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Construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero

11 agosto 2015 | Por

Construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero

Del 13 al 16 de agosto se celebra en Segovia la XIII Asamblea General de la HOAC. Es la culminación de un proceso de reflexión, diálogo y oración en el que las y los militantes de la HOAC hemos compartido una visión común de la actual situación del mundo obrero y del trabajo, de la situación de la Iglesia, y hemos revisado las propuestas de vida y acción de nuestra XII Asamblea General, celebrada en 2009. Desde esas premisas, la Asamblea servirá para tomar decisiones sobre cómo queremos ser, vivir y actuar en los próximos años como comunidad eclesial que quiere vivir y testimoniar a Jesús en medio del sufrimiento, el empobrecimiento y la inequidad que sufren hoy tantas personas y familias trabajadoras, para seguir construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero, como dice el lema de la Asamblea.

En la HOAC estamos viviendo este proceso asambleario con ilusión y esperanza, pero también con dolor. Son tiempos de mucho sufrimiento en el mundo obrero y del trabajo. La crónica injusticia que padece, resultado de la mercantilización de las personas por la reducción del trabajo humano a mercancía, ha devenido los últimos años en más explotación, más desigualdad, más precariedad vital, más empobrecimiento y exclusión, por la extensión de la inmisericorde lógica mercantil que nos ha llevado a la crisis y que se ha seguido aplicando para la salida de ella. Son tiempos difíciles para muchas personas y familias trabajadoras, víctimas sacrificadas al ídolo del dinero, a un individualismo atroz e inhumano. Son tiempos que reclaman cambios muy profundos en la forma de vivir y de hacer las cosas, para poner de verdad la dignidad de las personas, y en particular las necesidades de los empobrecidos y excluidos, en el centro de la vida social. Son tiempos que reclaman a gritos justicia, trabajo digno y solidaridad. Son tiempos, como dice constantemente el papa Francisco, de poner en primer lugar «la inclusión social de los pobres» para acabar con tanto sufrimiento y hacer posible el ser y el vivir con dignidad de todas las personas. Y, por ello, para la Iglesia, servidora de la humanidad en fidelidad a Jesucristo, son tiempos de hacer plenamente verdad en nuestras vidas que «cada cristiano y cada comunidad cristiana están llamadas a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres» («Evangelii gaudium», 187).

En la raíz de la enorme fractura social, de las desigualdades y el empobrecimiento que padecemos, hay una profunda disolución de lo humano, una gran deformación del sentido de nuestra humanidad. Por eso, estamos convencidos de que responder hoy a las necesidades de los empobrecidos del mundo obrero pasa, más que nunca, por proponer un proyecto de humanidad, la forma de vida que nos muestra y propone Jesucristo como la más plenamente humana. Una propuesta de vida cuyo centro es la comunión en el amor y la libertad, uniendo amor y justicia como camino de realización humana y de construcción de una sociedad justa y fraterna. Hemos construido una sociedad deforme y una humanidad deformada porque hemos seguido un camino que rompe en la práctica la dignidad humana; el camino de poner en primer lugar la búsqueda del propio interés, conveniencia o gusto, creyendo que así podemos ser felices y realizar nuestra humanidad. Pero no, ese camino es el que provoca injusticia, empobrecimiento e inhumanidad, porque nos aleja de nuestra vocación a la comunión. Necesitamos redescubrir que nuestra humanidad crece cuando ponemos en el centro al otro, buscando ante todo que el otro pueda vivir. Así podremos construir relaciones personales y sociales humanas, justas y fraternas. Solo así. Este es el cambio de raíz que necesitamos. Esa es la propuesta de vida que necesita nuestra sociedad, nuestro mundo obrero y del trabajo, y la que necesitamos vivir con más intensidad la Iglesia y, en ella, la HOAC, haciendo más realidad en nuestra vida que «cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal…, la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión» («Evangelii gaudium», 10).

Pedimos a Dios que nuestra XIII Asamblea General la aprovechemos como una oportunidad para crecer en esta manera de ser y de vivir.

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