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Asterio, cura y consiliario de la HOAC en las manos del Padre y en el corazón de nuestro pueblo

06 junio 2022 | Por

Asterio, cura y consiliario de la HOAC en las manos del Padre y en el corazón de nuestro pueblo

Jorge J. Hernández Duarte, consiliario de la HOAC de la Diócesis de Canarias

Era temprano amaneciendo en Arico, mi amigo Sergio y yo nos acercamos a la Iglesia a rezar como dos buenos seminaristas. Corría el año 70 o 71, teníamos apenas quince años, nos dirigíamos al sagrario y allí, postrado de rodillas estaba un hombre, de paisano, concentrado en su oración, era Asterio, el párroco.

En ese momento, aquel hombre, rompió para mí, el mito de mal cura, superficial, casi con cuernos y rabo; fama compartida con el resto de los llamados “los nueve”, grupo de curas considerados como revolucionarios, muy represaliados en la época, de la que se nos había advertido. No he podido olvidar aquella imagen que me impactó y, a partir de ahí, vi en él un creyente, sencillo y acogedor, sin demasiados adornos, iconoclasta, con cierto toque ácrata para muchas cosas, pero siempre en la búsqueda de lo que era importante.

Asterio nació el 3 de marzo 1941, en Puntallana, isla de La Palma, le ordenaron sacerdote el 29 de junio de 1968, ejerció su ministerio en varias parroquias, en San Pío X en Santa Cruz de Tenerife, estuvo en Frontera, varios años en Arico Nuevo, Porís de Abona, en San Matías  y San Jerónimo, Taco, San Juan de la Cruz en Ofra, San Martín de Porres y San Sebastián en Santa Cruz. También fue Capellán de prisiones.

Uno de los ministerios al que le dedicó cariño y tiempo fue  la consiliaría de la HOAC, fue un referente para nosotros, aunque todos y todas en el movimiento le reconocíamos como consiliario nunca tuvo nombramiento oficial de la jerarquía. Jugó un papel importante en el reflotamiento de la HOAC en Gran Canaria.

Asterio era un cura muy poco clerical, compañero de sus compañeros, siempre con la cierta simpática ironía que le caracterizaba, pero donde llegaba nos alegraba la vida. Su estola marcaba su identidad canaria; tenía buen gusto, con cualquier cosa hacia un espacio agradable; buen cocinero, leal en la amistad y muy generoso, y, me gusta decirlo así, un disfrutón.

Lo que le encantaba a la gente de Asterio era su cercanía, una cercanía mayor en momentos difíciles, de pocos oropeles; comprometido con la gente vulnerable y empobrecida, agradecido, implicado y siempre discreto, defensor solidario de las causas obreras. Murió con las botas puestas, celebró el 21 de mayo la Vigilia, en San Jerónimo, en recuerdo de Domingo Pérez, uno de los fundadores de la empresa de inserción Ataretaco.

Asterio Cabrera Concepción, hoy día tres de junio, a sus 81 años, puede decir, como Pablo en la carta a Timoteo (4, 7): “He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe”.

Hablar de Asterio es hablar de un hombre bueno y de un cura diferente, del que a mí me gustaba presumir como mi amigo. Hoy, como decimos en la HOAC, uno mas “de los obreros muertos en el campo de honor, del trabajo y de la lucha, descanse en paz”.

 

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