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Rescatando la imagen femenina de Dios

05 marzo 2015 | Por

Rescatando la imagen femenina de Dios

HOAC Madrid | A primeros de este curso, cerca de 30 personas militantes y simpatizantes de la HOAC de Madrid asistimos a un encuentro de profundización sobre lo que puede aportar la Teología Feminista a la sociedad, a la Iglesia y a la militancia en nuestros días.

Tuvimos como ponente a la teóloga Mª Luisa Paret, miembro del colectivo Mujeres y Teología de Madrid. Una mujer laica, que además es madre de familia.

En ese día y medio tuvimos ocasión de constatar el ocultamiento intencionado a que se ha visto sometido el conocimiento y profundización en la figura de muchas mujeres significativas que aparecen en las Escrituras, especialmente las que han sido referentes en el seguimiento de Jesús y/o en el desempeño de tareas de liderazgo y responsabilidad en sus comunidades. Así sucedió, de hecho, en los primeros siglos del cristianismo, en los que el avance e implantación de la fe en los distintos territorios se debió en gran parte a mujeres seguidoras de Jesús que dieron cobertura en sus casas a las comunidades nacientes y las lideraron.

Tres siglos después de esta implantación, la exclusión y la invisibilidad de la experiencia de fe de las mujeres se convirtió en norma a la hora de hacer teología. El carácter sagrado del “ser varón”, el androcentrismo, propició un sistema lingüístico y cultural que excluyó a las mujeres de la interpretación de los textos. A partir de ahí, el marco desde el que se traducen e interpretan las Escrituras es patriarcal: la mujer no representa la divinidad de Dios.

Por ello, y en diálogo y debate crítico con el feminismo, surge y se construye la Teología Feminista, con la Fe como principio teológico, construyendo la propia autoridad y empoderamiento de las mujeres como sujetos activos en la experiencia del conocimiento de Dios, reivindicando la diferencia como riqueza y no como causa de discriminación, cuestionando el poder (como hizo Jesús) si no está destinado al servicio de los más débiles.

Abriendo nuevas vías de interpretación de la Tradición, nuevos análisis filológicos y literarios desde la perspectiva de género, exigiendo una revisión crítica de los textos, replanteando la importancia de la corporalidad, el papel de los sentimientos en la vida y en la fe, profundizando en la espiritualidad política de la Resistencia y en la ética de la Transgresión. Desde una espiritualidad feminista que surge de la experiencia de sentirse amadas por Dios y desde una espiritualidad de la compasión ecológica, que lleva a la denuncia del sistema que provoca el desarraigo de millones de personas.

Y se construye a partir de varias líneas-fuerza:

♦ Las mujeres somos sujetos de pleno derecho en la Iglesia y debemos asumir responsabilidades en ella, como seguidoras de Jesús que somos.

♦ Recuperar el testimonio de tantas mujeres que construyeron comunidades proféticas y lo siguen haciendo ahora desde sus comunidades de origen. Recuperar también la figura de María de Nazareth, primera creyente y discípula de su hijo Jesús, más allá de ser esposa y madre.

♦ Rescatar la imagen femenina de Dios en la Biblia, expresada de múltiples formas.

♦ Tomar conciencia de nuestro compromiso bautismal en el que toda discriminación por razón de sexo, raza, género, estado, queda superada. Nuestra acción no debe ser solo de apoyo sino desarrollando nuestros carismas dentro de la acción eclesial.

♦ Llamando a la Iglesia a reconocer la plena participación de las mujeres en la vida eclesial y en el ejercicio de cualquiera de sus ministerios, incluido el diaconado (de larga tradición en las primeras comunidades) y la ordenación.

♦ Eliminar el lenguaje patriarcal y sexista de celebraciones, homilías, textos y documentos.

♦ Elaborar una Teología desde la experiencia, poniendo nombre a lo que vivimos, sentimos y pensamos las mujeres.

♦ Trabajar y transmitir el espíritu ecuménico y el diálogo interreligioso, impulsando a que la Iglesia tome sus decisiones desde el Evangelio y no desde la política, que no se alíe con los poderosos y con opción preferencial por los excluidos/as de la sociedad. Que asuma como preocupación fundamental el problema de la pobreza y la enfermedad en el mundo, en especial de mujeres y niños/a.

En definitiva, alumbrando una nueva Iglesia en un mundo en crisis.

Tuvimos momentos de oración, celebración de la Eucaristía, y puesta en común de nuestras vivencias. Muchas de las aportaciones apuntaban al soplo de “aire fresco” que supone todo lo que plantea esta Teología; a la llamada al cuestionamiento permanente de la realidad que nos rodea; a intervenir de una forma más activa en la lucha por la igualdad; a trabajar por la dignificación de las mujeres; a eliminar el lenguaje sexista; a incorporar la visión de género en nuestros análisis y materiales, rescatando la figura de las mujeres en nuestros planteamientos teológicos; a trabajar por el cambio de la estructura patriarcal de la Iglesia, caminando hacia la inclusión y el protagonismo de las mujeres…

Lo que está claro es que las mujeres aspiramos a algo más que a la sumisión y la subordinación y que, además, se hacen necesarias nuevas imágenes de Dios para la humanidad, que corrijan las que han sido impuestas por la cultura masculina durante siglos, que nos vayan acercando a la imagen del Dios Madre y Padre, del lado femenino de Jesús puesto de manifiesto en tantos pasajes del Evangelio y de la Ruah, el Espíritu femenino de Dios, que alienta hacia una nueva forma de ser y hacer Iglesia.

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