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Tiende tu mano al pobre

14 noviembre 2020 | Por

Tiende tu mano al pobre

Este domingo, 15 de noviembre, celebramos la IV Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el papa Francisco. El mensaje de esta Jornada lleva por título: Tiende tu mano al pobre‘, tomando como base el texto de Eclo. 7, 32, del cual va desgranando lo que supone hoy tender la mano al pobre en el contexto de este mundo que ha globalizado la indiferencia y en el que hemos normalizado la pobreza que subsiste a nuestro alrededor, hasta el punto de hacerla invisible a los ojos del corazón.

Tender la mano al pobre es reconocer la inseparable unidad que conforman la oración a Dios y la solidaridad con los pobres que sufren. Es reconocer en cada persona que sufre el rostro sufriente de Dios mismo.

Es descubrir que nuestra oración a Dios, si quiere ser verdaderamente cristiana, ha de conducirnos siempre al encuentro servicial de los pobres.

Es descubrir y reconocer que ese servicio pasa por la generosidad que sostiene al débil, consuela al afligido, alivia los sufrimientos, devuelve la dignidad a los privados de ella, y que esto es una condición indispensable para una vida plenamente humana: la de los pobres y la nuestra.

Tender la mano al pobre es muy necesario para dar a nuestra vida personal y social la dirección correcta. Es la manifestación clara de que los pobres nos evangelizan.

Tender la mano al pobre es la experiencia nuclear de la comunidad cristiana, necesaria para poder celebrar, en la escucha de la Palabra y de la vida, el sacramento de la mesa compartida.

Tender la mano al pobre es una interpelación profética a nuestra propia vida personal y comunitaria, fundamental para poder vivir la pobreza evangélica en primera persona que nos permite, a su vez, esa presencia misericordiosa, cercana y fraterna, con quienes sufren.

Gestos con sentido

Tender la mano al pobre nos hace descubrir que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida. Si –como dice el mensaje– sacamos las manos de los bolsillos, podemos activar la fraternidad para que su realización se haga posible.

En estos tiempos de “distancia social”, de distancia impuesta y necesaria, tender la mano al pobre nos hace presente la proximidad, la solidaridad, el amor, y nos ejercita cotidianamente en la misericordia. Uno no improvisa instrumentos de misericordia. Es necesario un entrenamiento cotidiano, que proceda de la conciencia de lo mucho que necesitamos, nosotros los primeros, de una mano tendida hacia nosotros.

Tender la mano al pobre es, por lo tanto, una invitación a la misericordia. Tender la mano al pobre es una apuesta vital por el bien común, y una denuncia del individualismo en el que nos envolvemos tantas veces.

Tender la mano al pobre permite reconocer en quien sufre a nuestra hermana o hermano, reconocernos en la común paternidad de Dios, como hijos e hijas del mismo amor, y poder caminar, juntos, de la mano, hacia el futuro común del banquete del Reino en el que nadie queda excluido.

Tendemos la mano al pobre, esperando que los pobres quieran tendérnosla a nosotros.

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Texto publicado en el blog La cuestión social de Vida Nueva.

 

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