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Trabajo infantil

12 junio 2015 | Por

Trabajo infantil

Francisco Porcar | El 12 de junio es el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Este año la Organización Internacional del Trabajo (OIT) propone centrar la atención en la importancia de una educación de calidad para todos los niños y niñas como un factor clave en la lucha contra el trabajo infantil. Este mismo año, la comunidad internacional está revisando los Objetivos del Desarrollo para establecer nuevos objetivos y estrategias, y el fracaso ha sido notable en lo referido a la educación. El Objetivo propuesto era lograr la total escolarización, al menos en la educación primaria. Pero los últimos datos de la UNESCO dicen que 58 millones de niños y niñas en edad de escolarización primaria y 63 millones de adolescentes en edad de escolarización secundaria, no están todavía escolarizados. Otros muchos que sí lo están no asisten a la escuela de forma regular. El trabajo infantil influye mucho en estos dos hechos.

Gracias a las medidas adoptadas, el número global de niños y niñas en situación de trabajo infantil se ha reducido cerca de un 30% desde el año 2000 a la actualidad (el 40% de reducción en las niñas y el 25% en los niños). Se ha pasado de 246 millones a 168 millones. De ellos, más de la mitad, 85 millones, siguen ocupados en trabajos especialmente peligrosos, si bien la reducción ha sido mayor en este caso, pues en 2000 eran 171 millones los niños y niñas en trabajos peligrosos. Hay que dar gracias por los avances logrados, pero hay que seguir diciendo que es una situación inaceptable que hay que erradicar totalmente. Los niños y niñas víctimas de esta situación casi siempre ven condicionado de forma negativa su futuro. Pero, sobre todo, ven negado su derecho a ser lo que son, niños y niñas.

Por regiones, la de Asia y Pacífico continúa registrando el número más alto de niños trabajando (78 millones, que representan el 9,3% de la población infantil de la región). Pero es el África subsahariana donde se sigue registrando la más alta incidencia del trabajo infantil, con mucha diferencia (el 21%, con 51 millones). En América Latina y el Caribe hay 13 millones (el 8,8%), en Medio Oriente y África del Norte 9,2 millones (8,4%).

Por sectores laborales, la agricultura continua siendo de lejos el sector con mayor número de niños y niñas trabajando (98 millones, el 59% del total), pero también es muy alto el número en los servicios (54 millones) y la industria (12 millones). En la mayoría de los casos son trabajos en la economía informal.

La causa principal del trabajo infantil es muy clara: la pobreza de las familias que, a la vez, se reproduce para las futuras familias de los niños y niñas víctimas del trabajo infantil. Los adultos que fueron niños y niñas trabajadores tienen muchas más probabilidades de realizar trabajos mal remunerados, de encontrarse en situación de subempleo o permanente inestabilidad laboral, o de desempleo. Igualmente, es también más probable que sus hijos caigan también en una situación de trabajo infantil. La pobreza de estas familias está estrechamente vinculada a la falta de empleos decentes para los adultos, a la falta de una adecuada protección social y de acceso a bienes básicos, como es el caso de la escuela, al menos hasta la edad mínima legal de admisión al empleo.

La OIT subraya que romper este círculo vicioso es un desafío a nivel mundial y para ello la educación desempeña un papel clave. Muchos niños y niñas trabajadores no asisten a la escuela. Otros combinan la escuela con el trabajo, a menudo en detrimento de la educación. En muchos países las escuelas disponibles para las familias pobres no cuentan con los recursos suficientes, con muy malas instalaciones, con las aulas sobrecargadas, con escasez de personal docente, o simplemente sin escuelas, sobre todo en las zonas rurales. Invertir como prioridad en resolver estas carencias es fundamental para combatir el trabajo infantil y garantizar el derecho de niños y niñas, y de las familias, a una educación de calidad y asequible. Pero, a la vez, el trabajo decente para los adultos y una adecuada protección social, son decisivos para lograr la escolarización de todos los niños y niñas.

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