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Yo soy la resurrección y la vida…

05 abril 2026 | Por

Yo soy la resurrección y la vida…

José Alberto Úbeda (19/10/2025), hermano de Pilar, militante de Ávila. Ignacio Peláez (30/11/2025), consiliario de Granada. Rosario Serrano (02/12/2025), militante de Madrid. Patricia López Lucio (21/12/2025), hermana de Nora Tudela, militante de Getafe. Bernardo Montoya (07/01/2026), padre del obispo consiliario Santos. Hilario Díaz (09/01/2026), padre de Fátima, militante de Canarias. Daniela López (11/01/2026), madre de Alfonso Gallego, militante de León. Isabel Sánchez (12/01/2026), madre de José Luis Giménez, militante de Mérida-Badajoz. Martín Zamora (13/01/2026), consiliario diocesano de Soria. Begoña Pesquera (17/01/2026), madre de Juan Antonio Rodríguez, militante de la HOAC de Bilbao y Mari Carmen García de Albizum (13/01/2026), su suegra. Manuela Álvarez García (27/01/2026), suegra de Alfonso Hernández, militante de Ávila. Román Bilbao (08/02/2026), consiliario de Bilbao. José Salom (15/02/2026), padre de José, militante de Castellón. Angelita García Sánchez (17/02/2026), madre de Joan Carles, militante de Valencia. Blanca Raposo González (24/02/2026), hermana de Clara, militante de Lugo. Encarnación Haro Vázquez (21/02/2026), madre de Esther Concepción, militante de Valencia. Olimpio Fuentes (06/03/2026), padre de Santiago, militante de Madrid. Madre (06/03/2026) de Giselle Dacosta, militante de Bilbao.

«Yo soy la resurrección y la vida…» (Jn 11, 25) nos decía Jesús en el Evangelio de Juan el quinto domingo de Cuaresma, ¡todo un canto a la vida! Ante la respuesta formal de Marta que responde con el «catecismo» del judaísmo más avanzado del grupo de los fariseos, Jesús le responde que ya estamos en la vida y que la vida para siempre ya empieza aquí. En Jesús, esa expresión popular «somos hijos de la muerte» cuando se quiere transmitir el pésame, no nos vale. Para Jesús somos hijos e hijas de la vida, que proclamamos un Dios Padre/Madre de «personas vivas y no de gente muerta» (Mt 22, 32), con Él vivimos para siempre; somos Cuerpo Místico unidos al ya Resucitado y por Él ya incluidos en esa danza Trinitaria; y, como dice Rovirosa, «la Gracia hace posible que la Vida Trinitaria sea mi propia vida» (Obras completas de Guillermo Rovirosa, TI, pág. 116).

La resurrección de Lázaro es el signo más expresivo de que la vida, y la vida para siempre, ya está plantada en nosotras y nosotros. Lázaro volvió a pasar por el arco de la muerte, pero ya sabía que aquel no era el final, tuvo la certeza de haber experimentado el otro lado de la vida.

Es verdad que antes de llegar a la Pascua, al abrazo del gran día, puede que esta parte de la vida se nos haya hecho corta, para otras un viernes santo largo y doloroso, para otras el miedo les acobarda…, pero Jesús nos abre a la esperanza que es vida en Él. En Jesús hemos aprendido a vivir sabiendo que tenemos una meta, al final hay fiesta y brindis por la vida.

Quienes han cruzado el umbral también nos esperan y siguen muy cerca; para nosotras y nosotros es esperanza urdida en el tiempo, para ellas y ellos ya estamos, porque la medida del tiempo desaparece en un Dios para el que el amor es un constante presente que nos envuelve en su ternura y misericordia. Byung-Chul Han dice que «la clave fundamental de la esperanza es la venida al mundo como nacimiento» y no podemos decir menos creyendo que también la muerte es otro de los nacimientos que tenemos en la vida, pero este es totalmente innovador, todo un Dios que quiere sorprendernos incorporándonos a su Vida.

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Publicado en Noticias Obreras.

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