Jesucristo envió a sus discípulos para que las gentes, «viendo vuestras buenas obras, alaben al Padre que está en los cielos». Pero el cristianismo egoísta que tanto hoy se practica hace caso omiso de las buenas obras, limitándose a buenas palabras. Por eso, tanta gente al ver las malas obras de los llamados cristianos maldicen al Padre que está en los cielos (Guillermo Rovirosa, OC TII, pág. 458).
11 Domingo TO_compressed
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