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Resucitar en el mundo del trabajo

16 mayo 2017 | Por

Resucitar en el mundo del trabajo

Jesús Espeja  |  Mientras unos trabajamos, otros buscamos trabajos, todos soñamos con un trabajo digno y muchos nos vemos sumergidos en el paro. ¿Cómo celebrar en estas situaciones la resurrección de Jesús?

Con frecuencia se interpreta la resurrección de Jesús como un milagro, una intervención prodigiosa de Dios que premia el buen comportamiento de su servidor. Nos imaginamos a la divinidad sentada en su trono allá en el cielo que arbitrariamente actúa y saca del sepulcro al muerto. Esa divinidad fabricada por nuestras mentes calenturientas nada tiene que ver con el Dios revelado en Jesucristo, Abba, ternura infinita, más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad, que a todo da vida y aliento.

Animado por esa Presencia de amor, capaz de llamar las cosas que no son para que sean, la resurrección de Jesús como victoria sobre la muerte, no fue solo un acontecimiento aislado. Tuvo ya lugar a lo largo de su existencia: pasó por el mundo haciendo el bien, curando heridas y combatiendo a las fuerzas diabólicas que alienan y tiran por los suelos a las personas. Su conducta fue ya el paso de Dios dando vida y venciendo a la muerte.

Sin embargo, aquella conducta histórica rubricada en la cruz no venció la muerte y abrió un camino de vida por el sufrimiento que supuso ni por el éxito palpable que tuvo en el cambio de la sociedad judía injustamente organizada. La victoria sobre la muerte tuvo lugar por el amor con que Jesús curó enfermos, hizo suya la causa de los excluidos, lamentó la cerrazón de los arrogantes y combatió las causas de la injusticia aceptando el conflicto que le llevó al suplicio. Esa entrega total fue posible porque respiró de modo único su intimidad con el Abba que es amor y quiere la vida digna para todos.

Muchas veces pienso con pena en mujeres y hombres que no encuentran siquiera un trabajo para vivir como personas. En una sociedad donde se valora casi exclusivamente ganar dinero, las personas en paro forzoso no pintan nada, sobran…, ¿qué más se puede hacer contra su dignidad? Aunque tampoco humaniza el trabajo cuyo valor se mide únicamente por la rentabilidad económica.

La inspiración y la garantía de que se promueve la vida venciendo a la muerte cuando se trabaja con salario justo, cuando uno tiene que agarrarse a lo que puede, o cuando incluso no encuentra un puesto de trabajo que rinda económicamente para sobrevivir, es la experiencia de Dios-amor que ocurra lo que ocurra, nunca nos abandona. Motivados por esa presencia de amor seremos capaces de no ceder a la codicia, de no aceptar al trato irreverente de las personas, de ser creativos, y de unirnos para combatir y erradicar las causas de la injusticia. Es verdad que a veces, ante la sorda y muda violencia en el funcionamiento del sistema, nos amenazan el desánimo y la resignación. La mejor manera de celebrar la resurrección de Jesús es avivar el amor sembrado en nuestros corazones por el espíritu del Resucitado, que se hace compasión indignada viendo el deterioro humano y compromiso por la justicia en situaciones de injusticia. Es el camino para la resurrección o victoria sobre la muerte.

De Dios amor, siempre inabarcable y mayor en su misma cercanía todos los seres somos imagen; con nosotros y en nosotros siembra y promueve la vida venciendo la muerte en la lentitud de nuestro ritmo humano.

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