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Valencia | El saber silenciado de las mujeres en la Iglesia

05 junio 2018 | Por

Valencia | El saber silenciado de las mujeres en la Iglesia

El Sector de la Dona de la HOAC de Valencia organizó un taller el 2 de junio en la parroquia San Francisco de Paula de Xirivella para dar a conocer a algunas de ellas y dialogar sobre cómo ir haciendo genealogía de las mujeres y avanzar hacia su reconocimiento en la Iglesia.

Fueron capaces de crear un lenguaje y una simbología propia para orar con Dios, a quien no identificaban necesariamente con la figura de un hombre. Conocerlas nos puede ayudar a tener referentes para iluminar nuestro camino. De algunas de ellas sabemos sus nombres porque dejaron por escrito sus ideas, pero fueron muchas otras las cristianas anónimas que acompañaron a Jesús, que conformaron las primeras comunidades y que han ido aportado a la Historia en estos más dos siglos.

Hildegarda de Bingen (Alemania, 1098-1179) fue canonizada por Benedicto XVI, rescatada del olvido casi 1.000 años después. Décima hija de una familia noble, fue entregada a los 8 años al monasterio de Disibondenberg. Delicada, frágil y muy enfermiza, debe confiar más en lo espiritual que en lo físico. Durante toda su vida tuvo visiones y tras una de ellas comenzó a escribir porque entendió que era un mandato de Dios. Posteriormente se convirtió en predicadora itinerante, cosa poco habitual en la época, por ser mujer y porque quienes lo hacían fundamentalmente eran los obispos. Predica en monasterios, en plazas y templos, promoviendo reformas en la Iglesia.

Además de sobre sus revelaciones, escribió tratados sobre leyes naturales y el cosmos; sobre enfermedades y remedios; y compuso 78 obras musicales. “El cuerpo es el verdadero vestido del espíritu, el cuál posee una voz viviente, para que de esta manera el cuerpo con el alma, use su voz para cantar las alabanzas de Dios”, acentuó Hildegarda.

Santa Teresa de Jesús (Ávila, 1515-1582) era considerada cristiana nueva porque sus padres habían sido judíos. Perdió a su madre muy joven y eso marcó su vida. Una de sus principales aportaciones fue afirmar que no necesitábamos intermediarios para llegar a Dios y que podíamos acercarnos a él a través de la oración. Constantemente estuvo bajo la mirada de la Inquisición por encabezar una reforma en la Iglesia. Fundó conventos por toda España desde las reglas de la pobreza, la oración y la igualdad entre las monjas.

Sus visiones y éxtasis le llevaron a tener una experiencia mística con Dios que reveló a través de sus escritos. Nos propuso la oración como camino de amistad con Él, de interiorización, de purificación, de transformación, de paz y de servicio al prójimo. En 1970 se la proclamó como primera doctora de la Iglesia. Actualmente solo hay 4, mientras que son 42 los doctores.

Simone Weil (París, 1909-1943) filósofa proveniente de una familia acomodada judía, cuyo pensamiento se caracterizó por una búsqueda continua y apasionada de la verdad y una vulnerabilidad ante la desgracia de las clases más desprotegidas de la sociedad, que la llevó a luchar por mejorar sus vidas. En su deseo de conocer de primera mano la realidad del mundo obrero, renuncia a su cátedra de Filosofía, para entrar a trabajar en una fábrica de la compañía eléctrica Alsthom, donde experimentó las durísimas condiciones laborales de aquella época. Esto le produjo una fuerte conmoción interior que le cambió la vida y le condujo a una serie de experiencias místicas que la acercaron a la figura de Cristo.

Weil conoció la JOC en Marsella y quedó impresionada por su autenticidad. Dijo de ella que era el único espacio donde el joven obrero se encontraba valorado como persona, más allá de consignas de partido o sindicato y más allá de toda instrumentalización. Después de su muerte, se difundieron sus escritos y se redimensionó su figura, convirtiéndola en un símbolo de resistencia frente a la mediocridad cultural, un ejemplo de coherencia entre pensamiento y vida, de conciencia crítica de una sociedad injusta y un referente obligado para los creyentes sin Iglesia.

Dorothy Day (Nueva York, 1897-1980) proveniente de una familia que pasó precariedades económicas, a los 19 años comienza su carrera como periodista y escritora. Experimenta la presencia de Dios en un momento de plena felicidad mientras mantenía una relación con un anarquista con quien tuvo una hija. Lo dejó porque no quería casarse tras bautizarse en la Iglesia católica.

Entendió que la manera de seguir a Dios era la de consagrar su vida a lucha por la justicia, compartiéndola con las personas más excluidas. Fundó el periódico Catholic Worker para difundir la doctrina social cristiana y un albergue de acogida para las personas sin techo. Además de su praxis social, podemos definir el compromiso de Day como pacifista “no te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien”, y feminista porque se rebeló contra las restricciones impuestas a las mujeres.

 

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