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Campaña JOC: RelaciónARTE, juntas sumamos, juntas cambiamos

28 febrero 2019 | Por

Campaña JOC: RelaciónARTE, juntas sumamos, juntas cambiamos

María Isabel Herrera Navarrete | Internet, junto a las redes sociales, posibilita vivir en un mundo globalizado, donde las personas creemos estar al tanto de todo lo que acontece en casi cualquier parte del mundo, con sensación de que estamos y participamos.

Todas las personas queremos ser aceptadas como somos, sentirnos queridas y amadas, necesitamos sabernos valorados, que aportamos, que se nos tiene en cuenta. Es esencial experimentar que formamos parte de un grupo o comunidad. En definitiva, que nos traten con respeto, cariño e igualdad.

La necesidad de interrelacionarnos es lo que nos hace humanos, saber que nos necesitamos unos a otros para vivir y desarrollarnos. Las redes sociales posibilitan conexiones entre personas, pero, ¿qué ocurre cuando no existen valores, criterios ni referentes adecuados para convertir esas conexiones en relaciones y que a su vez estas sean unas relaciones saludables?

La JOC, con la campaña de acción «RelaciónARTE: juntas sumamos juntas cambiamos», queremos descubrir si las relaciones personales (tanto las presenciales como las virtuales o digitales), son de poder y dominación, como pretende este sistema capitalista patriarcal, o son como Jesús de Nazaret propone, de justicia y cuidados.

Dada la influencia de las redes sociales sobre los jóvenes, resulta clave preguntarse por sus ventajas, ¿son reales, son auténticas? Es frecuente estar al lado, incluso conversar, con personas que casi instintivamente cada poco tiempo miran su móvil y comprueban las novedades en las redes sociales en las que están. ¿Qué hay detrás de cada impulso por coger el móvil y mirar las redes sociales? ¿Qué sensación provoca? ¿Se tiene en consideración a las personas que forman parte de nuestras redes sociales? ¿Qué relación une a esas personas: humanizadora, cosificadora, superficial, etc.?.

A menudo, encontramos en las aplicaciones que más utilizan los jóvenes sobreexposición, sobreactuación y uso del cuerpo como objeto. Aunque escondidas tras las diferentes imágenes y mensajes, hay también gritos de desesperación por sentirse queridos, de miedo a quedar al margen, de competitividad por ser el más influencer.

Se construye una falsa vida y falsa identidad. Los mismos jóvenes reconocen no identificarse con lo que proyectan de ellos mismos en sus redes, pero, a la vez, creen estar informados y formar parte de la vida de sus amigos, como si estuvieran cultivando así la amistad, cuando a menudo se comparte puro cotilleo y se lanzan mensajes sin medir su alcance y del que tampoco se espera recibir respuesta.

Por otra parte, las personas jóvenes configuran su identidad en referencia a sus relaciones y a modelos que les atraen. Estos van determinándose a través de lo que perciben, en función de sus intereses y necesidades, imitando las respuestas que ven o ensayando sus propias soluciones. En este proceso, ahora tan mediatizado por las redes sociales e internet, hay detrás poderosos intereses y estrategias de control, trampas en las que muchos jóvenes caen, sin percatarse.

Percibimos un aumento de angustia y síntomas de ansiedad y depresión, hay más ciberacoso descontrolado, las niñas y mujeres y cada vez más también los muchachos sienten como si sus cuerpos no fueran lo suficientemente buenos y adecuados, hay relaciones frías y superficiales, encontramos sobrestimulación y sobreinformación sin capacidad de discernir y filtrar. Para ser conscientes de los riesgos que suponen las redes sociales e internet tendremos que preguntarnos qué provoca esta utilización enfermiza que origina tantas relaciones tóxicas.

Jesús nos invita a buscar la verdad y a ser personas auténticas. Quiere que vivamos en plenitud y en coherencia entre lo que pienso, expreso y actúo. No quiso un mundo de fachada, lleno de muros que alejan a las personas. Jesús fomenta la cultura del encuentro, salir del yo hacia el nosotros, cuidarnos y vivir en comunidad.

En las primeras comunidades cristianas se recomendaba: «No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan» (Efesios 4, 29).

Las redes sociales pueden estar al servicio de la justicia, en clave de ayudar-colaborar con los desfavorecidos que sufren del descarte de esta sociedad. Es fundamental comprender las redes sociales e internet como herramienta colaborativa para acompañar a los jóvenes, pero nunca como «la herramienta» principal de comunicación y relación.

Para la mayoría de los jóvenes las redes sociales e internet son una esfera muy importante y a través de las cuales configuran su estilo de vida, donde están continuamente conectados, se expresan y se muestran; por lo que estar ahí es ineludible para conocer su realidad y saber cómo lo viven. Consideramos los jocistas que sí hemos de estar ahí, debemos adentrarnos en ellas.

Pretendemos en esta campaña trabajar desde nuestros movimientos el uso de las redes sociales e internet y aportar criterios y herramientas a para ser conscientes y discernir lo falso de lo real, lo humanizador de lo tóxico, el postureo de lo auténtico. Acompañando, sin juicios de valor, pues ello aleja más que acerca. Si no acompañamos estas vidas sabiendo que son «tierra sagrada» pueden sentirse atacados, pues estamos cuestionando lo más profundo de su identidad. Queremos en el movimiento nunca usar las redes sociales como un fin, sino como un medio del proyecto transformador y liberador (que Jesús nos ofrece).

Para la JOC la campaña es una llamada a acompañar a los jóvenes mediante procesos pacientes y asentados, yendo a su encuentro, abriendo nuestras vidas para acoger sus vidas y realidades precarias en sus ambientes y posibilitarles el encuentro con Jesús, como referente que libera y empodera.

Nos encontramos en la etapa del Ver de la Campaña y dentro de ella ya estamos poniendo en marcha diferentes medios para ser fermento: a través de encuestas nos estamos acercando a los jóvenes para escucharles y hacerles protagonistas, con diferentes videofórum acogemos sus inquietudes y opiniones entrando en un diálogo rico donde unos jóvenes aprenden de otros, ayudándonos de la Revisión de Vida para centrar y educar nuestra mirada para que nuestras relaciones sean atravesadas y transformadas por la experiencia del Dios de Jesús.

Los jóvenes están sufriendo situaciones vitales rotas y nos encontramos ante una falta de recursos y habilidades para afrontarlas. Es nuestra responsabilidad facilitar espacios de amor y confianza donde puedan desprenderse de sus miedos y mostrarse como son sin temor a ser juzgados, poder identificar y valorar sus dones y sentirse queridos por Dios Padre y Madre.

Dios reconoce a cada joven, lo llama por su nombre y le invita a ponerse en pie y a caminar junto con otros. Así que… ¡manos a la hora!

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