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Poner los dineros a buen recaudo

30 noviembre 2015 | Por

Poner los dineros a buen recaudo

Ángeles Pevidal y Rafa Nogués* | A principios de los años 80, tomamos la decisión de incorporarnos a una cooperativa de viviendas que se estaba creando en un barrio del sur de Zaragoza. La hipoteca para pagar el piso fue concedida por una caja de ahorros. A partir de este momento y durante más de 15 años estuvimos «vinculados» a dicha entidad.

Teníamos un sueldo y éramos 4 de familia. Así que nuestra preocupación financiera era llegar a fin de mes y pagar la hipoteca. En aquellos años, el dinero cumplía para nosotros exclusivamente una función de medio de cambio (realizar operaciones de pago y compra). El escenario empezó a ser diferente a mediados de los 90.

Y no solo porque nuestra situación mejoró; sino también porque las entidades financieras fueron transformando su cultura y prácticas. El proceso de desregulación que las políticas neoliberales iniciaron en la década de los 80, se hizo evidente entonces no solo con los cambios legislativos tanto a nivel nacional como europeo y el cambio de gobierno en España; sino también con las prácticas comerciales de los bancos y las cajas: ampliando e inventando nuevos productos con los que el dinero realiza la función de medio de depósito o de ahorro; incorporando la función de pago diferido a las operaciones de consumo diario (a través del uso de la tarjeta de crédito) y, sobre todo, fomentando la función especulativa del mismo (fondos de inversión; invertir en bolsa…).

Un producto que se lanzó con mucha propaganda, acompañada de estudios de expertos que ensalzaban su potencialidad, fueron los planes de pensiones. Ahora tenemos una visión más precisa de cuál ha sido su evolución y, sobre todo, del volumen y poder que se cede a los bancos con este ahorro acumulativo y a largo plazo. Así como del cuestionamiento que conlleva del sistema público de pensiones.

Esta transformación del papel que empezaron a desempeñar las entidades financieras, no nos pasó desapercibido. Aceptamos, aunque con dudas y desconfianza, algunos de los productos que se ofrecían y supuso un inicio de toma de conciencia crítica con la cultura financiera que se estaba imponiendo.

Éramos defensores del papel que las cajas de ahorro habían tenido históricamente y todavía mantenían en los entornos locales y populares, y por la función que desempeñaba su obra social. Pero nos desconcertaba el que quisieran operar como si fueran bancos.

En 1998 colaboramos en la creación de la Asociación Financiación Solidaria que tenía entre sus fines la concesión de créditos a nuevas iniciativas de carácter social que no obtenían financiación bancaria. Esta realidad fue limitada, pero fue fundamental para extender y cuestionar el poder y las prácticas que estaban adoptando las entidades financieras.

Por estos años tenemos conocimiento de un banco holandés que propugna tener en cuenta en las operaciones financieras los valores y no solo la rentabilidad. Se trata del Banco Triodos. Al que podíamos acceder únicamente a través de su página web.

En el año 2005 y por iniciativa de diversas entidades de economía social y solidaria de Aragón, se pone en marcha en Zaragoza una extensión de Coop57. Cooperativa de servicios financieros que se había creado en Barcelona en 1995 por un grupo de ex trabajadores de la editorial Bruguera. Tras lo cual, participamos como socios colaboradores en la misma y desde la Asociación de Financiación Solidaria nos centramos en la difusión, concienciación y extensión de la economía social y del uso ético del dinero.

Todavía no habíamos entrado en lo que llamamos la crisis. Pero el clima de euforia financiera que se palpaba a nivel general, era claramente irreal e insostenible. En este contexto nos planteamos evitar que nuestros ahorros fueran utilizados de forma especulativa. Y, a la vez, queríamos seguir siendo impositores de una caja de ahorros; pues todavía valorábamos el papel que desempeñan. Por ello, tomamos la decisión de domiciliar una nómina en la caja y otra en Triodos; así como tener los ahorros entre ambas entidades.

¿Por qué adoptamos esta decisión? El mantener una nómina en la caja tiene parte de comodidad, de pereza, de fidelidad… Hay decisiones que cuesta tomar: no visitar la oficina de la caja del barrio; cambiar domiciliaciones; etc. Aún hoy, que ya no existe la caja, pues es un Banco, mantenemos la cuenta; porque seguimos considerando muy positivamente la obra social que su fundación sigue realizando.

De la oferta que teníamos fuera de las cajas de ahorro, en aquel momento la que más nos convenció fue Triodos. Permitía tener abierta una cuenta desde la que realizar las operaciones más habituales: domiciliar nómina y recibos; realizar transferencias (además sin gastos si no se sobrepasaba cierto número al mes). Tenía para nosotros alguna limitación, como que no disponía todavía de oficina en Zaragoza; y que cuando se abrió no tenía cajero. Pero a través de su banca electrónica podíamos realizar el resto de operaciones.

Por enumerar otras razones, también tuvimos en cuenta que su política laboral es pública y las diferencias salariales entre sus empleados no son grandes; valoramos los criterios sociales y de sostenibilidad que aplica en los créditos que concede; no pretende captar clientes ofreciendo mayores rentabilidades, sino porque se compartan sus valores; cuando se formaliza un depósito, ofrece la posibilidad de destinar un porcentaje de los intereses a la financiación de diversas ONG…

Se trata de un banco que se autocalifica como ético y sostenible; y que sus políticas están determinadas por cuatro valores: sostenibilidad, transparencia, excelencia e iniciativa empresarial. Hasta donde llegamos a conocer, creemos que se corresponde lo que publicita con su operatoria financiera. No obstante, no deja de ser un banco comercial, aunque «con valores».

El momento actual es crucial. Han desparecido las cajas de ahorros; están cambiando las formas y condiciones de operar con las entidades financieras; y surgen nuevas entidades, algunas de carácter cooperativo que aplican criterios solidarios, sociales y éticos.

Es preciso que adoptemos una postura activa y solidaria con la forma de gastar, invertir, ahorrar o donar nuestro dinero. No vaya a ocurrir que en la calle luchemos contra injusticias, que están siendo provocadas con el uso que las entidades financieras dan a nuestro dinero.

*Militantes de la HOAC de Zaragoza.

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