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Bilbao | Acto y vídeo de celebración del 75 aniversario

04 marzo 2021 | Por

Bilbao | Acto y vídeo de celebración del 75 aniversario

El acto del 75 aniversario de la HOAC en la Catedral de Bilbao reunió a los militantes de este movimiento de Acción Católica especializada en Bizkaia,  presencialmente y a través de la retransmisión en directo de los medios de comunicación de Bizkeliza.

La celebración fue presidida por el obispo administrador diocesano, Joseba Segura y los presbíteros de la HOAC, José Luis Iglesias, Román Bilbao, y Juan María Lechosa. El 27 de febrero se conmemora el 57º aniversario de la muerte de Guillermo Rovirosa y el 37º aniversario de la muerte de Tomás Malagón.

Guillermo Rovirosa (1897-1964), laico, fue el primer militante de la HOAC y actualmente se encuentra en proceso de beatificación. Tomás Malagón (1917-1984) sacerdote, fue consiliario general y ambos dedicaron su vida al servicio de la evangelización del mundo obrero y del trabajo. Joseba Segura recordó a Guillermo Rovirosa, “laico con gran fidelidad” y  Tomás Malagón, consiliario que se unió a la iniciativa. Ensalzó de ellos que no se desanimaban ni despistaban “cuando venían momentos difíciles. A veces los ataques vienen desde dentro, desde entornos eclesiales hostiles”.

En el sermón desgranó la nueva realidad que se encuentra ahora la HOAC.  “Los tiempos han cambiado, las migraciones han llegado para quedarse, la revolución tecnológica, se aceleran las diferencias sociales. La mayoría de los jóvenes viven con desazón ante la inseguridad laboral”. Resaltó que “el trabajo no solo es fuente económica sino una manera de desarrollar las capacidades y devolverlas a la sociedad”.

En este escenario, el obispo animó a los militantes de la HOAC en Bizkaia a trabajar sin esperar resultados “tal como dice el Papa en la Fratelli tutti”, a vivir una esperanza cristiana jalonada de acciones evangélicas. También agradeció el aporte de la HOAC “a la vida de la Iglesia de Bizkaia y a la historia de España en el último siglo”.

Todos los asistentes a la celebración ordinaria de la catedral pudieron rezar la oración a Jesús Obrero al finalizar la ceremonia,  gracias a unos documentos que fueron repartidos al inicio de la celebración. A la salida del acto, una pancarta con el lema “Llevando la luz y la sal al mundo obrero. Argia eta gatza langileen munduan zabaltzen” presidió la concentración de los militantes de la HOAC, simpatizantes, miembros de sindicatos, partidos políticos y asociaciones, así como responsables diocesanos como Maite Valdivieso y Carlos García de Andoin, miembro y director del IDTP respectivamente.

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HOMILÍA 75 ANIVERSARIO HOAC 27/02/2021 (2 Domingo Cuaresma Ciclo B)
Génesis 22,1-2. 9a. 15-18 (Isaac); Rm 8,31b-34; Mc 9,2-10

Joseba Segura, obispo administrador diocesano de Bilbao.

Nos reúne este sábado una feliz ocasión: un aniversario redondo. Los aniversarios de organizaciones, también estos 75 años de la HOAC, nos remiten siempre a personas. Hoy recordamos ante todo a su fundador, Rovirosa, enamorado de Jesús, visionario y apasionado del Reino de Dios, que dedicó la mejor parte de su vida a promover un objetivo apasionante: llevar el Evangelio al mundo obrero, allí donde no era conocido ni apreciado, dada la desconfianza y lejanía con la que en estos ambientes se veía a la Iglesia del tiempo. En el camino Rovirosa encontró a mucha gente, a toda la militancia de la HOAC en los años 50 y 60, esa “gran nube de testigos” de la que habla Hebreos y a la que hacéis referencia en vuestra más reciente encuesta. En un momento, un sacerdote joven se unió a la iniciativa, Malagón, alguien con la humildad y sensibilidad suficientes para reconocer el valor cristiano y eclesial de un proyecto evangelizador promovido por un líder laico, y con la fortaleza necesaria para mantener el timón en un contexto sacerdotal poco propicio.

Rovirosa trabajó con gran dedicación y fidelidad, como quien tiene clara la llamada (la vocación) y por eso no se desanima ni se despista cuando vienen mal dadas. Decían los padres de la Iglesia que la auténtica fe se prueba en el martirio, fundamento y fuente de vida y gracia para la comunidad creyente. El catafalco o el pelotón de fusilamiento no es la única forma de morir por Cristo. Uno puede morir en la cama y haber ofrecido su vida por el Evangelio. A los creyentes que aceptan la cruz prometida, antes o después les toca rezar con una bienaventuranza que muchos solo en parte podemos hacer nuestra; la que dice: “bienaventurados cuando os persigan por mi causa”. Como Pablo, lo acabamos de escuchar, los testigos que nos iluminan están convencidos de que “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” Uno pensaría que la persecución tiene que llegar de fuera pero no: a menudo los ataques vienen desde dentro, desde los que rezan tu mismo credo; y esa experiencia es una prueba para la fe (algunos la abandonan), para la esperanza (otros se van desinflando) y, sobre todo, para el amor. La tentación humana es reaccionar con agresividad a la defensiva o, al menos, asumir un confortable papel de víctima. Pero no, esas reacciones no van con el evangelio. No hace mucho oí decir a un sacerdote activo en un proyecto de evangelización en las redes sociales, que los mayores insultos los había recibido de hermanos sacerdotes. Así andan las cosas en algunos ambientes de nuestra Iglesia pero para quien necesite consuelo, en los tiempos de Rovirosa y Malagón, los ataques no fueron menos furibundos, ni las amenazas y tensiones menos intensas. Tal vez incluso mayores.

Probablemente el peligro que hoy debe afrontar la HOAC no es tanto el de un entorno eclesial hostil, cuanto el del desánimo por lo que podría parecer como escasa relevancia. El mundo evoluciona muy rápido y las condiciones de trabajo también. La pandemia, de golpe, ha convertido muchos hogares en oficinas, transformando la vida cotidiana de un considerable número de trabajadores, además de poner muchos empleos en riesgo. Las migraciones han llegado para quedarse e inevitablemente afectan a los mercados laborales y al sindicalismo clásico. La revolución tecnológica, la caída de la natalidad… Todo es más complejo, incluso desconcertante. Las propuestas y los esquemas de finales del pasado siglo necesitan una revisión a fondo. Toda esta incertidumbre afecta especialmente a los jóvenes. Ya es una evidencia: los desarrollos tecnológicos, lejos de democratizar el acceso a condiciones y oportunidades de vida, están acelerando y profundizando las diferencias sociales, no solo entre países, en una tendencia que amenaza con condenar a la irrelevancia a una considerable parte del planeta, sino también al interior de las sociedades de bienestar. Algunos jóvenes con una extraordinaria formación tienen ante ellos un futuro abierto. Pero la mayoría viven desanozados con grandes interrogantes.

Han cambiado muchas cosas pero el mundo del trabajo, hoy como ayer, sigue siendo crítico para el crecimiento personal y social. En el trabajo las personas desarrollan muchas de sus capacidades y realizan una importante contribución al conjunto de esa sociedad de la que todos recibimos tanto y a la que no podemos sino contribuir, cada cual según sus dones y capacidades. La Hoac en Bizkaia la formáis en la actualidad 43 militantes activos en Barakaldo, Bilbao, Durango, Santurtzi, Enkarterri y Galdakao-Urreta, una realidad humilde pero significativa, sobre todo por la calidad de vuestro compromiso y vuestra probada identidad eclesial. Pero no basta con levantar banderas. Hay que realizar apuestas y acciones significativas. La urgencia de este tiempo la caracteriza bien el Papa Francisco cuando, refiriéndose al papel de la AC como formadora de laicos que desean asumir sus responsabilidades en el mundo, nos dice que ese empeño debe centrarse en la formación de “discípulos misioneros”.

Escuchar al Señor, seguirle hasta el monte por si sucede algo allí, bajar de nuevo al valle para caminar junto a Él hacia Jerusalén y, a poder ser, no salir corriendo cuando aparezca la inesperada y temida cruz en el horizonte. También nosotros hemos visto alguna vez al Señor transfigurado pero la mayor parte del tiempo caminamos en medio de la niebla, sin luces claras que nos aseguren, sin visiones fulgurantes que confirmen nuestras apuestas. Tras la experiencia extraordinaria y confirmadora del Tabor, los discípulos volvieron a la ambigüedad de la vida cotidiana, al transcurrir de muchos días y horas grises, a nuestras incoherencias, a nuestros pobres logros, a nuestros frecuentes fracasos. El fracaso en el libro del creyente nunca debe producir desánimo y mucho menos temor. Seguimos al crucificado. Es la mediocridad la que nos tiene que dar miedo, la falsa autosatisfacción de los que apoyamos todas las causas justas pero lo hacemos sin que nos cueste nada.

Trabajar gratis es, lo dice la Fratelli tutti del Papa Franciso, hacerlo sin esperar reconocimiento. Bien. Pero es que dice más; dice también que es hacerlo sin esperar ver resultados. Y esto si nos cuesta. No sabemos qué transformaciones valiosas o mejoras significativas acabaremos viendo y no viendo. Tal vez no muchas, tal y como van las cosas. En todo caso la esperanza no está en ver, sino en creer y actuar. No es teórica, ideológica, de libros, de discursos; vale lo que sea ella misma capaz de traducirse, de encarnarse en proyectos de vida, en relaciones transformadas, en acciones concretas evangélicas, exitosas o no. Sabemos que las promesas de Jesús son ciertas y que al finalizar esta existencia confirmaremos la Verdad de la huella eterna que deja el amor generoso y entregado. Alguno podrá pensar: ya está el obispo corriendo de este mundo al otro. No lo hago por mí; no lo hago para escapar de ninguna realidad: lo hago por tantas mujeres y hombres que vieron algún momento a Jesús transfigurado y luego lucharon muchos años, toda la vida, para hacer realidad el sueño de Dios para este mundo. Pero murieron sin ver nada o casi nada, a veces incluso sufriendo violencia, o incomprensión, o sintiéndose solos y abandonados. Vivieron de la promesa y murieron sin ver. Para ellos, como para todos, la esperanza radical, la que nadie nos puede quitar es la de la vida plena junto a Dios que confirme la Verdad de todo lo que aquí ya se ha olvidado. Y mientras tanto, mientras llega ese cielo nuevo y esa tierra nueva, seguimos adelante con una fe sólida (palabra que por cierto comparte raíz con solidaria) luchando por lo que quede para siempre. Y mientras tanto, adelante HOAC todos los nuevos años que sean necesarios. Y mientras tanto, gracias militantes y amigos por vuestro importante aporte al proyecto evangelizador y a la vida de nuestra Iglesia, en Bizkaia y en la de la historia española del último siglo.

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