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Iluminar el compromiso

28 junio 2019 | Por

Iluminar el compromiso

Mario Sixto Picazo | El Evangelio no es ni una doctrina, ni un conjunto de tradiciones, ni, por supuesto, una manera de evadir nuestra responsabilidad en el mundo (espiritualismo desencarnado). El Evangelio es una persona; por tanto, supone una manera concreta de percibir y situarse ante la realidad, una manera concreta de entender y de relacionarse con los otros, con el Otro y con el resto de las criaturas. El Evangelio es una novedad a estrenar por cada uno y una cada día.

Con frecuencia hablamos de la novedad del Evangelio sin percibir que esa novedad implica toda una «revolución»; sí, una revolución sin violencia, un cambio cualitativo –metanoia– en la manera de sentir, de pensar y de estar e incidir en la sociedad. Una revolución –personal y social– que tiene su origen en el amor de Dios y cuyo objetivo es la liberación integral del ser humano hasta lograr su plenitud, sin menoscabo de la «casa común» que hace posible la existencia, pues nuestro destino está unido a ella. «Un cristiano, –nos dice el papa Francisco– si no es revolucionario, en este tiempo, no es cristiano».

La Doctrina Social es esa joya aquilatada que resulta del trabajo combinado entre la acción del Espíritu y el trabajo humano. Supone percibir la vida como una rica sinfonía que el Espíritu de Dios va orquestando con la participación de todas las personas, invitándonos acogerla como un «don», implicándonos en el cuidado y en el desarrollo de cada una de las mil formas y maneras en que ella se manifiesta y se expresa.

De esta experiencia es de donde surge el auténtico compromiso cristiano. Por eso, la Doctrina Social no es algo cerrado, acotado, ni terminado, es apuesta, seguimiento, riesgo, donación; es diálogo, solidaridad, reconciliación; es afirmación y negación; es aceptación y superación; es gracia y tarea, compromiso y contemplación.

El convencimiento que hay detrás de la Doctrina Social de la Iglesia es que a aquel que se identifica con Jesucristo se le confiere el «don y la tarea» de ser –como el fermento en la masa– un «testigo», un «revolucionario» –al estilo de Jesús– de la «novedad que viene de Dios», para hacer posible el «proyecto humanizador del Padre-Madre Dios». Por eso, donde se hace presente un cristiano se abren posibilidades concretas de transformar la realidad y hacer presente el Reino de Dios y su justicia.

Para todos aquellos que nos sentimos «discípulos-misioneros» –jóvenes o adultos– DOCAT es un manual que merece la pena conocer y manejar para iluminar el compromiso cristiano. Nos permite beber de la sabiduría que emana de los retos que nos plantean las relaciones entre las personas, la organización de la vida social y la búsqueda del bien común. Esta «teología práctica» que tiene su origen en León XIII y que llega hasta nuestros días quiere responder a la pregunta ¿qué hacer? Cada generación de jóvenes –nos dice el papa Francisco– está llamada a ser para sus contemporáneos «la Doctrina social con pies», un Evangelio vivo. Este es el reto y la oportunidad que nos brinda este compendio de la Doctrina Social, pues pone a nuestro alcance los principios, criterios, orientaciones, que emanan del propósito de aplicar los valores del Evangelio a la vida concreta.

DOCAT (Edición Latinoamérica)
¿Qué hacer? La Doctrina Social de la Iglesia
Verbo Divino. 320 páginas

faldon portada y sumario

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