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28 de abril, en defensa de la vida

28 abril 2015 | Por

28 de abril, en defensa de la vida

Francisco Porcar | El 28 de abril es la Jornada Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. La Organización Internacional del Trabajo y el movimiento sindical internacional nos convocan a centrar la atención en una situación extremadamente grave: las condiciones de trabajo que atentan contra la seguridad y la salud de trabajadores y trabajadoras. El derecho a ambientes y condiciones de trabajo que no pongan en peligro la seguridad y la salud es un derecho fundamental de las personas. Pero que se viola sistemáticamente en el mundo, con un resultado catastrófico: 6.300 trabajadores y trabajadoras mueren, ¡cada día!, por accidente o enfermedad laboral. Además, es una situación perfectamente evitable, porque su raíz y causa fundamental está en el sometimiento de la vida de las personas a la rentabilidad económica. Tenemos los conocimientos y los medios para evitar la inmensa mayoría de esas muertes, que son un crimen contra la humanidad. La lucha por condiciones seguras de trabajo es esencial para defender la vida.

Este crimen contra la humanidad adopta a veces un absoluto descaro. Un ejemplo entre otros muchos: el pasado 19 de febrero, 8 mineros murieron y otros 14 quedaron heridos en una explosión de metano en una mina de carbón en Nasir (Pakistán). Ya ha habido otros accidentes así en esta mina que forma parte del gran yacimiento de carbón Duki, en el que hay 300 minas legalmente registradas y otras decenas ilegales. Debido a la falta de medios de salvamento en el lugar, los servicios de socorro tuvieron que trasladarse desde 200 kilómetros de distancia y tardaron 15 horas. Los sindicatos denuncian que las medidas de seguridad son prácticamente nulas y que los inspectores no verifican dichas medidas ni controlan las peligrosas emisiones de metano. Según un funcionario, que denuncia esto mismo de forma anónima por temor a represalias, «los inspectores visitan las minas de carbón semanalmente para cobrar sobornos y no entran en la mina».

En otros muchos casos la situación es menos descarnada, pero igualmente criminal. Muchas veces no trasciende del ámbito local, haciéndose menos visible socialmente. Menos visibles aún, pero no menos graves, son las condiciones de trabajo que van matando lentamente o lesionando gravemente la salud física, como ocurre con las enfermedades laborales. Y menos visible todavía es el deterioro de la salud mental por las condiciones de empleo. En este último sentido hay otra dimensión del problema que desborda lo que normalmente solemos considerar: no solo se trata de las condiciones inhumanas de trabajo, sino también de la brutal presión que sufren trabajadores y trabajadoras por el desempleo o el miedo a perder el empleo, porque su seguridad vital depende del empleo, en un modelo laboral donde trabajadores y trabajadoras son frecuentemente instrumentalizados y tratados como mercancías de usar y tirar.

Un reciente estudio de la Universidad de Zurich, realizado en 63 países, afirma que al menos 45.000 de los suicidios registrados cada año en el mundo (uno de cada cinco) está relacionado con el desempleo o el miedo a perder el empleo. Es una situación que deteriora gravemente la salud mental de muchas personas. Por su parte, desde la Universidad de Manchester, se considera que estos datos no son más que «la punta del iceberg». Muchas personas que mantienen su empleo también sufren un grave deterioro, por la precariedad y el miedo a perder el empleo, por tener menos ingresos, por deudas, desahucios… Desempleados y trabajadores con este miedo sufren ansiedad, autolesiones no mortales, desánimo y desesperanza profundos, más problemas con el alcohol, más conflictos familiares y rupturas de pareja… Hombres y mujeres de todas las edades son igualmente vulnerables a las consecuencias del desempleo. En no pocos casos, el deterioro se produce también por el hecho de que se trabaja más horas y en peores condiciones y son salarios más bajos, con la esperanza de salvar el empleo.

Foto: Mina de carbón Duki, en Pakistán, donde los accidentes son recurrentes. 

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