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La marca de don Eugenio

08 abril 2022 | Por

La marca de don Eugenio

Este año se cumplen, el 8 de abril, 69 años del fallecimiento de don Eugenio Merino Movilla, primer consiliario general de la HOAC.

Alguien dijo alguna vez que un anciano (setenta y dos años) casi ciego no era el hombre que necesitaba la HOAC en esa etapa de dificultades de toda clase. Quien dijo esto no se percató de que una grandísima parte de la fuerza de don Eugenio estaba en su debilidad. Don Eugenio no podía imponerse por su gesto arrebatador, ni por su dinamismo, ni por su voz ardiente y fogosa; pero el que estaba en contacto con él no podía menos de amarle. Ésta era su gran fuerza, y el dominio que sobre todos nosotros tenía: el amor. ¡Qué bien veíamos en él un fiel trasunto del Divino Maestro!

Él puso las bases de la mística hoacista. Esta es la «marca» que don Eugenio ha dado a la HOAC: fundamentarlo todo en el amor. Ésta es la llave que abre todas las puertas y la flecha que señala todos los buenos caminos.

Cuando hemos celebrado los primeros setenta y cinco años de historia de la HOAC, en algunos momentos convulsa, podemos decir que esa sigue siendo la marca de la HOAC: fundamentarlo todo en la gozosa experiencia cotidiana del amor de Dios en nuestra vida, que se traducen en “veinticuatro horas de vida honrada”.

A las puertas de celebrar la decimocuarta asamblea general el año próximo, esto es lo que debe seguir impregnando nuestra vivencia hoacista: la mística que se vive en el encuentro con Cristo en medio de la vida obrera, para ser testigos de su amor, y anunciadores del Reino a través de esa honrada vida obrera. Todo lo que no sea esto está llamado a fracasar.

La HOAC somos la Iglesia enraizada en la vida obrera. Y solo fundamentados en el amor de Dios del que hacemos experiencia cotidiana seremos fieles a nuestro ser y misión. Esto lo aprendimos de don Eugenio, y sigue siendo nuestra marca. Y esto es lo mejor que podemos ofrecer -y queremos seguir ofreciendo con nuestra vida- a nuestras hermanas y hermanos del mundo obrero y del trabajo.

Renovando ese compromiso, este 8 de abril la Comisión Permanente volveremos a agradecer la vida de don Eugenio, su amor a la HOAC, y las bases que puso, en las que seguimos sustentándonos, con un sencillo acto de oración ante su tumba en el cementerio sacramental de san Isidro, de Madrid, donde reposan sus restos. Y volveremos a pedirle que interceda para que la HOAC sigamos creciendo en la espiritualidad y la mística de la pobreza, la humildad y el sacrificio, haciendo de ellas la expresión más cercana del amor de Dios al mundo obrero y del trabajo.

Y nos despediremos de él, hasta mañana, en el altar.

 

 Publicación relacionada 

El cristiano es otro Cristo
Reflexiones de D. Eugenio Merino, primer consiliario nacional de la HOAC, en el Boletín de la HOAC, 1950-1953.

Sus artículos y muchos de sus escritos necesitan, para su comprensión, situarlos en el contexto histórico, cultural y político, religioso y eclesial en el que él vivió. También, leerlos como leía él o le leían los alumnos y militantes de la HOAC, «lazarillos» porque ya no veía.

Una lectura lenta, escuchada, pensada y crítica, rumiada, «antes de ser enhebrada», personalizada. Sin olvidar que para D. Eugenio, la vida del cristiano, las acciones del militante, son expresiones del Verbo encarnado, manifestaciones del Misterio, místicas. «¡Encarnación es todo el universo!». Así se explica cómo se saludaban y despedían los militantes de la HOAC: «24 horas de vida honrada en gracia de Dios y hasta mañana en el altar».

 

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