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El ser y el hacer de un sacerdote amigo y acompañante

08 junio 2017 | Por

El ser y el hacer de un sacerdote amigo y acompañante

 Ángel Macho, aa | Conocí a Antonio a principios del año 1981. Los asuncionistas abrimos una comunidad en Almería en agosto de 1980 en la barriada de La Fuentecica, de la capital, de acuerdo con el Sr. Obispo, D. Manuel Casares y del Vicario de Pastoral, D. José García Sánchez.

Llegamos a la Fuentecica. Nos hablaron de un matrimonio que vivía en la barriada, educadores que fueron del Movimiento Junior de Acción Católica especializada de niños y que vinieron a vivir al barrio como opción. A través de ellos pudimos acomodarnos en un piso del barrio.

Veníamos con un proyecto de vida comunitaria y pastoral bien definido, pero la realidad nos lanzó a responder de una manera inmediata a las necesidades urgentes que íbamos percibiendo.

Vimos la gran necesidad de trabajar el nivel humano y cultural de las personas. No era posible que la gente viviera en cuevas y que su nivel de conciencia estuviese por los suelos.

De ahí que con el apoyo de personas de la barriada, pudimos hacer un camino juntos para desembocar en la creación de un colectivo cultural que nos implicáramos en despertar la conciencia crítica de las personas. Eran los años de la pedagogía de adultos del maestro Paulo Freire.

En setiembre de 1981 tuvimos un encuentro con el Sr. Obispo, como estaba previsto al comenzar nuestro camino en la diócesis. Nuestra sorpresa fue que nos destituyó de toda acción pastoral directa. En ese año animábamos junto con la Hijas de la Caridad encuentros y eucaristías dominicales en una capilla que dependía de la Parroquia que tenía los franciscanos en el centro de la ciudad.

Nuestro P. General y el asistente para España, de visita ese año a las comunidades asuncionistas de España, vino a Almería. Después de hablar con el obispo, nos dijo: “Quedaos en Almería, seguid trabajando. No perdáis la comunión con la diócesis, a pesar de la incomprensión de la curia diocesana”.

Y aquí es cuando aparece el joven Antonio Felices. Antonio y unos cuantos sacerdotes más formaron en ese año un colectivo de curas llamados “curas de la Nacional 340”, porque la mayoría estaban en pueblos por donde pasaba la N-340. Antonio estaba en aquella época en la “Puebla de Vicar” como párroco.

Al darse cuenta de nuestra situación, Antonio, a título personal, unas veces, y en nombre del grupo, otras veces, nos visitaba para conocer más directamente nuestra situación. Recuerdo que nos alentaba y nos animaba a abrir nuestras relaciones con los sacerdotes diocesanos y que acudiésemos cuando nos pareciese bien a los encuentros de los “curas de la N-340”.

A partir de aquí, la comunidad asuncionista empezó a tener una relación estrecha con Antonio y gran parte de los “curas de la N-340”. Al ser nombrado nuevo obispo de Almería D. Rosendo Álvarez en el año 1989, La comunidad asuncionista se trasladó a la barriada del Puche. Antonio es también trasladado a una parroquia cercana en el barrio de San Luis de Almería. Nuestras relaciones se fueron intensificando.

Antonio es nombrado delegado de Pastoral Obrera de la diócesis cuando aparece el documento La Pastoral Obrera de toda la Iglesia en el año 1994. Me comenta que necesita un equipo que lleve adelante la tarea de la Pastoral Obrera. Acude a nuestra comunidad porque sabe que desde hace varios  años estoy  en el grupo de religiosos y religiosas en el mundo obrero a nivel nacional.  Me pongo, pues, a su disposición y empezamos a trabajar juntos en la diócesis.

Lo primero que vimos es rehacer en la diócesis los movimientos especializados de Acción Católica en el mundo obrero: La HOAC y La JOC. En aquella época existía algún militante de la HOAC de los llamados históricos. La JOC estaba totalmente desaparecida. Solamente quedaba algún residuo de la JOCE, después de la crisis de los 80.

De inmediato nos pusimos en contacto con la Comisión de la HOAC de Andalucía para poder iniciar en Almería. La Comisión nos propone que dos militantes de Motril sean los posibles iniciadores. Antonio y yo fuimos viendo personas que pudiesen  ser posibles iniciandos en la HOAC. Nos juntamos unas 12 personas y empezamos la iniciación con los dos militantes de Motril: Miguel y Gonzalo. Era de admirar el compromiso y la implicación de Miguel y Gonzalo que llegaban a Almería hacia las 21h. y volvían a Motril hacia la 1 de la madrugada.

Es verdad que en el camino se descolgaron algunos, pero la HOAC empezó a caminar en Almería. La JOC no fraguó al final. La actividad pastoral conjunta también la desarrollamos en la Escuela diocesana de agentes de pastoral animando los cursos de Doctrina Social de la Iglesia.

Fueron unos años de intensa actividad, a la vez que se iba intensificando la relación de Antonio con nosotros. Venía a menudo a comer a nuestra casa. Con su Citroen íbamos a visitar a los sacerdotes de la Diócesis donde había algún conflicto social: huelga de pescadores en Garrucha, para ver cómo enfocar el problema desde la parroquia y ayudar a tomar una postura. Y a los sindicatos agrarios (COAG) para analizar conjuntamente los problemas que se planteaban en las zonas de los invernaderos.

¿Qué decir de Antonio? Lo primero, que fue un gran amigo y acompañante. Lo segundo, un gran animador y un hombre que daba mucho ánimo a las personas. Yo trabajé muy a gusto con él en las tareas de la Pastoral Obrera y en los nuevos comienzos de la HOAC en Almería. Se hacía querer.

Sabía situarse en las problemáticas obreras. En los conflictos laborales lo primero que proponía era visitar a las personas afectadas, escuchar, analizar… antes de hacer algún comunicado o alguna acción. Así que nos hicimos buenos kilómetros por la Provincia. Puede parecer “de cajón”, pero si lo subrayo es porque en el fondo lo que se perseguía también  era que la parroquia y los cristianos de la zona afectada tomasen postura. Por eso puedo decir de nuevo que Antonio fue un gran acompañante y educador en ese sentido.

Aprendí mucho de él por su cercanía y acompañamiento. Dedicaba mucho tiempo a estar con la gente en la Parroquia en cualquier responsabilidad que asumía. Un gran pastor, diríamos hoy.

“Siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor” (Mt 25,23)

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