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El Sínodo sobre la familia

05 septiembre 2014 | Por

El Sínodo sobre la familia

El Sínodo de los Obispos sobre «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», que se desarrollará en dos momentos de los años 2014 y 2015, es una preciosa oportunidad de toda la Iglesia para crecer en un mejor servicio a las personas y a la sociedad y en ser más y mejor una Iglesia «pobre y para los pobres», como desea el Papa Francisco y a lo que nos llama constantemente la fidelidad al proyecto de Jesús de construir una sociedad fraterna.

Es una oportunidad por la importancia vital de la familia para las personas y para la sociedad, por los muchos desafíos que presenta la actual situación económica, laboral, social y cultural a la vida de las familias, y por el inmenso valor que tiene para todo lo humano el Evangelio de Jesucristo. Aprovechar esta oportunidad depende no solo del trabajo de la Asamblea de Obispos, sino también de lo que seamos capaces de hacer todas las comunidades cristianas. Nuestro desafío común es encontrar caminos concretos para acompañar desde Jesucristo a las familias y colaborar a abrir a una realización más plenamente humana la vida concreta de las familias en toda la diversidad de sus situaciones.

El Instrumento de Trabajo, elaborado para el Sínodo, después de un importante proceso de aportaciones desde las iglesias particulares, es de una gran riqueza para ello. Especialmente importantes nos parecen la perspectiva que propone para abordar toda la realidad de la familia y la preocupación esencial que sugiere debe guiar toda la acción de la Iglesia sobre la familia.

La perspectiva, como recuerda insistentemente el Papa Francisco, debe ser la misericordia. No son los moralismos la manera de abordar las situaciones de las familias. Los moralismos no nos ayudan a crecer en humanidad. Solo lo hace posible la misericordia, de la que nace una moral de libertad y responsabilidad. Nuestra perspectiva debe ser buscar vivir desde el amor concreto, incondicional y gratuito a las personas y familias concretas, acogiendo sus diversas situaciones. La misericordia, que lleva a poner la vida al servicio de que los otros vivan, debe marcar toda nuestra labor pastoral. ¡Ojalá sepamos encontrar caminos concretos para crecer en que nuestra mirada a las familias, nuestras propuestas, nuestra acción…, sean siempre y cada día más expresión de esa misericordia que acoge, es humilde, sirve…, y nunca condena!

La preocupación esencial es colaborar a que crezca la calidad humana de las relaciones en el seno de las familias y de ellas con el resto de la sociedad, porque lo que estamos llamados a proclamar, proponer y promover es «el anuncio de la belleza de la vocación al amor». En este sentido es decisivo proponer una visión abierta de la familia para transformar el individualismo que nos asfixia. Una visión centrada en el amor y la comunión que nace del amor. Como dice Francisco, «sin un amor fiable, nada podría mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podría concebir solo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegría que la sola presencia del otro puede suscitar» («Lumen fidei», 51).

Así, creemos que la clave está en cómo construimos una relación justa y humana entre persona, familia y sociedad*. La persona es un ser vocacionado para amar y ser amado, y para construir la comunión que es fruto del amor y sostén de la realización de la persona y de su felicidad. La familia está llamada a ser la primera manifestación del amor de la persona, primera expresión de comunión. La persona necesita de este ámbito de amor y comunión que debe ser la familia para realizarse en plenitud. Y la sociedad debe organizarse para que la persona y la familia puedan desarrollarse con arreglo a esta su vocación más profunda. Cuando esto ocurre, la familia se inserta en la sociedad irradiando en ella el amor y la comunión que la constituyen. La comunión familiar aspira a convertirse en comunión de la familia humana, en sociedad de comunión. La familia es para la sociedad, para realizarse en ella amando y construyendo comunión.

Desde la misericordia y esta vocación al amor y la comunión sí podemos afrontar con realismo y esperanza las diversas situaciones por las que atraviesan las familias.

*Comisión Permanente de la HOAC, «Un trabajo digno para la familia, una familia para la vida», Madrid 2006.
Publicado en el nº 1563 de NNOO, mes de septiembre de 2014
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