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Rudy Gnutti, documentalista y ensayista: «Ha llegado el momento de repartir los beneficios de siglos de desarrollo»

27 abril 2018 | Por

Rudy Gnutti, documentalista y ensayista: «Ha llegado el momento de repartir los beneficios de siglos de desarrollo»

José Luis Palacios | Músico de formación, cineasta de profesión y ahora ensayista. Este italiano que rodó el documental «En el mismo barco» para indagar en el futuro del trabajo, amplía su discurso con «El mundo sin trabajo», un cuaderno de rodaje y un libro que supone un paso más en su empeño por defender el reparto equitativo de los frutos del desarrollo tecnológico.

¿De dónde viene tu interés, siendo un musico profesional, por estos temas?

Tuve un estudio de música durante 25 años, pero hace unos pocos comencé a trabajar como director de documentales, sabiendo, que tarde o temprano, acabaría haciendo este documental. También estudié Antropología Cultural en la Sapienza de Roma, donde leí el libro de Guy Aznar, «Trabajar menos para trabajar todos». Como artista freelance, al que le decían que no podría vivir de lo que hacía, me preguntaba por qué es tan importante el trabajo. En Italia, antes de decir tu nombre se dice tu profesión, ingeniero Franchetti, arquitecto Luigini… Mi padre, a los 40 años, siendo un campesino, consiguió montar una empresa que iba muy bien. Pero odiaba lo que hacía y en un momento comenzó a dedicarse al arte. No terminaba de adaptarse. De hecho, una vez me dijo: «espero que nunca tengas la mala suerte de vivir de una renta, porque te cambia la vida». Creo que mi padre tenía razón en algo. De hecho, Zygmunt Bauman dice que más difícil que repartir la gran riqueza que se ha creado con la tecnología será inventar una sociedad donde el pilar ya no sea el trabajo.

¿Qué impacto ha tenido el documental en estos dos años desde su estreno?

Las grandes distribuidoras no creían que la gente fuera ir al cine a ver esta película. Nosotros sí la movimos y la gente no ha parado de ir a verla. Se ha pasado en cines de media España. El fenómeno más curioso es lo que pasó en Barcelona. El cine Texas lo pasó cuatro o cinco meses, con debate después. La gente se quedaba sin entrar. A tres euros el pase, estaba lleno de jóvenes, de universitarios. Los políticos, los economistas deberían tener claro lo que va a pasar, o tendremos un problema que no sabremos resolver.

¿Por qué escribió el libro después de haber hecho el documental?

No podía desarrollar más el discurso en el documental. El libro es una manera de ampliar lo que salía en la película. A Bauman le encantó la película, vino a la presentación y habló de otras cosas que no salían en la película. El libro es también un viaje sobre cómo se hizo. Acabo la película con una pregunta: sabemos lo que hay que hacer, pero ¿quién lo va a hacer? En el libro planteo de dónde viene esa pregunta, el sentido que tiene y hago un análisis de donde estamos ahora y por dónde podríamos ir.

Y, ¿dónde estamos?

El trabajo manual, asociado a una clase obrera, está desapareciendo y aparece el precariado, que no es solo gente sin estudios. Tenemos una riqueza concentrada en pocas manos, lo que no tiene sentido ni a nivel moral, ni a nivel funcional. En el momento glorioso de la clase obrera, orgullosa de lo que hacía y de su poder, era capaz de imponer al dueño de una fábrica un acuerdo, porque había que convivir. Ya no es así. El propietario de la fábrica puede llevarse la fábrica a otra parte, o poner máquinas. Cuesta explicar a alguien que viene de esta experiencia obrera que no habrá trabajo, y que eso no tiene por qué ser negativo.

¿Hacia dónde va el barco?

Pensemos en un barco en el que vamos todos. Antes había 100 personas remando, había desigualdad, es verdad, pero había una distribución de los beneficios, aunque fuera dispar. Ahora el barco va con motor. ¿Por qué queremos que la gente vuelva a remar? No creo que hagan falta más servicios o productos. Decimos que hay que trabajar porque no sabemos repartir la riqueza de otro modo. Podemos parar los motores, y volver a remar, o pensar que el motor es de todos y lo que hay que repartir es la riqueza y la fuerza que sale de los motores.

Aquí es donde aparece la renta básica…

En la peli, en el libro, la profesora Mazzucato se pregunta por qué el teléfono es propiedad de alguien si el GPS que lleva es un invento del Estado, si el propio internet es fruto del esfuerzo del Estado… Se ha socializado el esfuerzo y se ha privatizado el beneficio. No tiene sentido. Lo lógico es pensar que ha llegado el momento de sacar los beneficios de siglos y siglos de desarrollo y esfuerzo y repartirlo entre la humanidad, la verdadera propietaria. Keynes decía que dentro de 100 años la tecnología lo cambiará todo. Marx lo dijo también, también dijo que el capitalismo explotaría, que llegaría un momento en que el 1% produciría cosas que el resto no podría comprar.

La renta básica, como concepto, es útil, no solo moralmente justo. Hay quien piensa que la renta básica es una propina para los pobres, para que puedan comprar. Muchos de izquierda piensan que como la renta básica viene también de Silicon Valley no es aceptable. Sería un truco capitalista, para que el círculo productor-consumidor siga. Pero la renta básica supone distribuir la riqueza de las máquinas, haciendo una reforma fiscal enorme. Es bueno desarrollar los motores lo más posible porque nos va a beneficiar a todos, si repartimos las ventajas. Las máquinas son cada vez más limpias, pueden serlo, y podrían producir casi cualquier cosa. El problema no sería crear la riqueza, sino cómo distribuirla. Hablamos de discutir la propiedad privada de las máquinas.

¿Desaparecería el trabajo como lo entendemos?

Si se da un sueldo a las personas, aunque me gusta más hablar de dividendo tecnológico, como dicen en Silicon Valley, todo el mundo podría vivir. Si necesitas un camarero, perfecto, ofrécele algo que le convenga, no esos 600 euros por 50 horas. Un ingeniero seguirá siendo ingeniero porque le gusta, un músico tocará porque le gusta… Habrá tareas que nadie querrá hacer, tendrán que pagarse muy bien. Lo que es muy lógico. Si yo hago lo que me gusta, ya tengo bastante recompensa. Lo utópico es pensar que podemos seguir así, tendremos cada vez mejores motores y habrá personas excluidas, sin que pase nada.

El otro gran problema es lo que pasará en sociedades tan acostumbradas a vivir de la centralidad del trabajo. Son ocho horas al día que te mantienen ocupado y que no te dejan pensar en quiénes somos o hacia dónde vamos. Eso puede asustar. Los economistas responden que ya se resolverá, que primero hay que evitar que la gente que ya no rema no muera de hambre. En el documental, una señora dice que en el futuro, sin tener que trabajar, haremos cosas bonitas. Ojalá.

¿Se entiende igual el mensaje del documental y del libro dependiendo de la generación a la que se pertenezcan?

Hay una diferencia generacional. Los jóvenes han cambiado su concepto de trabajo, porque no han tenido suerte con él. Las estadísticas dicen que los jóvenes ya no gastan en pisos y en coches, no tienen dinero, pero lo que tienen se lo gastan en conciertos y en viajes. Esto es cambiar el mundo, mucho más que salir en manifestación. El fabricante de Detroit y de Seattle tiemblan al ver estos datos. No comprar pone en peligro el sistema económico. Ya existen coches compartidos, ahora son de una empresa. Pero quién dice que en el futuro no sean de todos, porque, al final, se trata de un coche que ya no tiene la carga identitaria que tenía, aquello de tengo un coche bueno porque soy mejor.

Todavía se dice que el trabajo es una cuestión moral. ¿Eso quiere decir que hay que volver a remar no sea que las personas se dediquen a hacer cosas raras? ¿Qué pasa con el medioambiente? El sistema ahora solo funciona creciendo y creciendo. Seguir remando supone seguir destruyendo el planeta. La tecnología bien entendida puede ser una posibilidad para reorganizar la producción, el trabajo y el consumo. ¿Cómo podemos aprovechar el gran éxito de la tecnología, sin morir de éxito? La parte medioambiental es fundamental, aunque la trate poco. Hoy estas ideas se entienden mejor, se habla de renta básica, se llame como se llama, de separar el trabajo de la supervivencia. Algo está cambiando.

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