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Madres solas, corazón sin límites

03 julio 2015 | Por

Madres solas, corazón sin límites

Antonio Quintana y José Luis Palacios | Hogares monoparentales, mujeres con hijos adoptados, progenitoras en solitario… son algunas expresiones a las que recurrir para intentar definir la realidad de dos mujeres valientes que han tenido que superar un sinfín de obstáculos para convertirse en madres, una palabra que no necesita aditamentos.

Rosi Castro y Alicia Sánchez tienen en común muchas cosas. Ambas son canarias, ambas pertenecen a la HOAC y ambas han creado sus propias familias estando solteras. Estadísticamente figurarían dentro de las familias monoparentales que se definen como aquellas compuestas por un solo progenitor (varón o mujer) y uno o varios hijos.

Paradojas de la vida (o no), las dos son madres de menores nacidos en países castigados por los terremotos. Alicia pudo incluir en su libro de familia a Rashmi, originaria de Nepal, en 2007. Rosi dos años después a Rafa, de Honduras.

La idea de la adopción había rondado siempre la cabeza de Alicia. «Me decidí a ello cuando ya se iba acercando la treintena. Pasé casi diez años en espera para la adopción nacional, y decidí planteármelo con la internacional, quería ser madre y no abuela», cuenta esta administrativa de la sanidad. Muy parecido lo expresa Rosi, maestra infantil: «Siempre sentí pasión por los niños y niñas…, en 2001, cuando llegué a los 30 largos y no había tenido hijos, tomé la decisión de adoptar».

La elección del país de adopción suele determinarse por pequeñas casualidades: En el caso de Rosi, por su relación con «una asociación promovida por el Padre Larrosa desde una parroquia obrera en Tegucigalpa, Honduras». La intervención de una trabajadora social en la vida de Alicia marcó Nepal a sangre y fuego en su corazón. «Me animó a que adoptara en Nepal, ya que el intento en Colombia, fue nefasto (la agencia intermediaria cerró, la consejería de Bienestar Social no autorizó la adopción de un niño mayor “de la calle a una mujer sola”)».

Una decisión de este calibre suele verse puesta a prueba por las dificultades de todo tipo que sobrevienen durante el «parto administrativo». Como «calvario» lo califica Rosi. Alicia preferiría no acordarse de lo que pasó, pero la experiencia de la espera, le hace decir que «parir es doloroso, pero esto fue un parto muy duro».

No es para menos, entre «el día más feliz de su vida», cuando le comunicaron a Alicia la asignación de una niña de tres o cuatro años, que acababa de llegar a un orfanato y vio su fotografía y la vuelta a España con Rashmi se sucedieron un primer viaje para conocerse, problemas políticos, cierre de las adopciones en el país de origen, y finalmente un acuerdo con el nuevo gobierno constituido en Nepal. No menos empinado se puso el camino, que debía conducir a Rosi hacia su hijo. El viaje inicial coincidió ni más ni menos que con un golpe de Estado. Tuvo que esperar seis meses para poder volver reunidos a Canarias.

Pero los obstáculos se desvanecen al primer contacto de la criatura ansiada. «Enseguida congeniamos, es un niño alegre y vivaracho que estaba sano y ansioso por descubrirlo todo», recuerda Rosi, que piensa que fue él quien le adoptó a ella, «cuando se agarró de mi mano el primer día que nos vimos y me dijo: “a jugar, mami”, y entre nosotros se había establecido un vínculo muy fuerte, que no sabría describir con palabras».

Alicia describe así el primer encuentro: «Una morenita, delgadita, tan poquita cosa, intuitivamente vino hacia mí (no sabía quién iba ser su madre), me dio un vuelco el corazón». En esos momentos crece una fuerza hasta entonces insospechada, que a ella le sostuvo el año y medio que transcurrió hasta el regreso, convertidas ya en una familia.

Estos hogares se amueblan también con las mochilas que a cada uno le tocó en la vida. Rosi admite que «nos dejamos en Honduras un trocito de nuestro corazón y seguimos manteniendo ese vínculo». Alicia, por su parte, reconoce: «Mi niña traía una mochila cargada de duras experiencias que me contó a los seis meses de estar conmigo, cuando ella ya dominaba la lengua de tal manera que no se le quedara nada en el tintero», completa. Alicia y Rashmi siguen cerca a la comunidad nepalesa que vive en Gran Canaria.

Más que madres solteras son madres coraje que han vencido infinidad de inconvenientes y que están dispuestas a enfrentarse a las vicisitudes propias de la vida familiar. Son progenitoras únicas que han sabido rodearse de afectos y apoyos. «Gracias al apoyo de mi familia y de mi equipo de la HOAC, y la experiencia de otras familias adoptantes, pude superar la durísima espera. No tuve dolores de parto pero sí de corazón», admite Rosi. Alicia reconoce que «sabía desde el principio que yo iba a ser madre-padre, pero esa figura ella siempre la ha buscado en mi hermano, sin llamarle papá, y la figura de las hermanas en las hijas de este».

Rosi habla de su hijo sin disimulos: «Rafa es un amor de hijo, el mejor que pude soñar, está plenamente integrado y feliz, su adaptación fue muy buena, vive con naturalidad nuestra condición de familia adoptante pues conoce sus orígenes y evoluciona como cualquier niño o niña junto a familiares y amigos».

«Mi experiencia como madre es como la de cualquiera otra madre, con mis aciertos y errores», admite Alicia, quien tampoco ahorra calificativos para hablar de su hija: «Rashmi es una niña muy querida, por la familia, por mi equipo, por los y las militantes. Ella me dice que es muy feliz, y esa es la mayor recompensa que una madre puede tener». Rosi concluye: «Somos una familia obrera y cristiana más dentro de la diversidad de familias que existen». Las etiquetas quedan hechas añicos cuando el corazón desborda los límites.

¿Qué dice la Iglesia?

«Naciendo del amor y creciendo en él, la solidaridad pertenece a la familia como elemento constitutivo y estructural (…) una solidaridad que se abre a la acogida, a la tutela o a la adopción; que sabe hacerse voz ante las instituciones de cualquier situación de carencia, para que intervengan según sus finalidades específicas», Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 246.

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