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Convivencia de Verano en Castilla y León: una experiencia de cine

27 agosto 2019 | Por

Convivencia de Verano en Castilla y León: una experiencia de cine

Cuarenta y siete personas, incluidos diez menores, procedentes de Ávila, Burgos, León, Logroño, Palencia, Salamanca, Valladolid y Vitoria han participado en la Convivencia de Verano, organizada por la HOAC de Castilla y León, del 15 al 18 de agosto, en el Centro Vedruna de Valladolid.

Gracias. Esta era la palabra más repetida en la oración con la que se daba por concluida la Convivencia. Para todas las personas participantes, los cuatro días en el centro de la meseta castellana resultaron una intensa experiencia de amistad y fraternidad, de comunión. 

Gracias por haber sido una gran familia, gracias por haber compartido la responsabilidad de los más pequeños, gracias por estar siempre en actitud de servicio 

Una acción con historia

La Convivencia de Verano es una de las acciones comunitarias históricas de la HOAC de la Zona de Castilla y León que se celebra anualmente (excepto el año que hay Asamblea General). Inicialmente se realizaba en la localidad soriana de Vinuesa y después, con el nuevo siglo, rotando por tierras de las diferentes diócesis, responsabilizándose de la organización la HOAC diocesana correspondiente.

En esta ocasión, 2019, la tarea ha correspondido a la diócesis de Valladolid. La preparación no ha sido labor sólo de los militantes de la HOAC, sino que ha habido una plena implicación de sus familias, con un importante protagonismo de los más jóvenes, responsabilizándose de organizar actividades y después animarlas. Para la HOAC de Valladolid, la convivencia ha sido una oportunidad para acrecentar la comunión en la diócesis. 

A pesar de ser una vieja acción, con el paso del tiempo la Convivencia  ha ido adquiriendo un nuevo sentido, siguiendo el caminar del movimiento. Hoy es un instrumento muy valioso para poner en práctica otra manera de entender la propiedad personal y de comprender nuestra relación con la naturaleza, para vivir desde la comunión, para crecer en configurar nuestra familia como comunidad, para aumentar la vinculación con la HOAC y para potenciar espacios comunitarios para compartir las experiencias de vida. Estos acuerdos, y alguno que otro más, se han hecho vida de una manera sencilla y humilde durante los cuatro días de convivencia.

Hacer vida valores evangélicos

El plan de actividades se articuló en torno a cinco valores o actitudes: la amistad, el cuidado de la creación, la positividad, la capacidad creadora del ser humano y la conciencia de ser parte de la historia. 

La celebración el primer día de la Eucaristía con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen María situó el barco de la convivencia rumbo al horizonte de esos valores. Con la referencia de María de Nazareth , la actitud de servicio y la confianza en que el Señor estaba en medio de nosotros, marcó el ritmo del resto de la convivencia.

La oración comunitaria diaria, y alguna técnica grupal, permitieron estar pendientes de vivir con mayor intensidad cada día alguno de esos valores. Valores que además fueron acompañados de signos, como la amistad. A través de la técnica del amigo invisible se generó una cadena de amistad que en la velada del último día se hizo patente a través del regalo de una pinza adornada. Una pinza que se adornó durante la convivencia, desarrollando cada quien su capacidad creadora y generando también algún que otro apoyo a quien se encontró con dificultades con las manualidades.

Encontrar el cuartito habilitado como ‘taller’ con personas pintando, cortando, pegando, dándose mutuamente consejos, … sin duda fue una de las escenas más curiosas de la convivencia.

El trabajo humano en el tiempo

Los organizadores vallisoletanos pretendieron que las personas participantes pudieran conocer más a fondo, además de la capital, un territorio de la provincia: la Tierra de Pinares.

Para ello se realizaron varias visitas. Empezando por una nocturna a la ciudad recorriendo los antiguos cauces del río Esgueva aprovechando la excelente iluminación por sistemas led de las calles (y que tiene por ello como denominación Ríos de Luz).

El tercer día fue de excursión. Y la localidad de Portillo, la primera de las visitas programadas. En ella, el pueblo, que con un pequeño ejercicio de imaginación, trasladó a los visitantes al medievo, y el Centro Artis, con el que la Diputación Provincial pretende promocionar las actividades artesanales. 

El artesano del aula didáctica de la alfarería del Centro ofreció

toda una lección acerca de la dignidad en el trabajo y su vinculación con la tierra, con referencias veterotestamentarias incluidas. Además se aprendieron curiosidades interesantes acerca de la alfarería. La siguiente parada en esta tercera jornada fue un pequeño pueblo: Megeces. La ribera del Cega brindó la posibilidad de una auténtica comida campestre, con baño en el río incluido. Un momento que facilitó la conversación tranquila entre los adultos y el disfrute juntos del agua a los más pequeños.

Iscar fue la última parada del día. Allí se conoció algo más de la historia de Castilla en la visita al castillo de la villa. Y al atardecer la celebración de la eucaristía con la comunidad parroquial iscariense, una experiencia de eclesialidad.

El remate de las visitas culturales fue el Archivo de Simancas, donde se visitaron dependencias normalmente cerradas al público, y que hizo valorar mucho más los “papeles” para poder ser protagonistas de la historia.

Una convivencia divertida

Los juegos, la piscina, los bailes nocturnos…, hicieron de la convivencia también un momento de disfrute y diversión. Especialmente la última noche, con la velada del cine musical, una auténtica cascada de creatividad por parte de las diócesis que representaron clásicos del cine musical, con actuaciones que venían cuidadosamente preparadas.

La comunión no sólo se vivió entre los participantes. Estuvieron también muy presentes personas habituales que, por diversas razones, entre ellas de salud, no pudieron participar. También se recordaron las situaciones de dolor y sufrimiento en los ambientes de militancia.

La convivencia no fue una islita de felicidad, una anécdota en la vida de los participantes, sino un impulso para continuar construyendo comunidad en los lugares en los que cada persona vive. Y a esperar a la próxima convivencia.

 

 

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