoy y a esa Iglesia sinceramente preocupada por las nuevas generaciones?

Un espacio donde el joven es tratado como persona, para compartir la vida, aquello que nos machaca y nos oprime al igual que las alegrías y esperanzas; recursos y herramientas para descubrir a Dios en lo pequeño y sencillo, sintiendo cómo la fe vertebra nuestra vida. La revisión de Vida Obrera nos sitúa, conecta vida y fe, nos ayuda a ser parte activa de la historia, con los ojos del Evangelio, al llamarnos a un compromiso personal y colectivo concreto y evaluable. Así el joven se empodera y se transforma, transformando a otros. La JOC aporta a la Iglesia ese rostro más frágil de la juventud, de los jóvenes excluidos, machacados, oprimidos, sin alternativa, la vida de los últimos en esta sociedad, pero que para Dios son los primeros en su Reino y en su amor infinito.

Eduardo Martín, presidente de la JEC: «Ayudamos a que los jóvenes descubran su pasión y su vocación»

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Eduardo Martín, nuevo presidente de la JEC

Titulado en Economía, pero también en Música, este placentino de 22 años, que ha estudiado en la Universidad de Salamanca, no asumirá la responsabilidad como presidente de la Juventud Estudiante Católica, hasta que termine la beca que le ha llevado a colaborar con Asociación Colaboración y Esfuerzo de Honduras.

¿Con qué esperanzas has asumido la responsabilidad de coordinar y dinamizar la JEC?, ¿y con qué reparos?

Con la esperanza de seguir el camino de escucha, participación y lucha contra lo injusto de la sociedad actual que nos dejan Carmen y Álvaro, los anteriores trabajadores liberados del Equipo Permanente; desde, por y para el bien de la Iglesia. Transformar desde dentro lo que pensamos que no funciona en el nexo de juventud e Iglesia, y mantener y proteger lo que ya tenemos, pues aunque seamos pocos, el valor de nuestro movimiento es incalculable. Lo asumo también con cierto miedo y momentos de inseguridad ante la novedad e importancia de lo que se nos ha encomendado.

¿En qué momento se encuentra la JEC en la actualidad y cuáles diría que son sus principales retos de futuro?

En un bonito momento en el que mucha gente e instituciones de dentro y fuera de la Iglesia nos apoyan y apuestan por lo que hacemos. La actualidad tiene muchos momentos de abandono y desesperación, pero este movimiento puede responder para poner esperanzas. Da voz a una minoría que tiene mucho que decir respecto al medio ambiente, política, economía, Iglesia, etc. Uno de los principales retos es que nuestros jóvenes vean en el movimiento una forma de vida que no se les brinda en sus centros educativos. Que pongan en el centro a la persona y, a partir de ahí, trabajen en cualquier ámbito de la sociedad, hacer que descubran su pasión y su vocación desde la experiencia con Cristo. Por último, y en consonancia con el papa Francisco, acercarnos a los pobres de nuestro ambiente y olvidar la imagen medieval de la Iglesia, luchar por cambiar los aspectos que hacen que se quede obsoleta.

La competitividad, el individualismo y el dominio de la técnica conforman el sistema de educación, ¿cuál es la visión de la JEC al respecto?

La JEC educa para cooperar, actuar en sociedad y dominar las emociones y el corazón antes que la técnica. Nos acostumbran desde pequeños a trabajar para conseguir ser mejor que el resto y ganar mucho para vivir bien. Se necesitan personas que tengan pasión por enseñar y por crear profesionales íntegros, la base de la educación está en los instrumentos y herramientas que se utilicen para ello, es decir, educadores, educadoras y clases que enganchen al alumno a aprender y a colaborar con el resto para, entre todas, conseguir un mundo digno y sostenible.

Se habla de la desconfianza de los jóvenes ante las instituciones y sus recelos ante lo comunitario… ¿cuál es su opinión?

No creo que se deba generalizar. Me gusta pensar que hay muchos jóvenes que confían en lo comunitario y en el trabajo en movimientos políticos, culturales, eclesiales, sociales… y me gusta pensarlo porque lo vivo. Soy consciente de la escasez, pero no podemos hacer nada más que seguir. Los jóvenes tenemos miles de distracciones fáciles gracias a nuestro sistema hiperconectado y globalizado.

En muchos ámbitos eclesiales también se habla ya abiertamente de la descristianización de la juventud. ¿Qué supone para la JEC esa realidad?

La sociedad antigua imponía una única religión, ahora quien cree, lo hace de una manera sencilla y respetuosa con el resto, clave para avanzar como persona. Debemos preguntarnos qué busca la juventud, y por qué no lo encuentra en la Iglesia. La JEC es un ejemplo de esa minoría auténtica que lucha por sobrevivir buscando eso que la juventud quiere encontrar.

A un año de la celebración del Sínodo de los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, ¿cuál ha sido la labor previa de la JEC?, ¿qué implica para la Iglesia de nuestro país?

La JEC está aportando su opinión en todos los foros en los que tiene ocasión de participar. Hemos contestado a varios cuestionarios que se nos exigía a nivel internacional, como JEC España y en las diócesis individualmente. En palabras de Francisco, «la Iglesia quiere escuchar la voz, la sensibilidad, la fe y también las dudas y críticas de los jóvenes». Mediante la escucha conseguiremos grandes avances.

¿Qué ofrece la JEC a los jóvenes de hoy y a esa Iglesia sinceramente preocupada por las nuevas generaciones?

Un espacio de acogida, de escucha y la posibilidad de compartir inquietudes con jóvenes de España y el mundo. Somos juventud, somos estudiantes, y somos católica, por lo que tendemos la mano a todas las que crean que tienen algo que aportarnos. A la Iglesia le ofrecemos la posibilidad de trabajar con jóvenes que están dentro del mundo y conocen las necesidades y gustos de su alrededor y que tiene la clave para que esas nuevas generaciones vean en Jesús una buena figura que les acompañe el resto de sus vidas.

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