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El Reino: garantía futura, pasión presente

26 julio 2017 | Por

El Reino: garantía futura, pasión presente

Jorge Hernández Duarte | Retomamos a Mateo en la serenidad del tiempo ordinario, en este mes de julio. Sigue mostrando las obras y palabras de Jesús. Aunque, ahora, más las palabras.

Los exégetas se devanean en la búsqueda de un esquema para lograr ordenar este Evangelio, pero no resulta fácil, y no hay acuerdo; para unos es una emulación del Pentateuco para decir que Jesús es más que Moisés, para otros es una estructura más quiástica donde el discurso central está en el capítulo 13, otros se inclinan por un modelo más geográfico…

En cualquier caso, el capítulo 13, que ahora nos interesa, es muy importante, es el discurso de las parábolas del Reino. Si nos hiciéramos la pregunta sobre: ¿qué era lo central para Jesús?, ¿cuál era su causa?, ¿cuál era el núcleo de su predicación? Sin duda alguna: el Reinado de Dios, el Reino del Abba.

Y cuando un oyente de Jesús escuchaba que el Reino de Dios se acercaba o que el Reino se parecía a algo…, ¿qué imágenes se le formaban en su mente? Aquellas que los profetas habían descrito y que el salmo 71 dice tan bellamente: «…que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad».

La liturgia del mes de julio introduce este capítulo con un texto genial donde Jesús, claramente, señala los destinatarios preferidos de ese Reino, la «gente sencilla»” (11, 25-30) para los que no es carga sino alivio y descanso, es propuesta de liberación, que necesita de terreno abonado, necesita de respuestas, necesita de fruto. Con qué facilidad la parábola del sembrador desenmascara las distintas actitudes frente al Reino: a unos que no les interesa, «no me compliquen la vida», otros, los impulsivos los del «todo hoy y mañana desaparecen»; otros, cuando las presiones de los grupos y del sistema los hacen sentir raros, se van; otros acogen, luchan y se convierten en motivo de esperanza (13, 1-9).

Pero este Reino muchas veces no es fácilmente identificable, sus palabras, sus sueños, su lenguaje, sus símbolos son utilizados por el sistema para pescar en sus mares, para cosechar en sus tierras y confundir. Necesitamos el discernimiento, paciencia, tiempo (13, 24-30).

Es Reinado de Dios pero es de tierra, de raíces, de harina y masa, no cae del cielo, ni se hace en el cielo, es tarea en esta vida, en nuestra historia; no es espectacular, pero dónde nace transforma a las personas, los ambientes, las estructuras, deja su impronta porque es luz y sal, es grano de mostaza y arbusto, es levadura en la masa… (13, 31-33). Es buena noticia.

Es propuesta de sentido para la vida, puede llenarlo todo, puede hacer que muchos lo vendan todo, lo dejen todo por vivirlo, anunciarlo, construirlo en la cotidianidad de la vida. Esto y más ha hecho que mucha gente invierta sus vidas, toda la vida, al servicio de esta causa (13, 44-46).

Es esperanza ya para los empobrecidos, los deprimidos, los marginados, los que lloran, los sufridos, los que luchan por la paz y la justicia, los limpios de corazón, los pacientes, los perseguidos.

Es un proyecto con garantías de futuro y pasión de presente, es posible hacerlo ya y que la gente lo vea y lo sienta, y es a la vez promesa del Dios dispuesto a completar el resto, porque en él se juega su prestigio.

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