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Tipos de interés negativos o finanzas que andan de cabeza

21 octubre 2016 | Por

Tipos de interés negativos o finanzas que andan de cabeza

Juan Torres López | Desde hace tiempo, algunos bancos centrales vienen aplicando tipos de interés negativos a los depósitos que en ellos realizan los bancos privados y diversos países (entre ellos España) han emitido así títulos de deuda pública. Incluso algunos bancos comienzan a cobrar a sus depositantes.

El significado de los tipos de interés negativos es bastante claro: los prestamistas, en lugar de recibir una retribución por prestar a alguien, han de pagar por hacerlo. Y los depositantes, en lugar de ganar dinero cuando dejan sus fondos en una entidad deben pagar también por ello.

Se trata sin duda de una anomalía y puede parecer un sin sentido, algo que carece completamente de razón, pero, en realidad, es hasta cierto punto normal que se den cuando las economías y las finanzas se encuentran en una situación tan irregular como la actual.

La primera razón que explica que el precio del dinero (pues eso y no otra cosa son los tipos de interés) sea negativo es su abundancia. Para hacerse una idea de los medios de pago que se han generado en los últimos años baste un solo ejemplo. En Estados Unidos, la llamada Base Monetaria (el efectivo en manos del público más los depósitos de los bancos en la Reserva Federal) aumentó en 821.585 millones de dólares en los 63 años que fueron de 1945 a 2008. Sin embargo, de principios de este último año a finales de 2015 aumentó en 3,1 billones de dólares. Es decir, que en 7 años creció unas 3,7 veces más que en 63.

Eso ha ocurrido así porque los bancos centrales han inyectado billones de dólares en los bancos privados (que se traducen en esa subida impresionante en sus depósitos en los bancos centrales) para tratar de «reciclar» la basura financiera que los banqueros irresponsables han acumulado en los últimos años.

Teóricamente, esas inyecciones deberían servir, según la explicación oficial de las autoridades, para que los bancos concedieran más créditos. Una explicación de por sí estúpida: la economía mundial (no solo la de Estados Unidos) hubiera reventado si toda esa cantidad de billones (4,7 veces más que la que había a finales de 2006) se hubiera diseminado de verdad por la economía mundial en forma de créditos para producir más bienes y servicios.

Lo cierto es (y esa es la segunda explicación de los tipos negativos) que la crisis reciente y la desigualdad de los últimos decenios han debilitado en grado sumo las alternativas de inversión productiva. Aunque ha habido un cierto incremento del crédito, ni éste ha sido todo el que se corresponde con el aumento de la base monetaria que acabo de señalar, ni el suficiente para reactivar la economía.

En Europa, la situación es particularmente curiosa al respecto porque las economías que más ahorran (Alemania y Holanda) apenas invierten y generan así la abundancia de fondos ociosos: es decir, ellas mismas provocan los tipos bajos de los que luego se quejan.

La tercera razón que hace que una anomalía como los tipos negativos se mantengan es el predominio de la especulación. En condiciones normales, a ningún inversor le debería interesar, en principio, colocar sus fondos a tipos negativos pero sí le puede convenir como apuesta a favor de tendencias alcistas que los mismos inversores más poderosos pueden promover.

En cualquier caso, como las finanzas están patas arriba y tener el dinero sin utilizar también tiene un coste, los tipos negativos se explican porque los inversores siempre preferirán perder un poco que perder más, sobre todo, como acabo de decir, si se encuentran en medio de una dinámica especulativa permanente.

Por otro lado, las consecuencias de que los tipos de interés sean negativos no son exactamente tan positivas como en principio podría parecer.

Pensar que gracias a ello los sujetos económicos que invierten en actividad real van a demandar más crédito me parece bastante ingenuo, porque esta demanda no solo depende de que el crédito sea barato. La demanda de crédito productivo aumenta cuando hay posibilidades de rentabilizarla y eso sigue muy complicado en la situación tan débil en la que, como he dicho, se encuentra la economía productiva.

Pero, por el contrario y por las mismas razones, los tipos de interés negativos son un incentivo para que siga aumentando el endeudamiento vinculado a las operaciones especulativas de todo tipo (las verdaderamente rentables cuando la desigualdad ha debilitado los mercados de bienes y servicios) y el de los gobiernos que tanto dicen que quieren controlar. Al final, los tipos negativos no hacen sino aumentar la deuda, que es el gran negocio de la banca.

Otro efecto negativo de los tipos negativos es que cuando el coste de la financiación es menor, los inversores lógicamente pueden optar por productos más arriesgados (el menor coste financiero les compensa la mayor probabilidad de pérdida por el riesgo) y eso va a hacer que la economía financiera en su conjunto se haga todavía más volátil y peligrosa.

Y, por último, es evidente que los tipos negativos suponen un grave inconveniente para los bancos (aunque también es verdad que lo compensan por varias vías). Para poder mantener sus márgenes y beneficios deben recurrir a otros mecanismos que traen también consecuencias negativas, como la subida de las comisiones, las operaciones de maquillaje para ocultar nuevas pérdidas patrimoniales y los recortes de personal o de sucursales para reducir gastos que, a la postre, terminan limitando su propio éxito comercial.

Y, si llega a generalizarse el que los bancos cobren a los clientes por sus depósitos, se producirán retiradas de fondos (como ya está pasando en algunos bancos) que pueden dar lugar a nuevas manifestaciones de insolvencia bancaria.

La pregunta obligada ante todo esto es evidente: si la existencia de tipos de interés negativos tiene estos riesgos o perjuicios, ¿por qué los bancos centrales los mantienen así y no los suben cuanto antes?

No es fácil responder en unas líneas a esa pregunta crucial pero apuntaré algunas hipótesis que, a mi juicio, pueden explicar la situación.

En primer lugar, porque no les queda más remedio que inyectar medios de pago para que las economías no se vengan abajo estrepitosamente. Y como no quieren asumir que eso se podría hacer con más eficacia y menos estrépito mediante la política presupuestaria, como ya no hay prácticamente política fiscal, no les quedan otros recursos que los monetarios para tratar de estimular a las economías, es decir, hacer que «llueva dinero, que es en realidad lo que suponen (aunque no para todos) los tipos negativos.

En segundo lugar, porque la concentración cada vez mayor de la renta en grupos que solo gastan en consumo una parte muy pequeña de lo que ganan, ha debilitado la actividad económica dedicada a producir bienes y servicios y eso se traduce en una deflación (precios a la baja) que han de combatir.

En tercer lugar, porque la crisis y las nuevas condiciones en las que se mueve la economía mundial y las finanzas en particular (hipertrofiadas, divorciadas de la economía y cada vez más envueltas en una espiral de deuda extraordinariamente peligrosa y convertidas en un fin en sí mismas) ha echado por alto la «sabiduría» convencional que hasta ahora permitía, más o menos bien, dirigir la nave de la macroeconomía. Ahora, navegan a ciegas con tal de seguir beneficiando a la banca y a los grupos sociales más poderosos que es a quien benefician todas estas políticas, tal y como claramente demuestran todas las estadísticas.

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