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Empleo cada vez más precario e inseguro

22 julio 2015 | Por

Empleo cada vez más precario e inseguro

Francisco Porcar | Según el Informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) «Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. El empleo en plena mutación», correspondiente a 2015 (un resumen de las conclusiones y el texto completo pueden encontrarse en www.ilo.org), el empleo es cada vez más precario e inseguro, y se está alejando del modelo «estándar» de asalariado dependiente directamente de un empleador, con trabajo estable y a tiempo completo, vinculado a prestaciones sociales. De hecho, tres cuartas partes de los trabajadores y trabajadoras están empleados ya sea con contratos temporales o de corta duración, en empleos informales, con frecuencia sin contrato, como trabajadores por cuenta propia o en empresas familiares sin remuneración.

Además del crecimiento del desempleo, que en 2014 sufrían 201 millones de personas, 30 millones más que en 2008, y de la incapacidad del modelo económico global de generar empleos suficientes, los datos de la distribución de los trabajadores en lo que son en realidad diversos modelos de empleo son muy elocuentes. En el conjunto del mundo, solo el 26,4% de los empleados lo son como asalariados permanentes; el 25,1% como asalariados temporales, con o sin contrato; y el 46% por cuenta propia o como trabajadores familiares sin remuneración. Seis de cada diez trabajadores empleados lo están a tiempo parcial o solo de forma temporal y las mujeres sufren especialmente esta situación. Pero los datos varían mucho según grupos de países. En los países de ingresos bajos, los porcentajes señalados son del 5,7%, el 12% y el 81,2% respectivamente. En los países de ingresos medios, el 13,7%, el 30,9% y el 53,2%. Y en los de ingresos altos, el 64,2% son asalariados permanentes a tiempo completo y el 12,5% a tiempo parcial; el 9,9% son temporales con contrato o sin él; el 10% por cuenta propia o trabajadores familiares no remunerados.

El modelo «estándar» de empleo nunca ha sido predominante en las economías más pobres y en las más ricas lo es cada vez menos. En las llamadas «economías emergentes y en desarrollo», si bien se ha producido un cierto fortalecimiento de los contratos y las relaciones de empleo, este sigue siendo en muchos casos informal, y la utilización de contratos de muy corta duración y de horarios de trabajo irregulares se está generalizando, particularmente en los tramos inferiores de las cadenas de suministro mundiales.

La OIT subraya que esta creciente inseguridad y precariedad del empleo repercute en un mayor empobrecimiento y en una creciente desigualdad, además de generar importantes problemas en el funcionamiento de la economía para responder a las necesidades humanas. Los salarios crecen muy por debajo de la productividad. Todo esto supone grandes retos para las políticas y las instituciones en torno al modelo de empleo. Plantea la necesidad de que las políticas públicas no solo se ocupen del modelo «estándar», sino de asegurar una protección adecuada para los trabajadores y trabajadoras ocupados en todos los tipos de empleo.

Debido a esta profunda transformación del mundo del trabajo, dice la OIT, son imprescindibles políticas que amplíen y desarrollen la cobertura de la protección social. La cobertura insuficiente de la protección social y los criterios que en la práctica determinan que solo pueden beneficiarse de la mayoría de las prestaciones las personas que tienen contratos de trabajo regulares, limitan el alcance de la contribución que los sistemas de protección social pueden hacer a muchos trabajadores, cada vez más lejos del modelo «estándar».

También la reglamentación laboral necesita cambios para proteger efectivamente a todos los trabajadores y trabajadoras. El camino es la universalización de las normas fundamentales del trabajo y un marco de diálogo social efectivo para abrir nuevos caminos, porque hay caminos que no conducen a nada digno del ser humano. En este sentido, la OIT señala que algunos países, especialmente en Europa, han introducido en los últimos años cambios que han reducido el nivel de protección de los trabajadores, con el objetivo, se dice, de estimular el crecimiento del empleo. Sin embargo, la experiencia dice que la reducción de la protección de los trabajadores no conlleva una reducción del desempleo, más bien al contrario, porque precariza y hace más inseguro el empleo.

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