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Joaquín Pérez, secretario general de USO: «A las empresas que degradan el trabajo hay que zumbarlas en la cartera y en la reputación»

23 febrero 2018 | Por

Joaquín Pérez, secretario general de USO: «A las empresas que degradan el trabajo hay que zumbarlas en la cartera y en la reputación»

Abraham Canales, director de Noticias Obreras | Este maestro de Educación Física y licenciado en Psicopedagogía ha resultado elegido secretario general de la USO en su 11º Congreso Confederal. Madrileño de 40 años, casado y padre de dos hijos, ha pasado por la Federación de Enseñanza de Madrid y se incorporó a la Comisión Ejecutiva Confederal en 2009.

¿Qué ha dejado atrás la USO en su último Congreso?
Una generación de sindicalistas ante los que hay que quitarse el sombrero. Han luchado desde finales del franquismo día a día en las empresas, son aquel sindicalismo de los orígenes, cuando te costaba dinero, la carrera profesional, la familia y en algunos casos la cárcel. También se queda atrás un sindicalismo que ya no nos vale porque ha cambiado todo, la sociedad, los medios de comunicación, la política, las formas de hacer… nos han cambiado también a nosotros, somos más individualistas y han debilitado el movimiento sindical intencionadamente. No podemos tener la estrategia de los años 70 y 80. No podemos lamentarnos de que antes la gente se unía antes y se sindicalizaba. Eso está bien para una conversación, pero luego hay que concretar y trabajar en el día a día.

¿Qué prioridades se ha marcado su sindicato?
La USO es el tercer sindicato y quiere que se reconozca su lugar. Hay una Ley Orgánica de Libertad Sindical y una ley de Elecciones sindicales que nos perjudica y blinda el bisindicalismo. Seguramente es lo que había que hacer en la Transición, no sé, pero parece que hemos superado ya el bipartidismo y ahora hay que superar ese bisindicalismo. Con CCOO y UGT nos unen infinidad de objetivos comunes, por supuesto, pero son modelos sindicales distintos y el sindicalismo tiene que ser plural como la sociedad. Sería bueno que donde ahora hay cinco haya seis o siete. Las rutinas en el diálogo social y la negociación colectiva se superarían…, no es un “quítate tú para que me ponga yo”, sino para sumar. Somos la alternativa a otras fuerzas sindicales y así se nos tiene que ver.

En el plano interno, tenemos ya desarrolladas nuestras cinco federaciones profesionales, estamos en todas las provincias. A nivel territorial, tenemos que apuntalar nuestra presencia territorial y la atención a la afiliación. Vivimos de las cuotas sindicales, eso nos da autonomía sindical, pero también supone algunas carencias. Nuestros ingresos proceden de las cuotas sindicales, que representan 80%. Está surgiendo una nueva base de sindicalistas jóvenes. En el 2017 más de la mitad de nuestras nuevas afiliaciones tienen menos de 35 años. No sé cuántas organizaciones pueden decir lo mismo, pero para nosotros es una satisfacción. Ahí está el futuro y esa es nuestra apuesta. En fin, tratamos de estar en condiciones de servir mejor a los trabajadores, eso supone modernizar las estructuras, digitalizar el sindicato y aplicar nuevas maneras de hacer las cosas.

¿Le parece necesario impulsar un cambio de modelo productivo?
Es una urgencia. Tenemos un sector de servicio muy potente del que dependemos mucho. Pero se puede, ya se ha hecho antes, legislar mejor. Luego está el sector industrial, los nuevos sectores…, ya llegamos tarde, pero no podemos seguir lamiéndonos las heridas, sino avanzar desde el punto de partida. Ahí está el I+D, la reindustrialización, las infraestructuras… Con la crisis parece que la urgencia ha sido rascar más, no sé sabe bien de dónde, en vez de mirar a largo plazo… Tenemos reformas laborales y de pensiones que muestran la desidia que hay para abordar los grandes problemas del mundo del trabajo. Falta voluntad para hacerlo, como con los nuevos empleos. Hay documentación, hay información… Solo hay que crear una comisión, ver los datos de falsos autónomos o asalariados y legislarlo. Ha pasado con la directriz europea de contratación pública que no se ha aprobado hasta que no ha llegado la fecha límite. Lo teníamos que haber hecho hace mucho tiempo, pero no se ha hecho porque no interesaba. Eso hace mucho daño. No creo que los políticos quieran hacer daño, pero no se entiende que no aborden estas cosas y en cambio se pongan de acuerdo en segundos para cambiar la Constitución.

La economía digital va avanzando como por generación espontánea generando condiciones cada vez más individualizadas. ¿Están preparados los sindicatos organizativamente para responder a estas realidades?
Si lo hubiéramos estado, las movilizaciones de los «riders», los mensajeros de Deliveroo, Glovo, Amazon…, las habrían liderado los sindicatos. He echado de menos una gran movilización de desempleados en España, con la que nos ha caído. El mundo sindical ha caído a veces en la sectorización, en la individualización del trabajo, atendiendo a la gente de las fábricas y olvidándonos de los que quedaban fuera o tenían trabajos precarios.

El sindicalismo ha estado a la defensiva, reaccionando ante cada legislación que nos ponían encima. Y cuando hemos intentado sacar a la gente a la calle, hemos estado flojos, hay que reconocerlo. Esto ha pasado por algo. En nuestro congreso hemos aprobado una resolución para no ir siempre por detrás y ver que lo que nos viene no todo es obligatorio. Lo que hay que hacer es humanizar todos los trabajos. Eso seguramente significa que los sindicatos tenemos que pedir reparto del trabajo y avanzar más y de verdad hacia la conciliación en todos los sectores. Si lo hacemos bien, será un paso para vivir mejor y trabajar menos. Será una manera de que la productividad de las empresas, beneficie a la sociedad. Ahora bien, el aire que viene tiene un tufo muy diferente, es cierto. La Unión Europea ha reaccionado en el último año, ante el descontento generado por la austeridad. Ha dado un paso con la agenda social y España lo tiene que hacer. Si el camino es la inacción y dejamos a los jueces legislen las relaciones laborales, será peor. Si no hacemos nada, mañana puede ser que el camarero vaya a porcentaje de cañas…

¿Cómo se prepara la USO para abordar estas nuevas realidades?
Primero hay que denunciar. Es verdad que cuando un falso autónomo se acerca al sindicato hay miedo. Por supuesto, han individualizado también el miedo y no hay arma más poderosa que el miedo, en este caso al desempleo, a no poder desarrollar tu vida. La gente ahora trabaja por lo que sea. El sindicato tiene que adaptar sus estructuras, especialmente territoriales, que es donde operan las empresas, para atender a ese trabajador. Y luego, aquí sí que hay que mirar atrás, hacer lo que se hacía hace 50 años, unir a esos trabajadores por unos objetivos y estrategia comunes, olvidándonos de las siglas.

¿Qué papel ha jugado la Caja de Resistencia Sindical de la USO creada en 1986?
Está muy valorada dentro del sindicato. Es la solidaridad más auténtica del sindicato. Un trocito de la cuota que paga cada afiliado, según lo que cobra cada uno, se destina a la caja que sirve para que los compañeros y compañeras que en el ejercicio de sus obligaciones sindicales tienen algún tipo de perjuicio. En este último año hemos añadido una nueva protección para cubrir no solo el fallecimiento, la invalidez permanente o absoluta sino también en caso de violencia de género. Eso nos ha permitido torcer el brazo muchas veces. Pasó en el conflicto con los mineros. Estamos hablando de 2,3 millones de euros en el periodo 205-2015. La gente ve que en un conflicto grave ha tenido el apoyo de su sindicato, eso es hermandad sindical.

¿Apuesta su sindicato por la renta de ciudadanía, por algún sistema de rentas mínimas?
Hablamos de renta social mínima y pedimos corregir las rentas mínimas existentes porque no tienen sentido las diferencias que hay entre comunidades. Tiene que haber un plan global que rescate a toda esa gente que no ha podido superar la crisis económica, ni en lo laboral, ni en lo social, ni en lo familiar. Hay un porcentaje de gente precaria que se van salvando de lo más urgente con lo asistencia y otro que no llega ni a eso.

Hay un discurso muy dañino. Dicen que eso puede desincentivar la búsqueda de empleo y subsidiar a la gente. Una renta mínima lo único que hace es dignificar el trabajo. Mientras haya unos mínimos cubiertos nadie trabajará por 400 euros, pero es que no es digno que alguien trabaje por ese dinero, porque con 400 euros no se puede vivir con dignidad. La renta mínima nos haría dar un salto como sociedad, en los económico y laboral. Lo curioso es que quienes critican esta propuesta no cuestionan las bonificaciones a las empresas por la contratación, por la formación para el empleo de muy baja calidad. Según a quien vaya el dinero, se cuestiona o no.

Se insiste en que una renta universal pone en riesgo el Estado de bienestar…
El riesgo es el nuevo empleo si no se regula y se humaniza. En el momento en que no hay natalidad, no hay consumo interno, no hay protección, hay riesgo. En España se están dando muchas comidas al día, mucha ropa a la gente… Esto sí es un atentado contra el Estado del bienestar.

¿Qué le parece que el cálculo de las pensiones se realice con los 25 mejores años de cotización?
Es una buena medida puntual, introduce un principio de igualdad, si se toman los 25 mejores años de cotización. A igual volumen cotizado, independientemente de en qué tramo de edad haya sido, la pensión debe ser igual. También evita el fraude de las empresas. ¿Para que van a cotizar más, si al final solo cuentan los últimos años? Honestamente, es una de las medidas que hemos aprobado en nuestro congreso. Pero el problema del sistema no es ese.

Todo el mundo sabía lo que iba a pasar con las pensiones. ¿Qué políticas a largo plazo se han puesto en marcha? Ninguna. Lo que se ha hecho han sido dos ‘pensionazos’ que han tocado los gastos y no los ingresos. Eso significa que paga el más débil. Escuché a Pedro Sánchez y puedo estar de acuerdo con el impuesto a la banca y el impuesto de transacciones financieras. Pero eso es un 12% de los ingresos que necesita el sistema. Hay que ir más allá y no hay otro camino que tocar los ingresos, salvo que se quiera apretar todavía más a los pensionistas. Las empresas, todas, no solo los bancos, tienen que pagar más. La cuenta de resultados de las principales grandes compañías están en récord de beneficios. Tienen menos costes laborales y son más productivas. En época de crisis había menos productividad y nos decían a los trabajadores que había que repartir las pérdidas. ¿Y ahora que se ha disparado la productividad no hay que repartir las ganancias? Por tanto, vía impositiva habrá que repartir los beneficios con los trabajadores y la sociedad. Hay muchas posibilidades. La formación en las empresas, el 0,6% de la empresa y el 0,1% de los trabajadores se puede ver. Ese dinero no se ha gestionado bien y a lo mejor se puede destinar a otras cosas y destinarlo a otros ministerios. Hay muchas otras más vías sin necesidad de que todo tengan que venir de la nómina del trabajo. Habrá que tocar los presupuestos generales y no contentarnos con que haya una caja para las pensiones que no puede recibir aportaciones que no vengan del trabajo. Pero es que hay que cambiar la composición del mundo del trabajo. Porque lo mejor para las pensiones es que haya empleo digno y estable y bien remunerado.

No es que lo digan los sindicatos, nos lo dice el Parlamento Europeo y hasta la ministra de Trabajo. Hace falta una subida salarial. Evidentemente con dos millones más de cotizantes y salarios más altos y no 400.000 con contratos de menos de una semana y 500.000 personas con contratos de tres días al mes las cuentas mejoran. Si no cambiamos esto, cada vez que el aire venga mal, ya sabemos lo que hay, denigrar las pensiones.

¿Cómo se encuentra en la actualidad el diálogo social con los empresarios?
El diálogo social en España ha sido muy ineficaz siempre. Los últimos acuerdos han servido para poco. No se puede estar siempre hablando de subida salarial, eso es hablar en los términos que le interesan al empresario. Esos acuerdos no valen para nada. Los convenios colectivos van por otro lado. El último acuerdo fijaba hasta 1%, de risa. No puedes ir con eso a la empresa. Ya de partida, el diálogo social está mal conformado. Tendría que ser vinculante y estar abierto a todos los agentes. CCOO y UGT tienen el 66 o 67% de los delegados de España. Ahí tiene que haber más gente, no solo la USO. A nivel local y autonómico hay sitios donde con el 3 o el 5% ya tienes representación parlamentaria.

En cuanto, al contenido, la patronal sabe lo que ha logrado con esta crisis y sería de locos perderlo. En España el 95% son pymes y un montón son autónomos con uno o dos trabajadores como mucho. Pero quien gana no son ellos con estas negociaciones sino el gran empresario. Hay que hablar de la contratación, de utilizar mecanismos de control para detectar el fraude. A muchos sitios los sindicatos no llegamos. De conciliación en serio. Del propio control de la patronal que perjudica al pequeño empresario y al autónomo. Esos repartidores han cerrado muchas pequeñas empresas y han quitado el empleo a autónomos que mal que bien se iban defendiendo. De calidad en el empleo…. Al final, que a un trabajador que cobra 600 euros que le suban un 1 o 2% no le supone gran cosa. Ese no es su problema sindical.

¿Qué papel juega la formación en su organización? ¿Tanto la interna como la orientada al acceso y mejora del empleo?
Nuestra formación está financiada 100% por los afiliados. Tenemos el nivel básico como forma de acercar a la gente a la organización y que se sienta parte del proyecto de la USO. De ahí pasar a formar parte de los cuadros del sindicato. Este sería el nivel medio, para ello están los cursos integrales de formación de cuadros. Una semana, mañana y tarde, con unas 25 personas. Ha habido 41 ediciones. Esto es un abrazo a la realidad sindical, te relacionas con compañeros de otros sectores, de otros territorios, te abre la mente. Ahí te das cuenta de que merece la pena trabajar en un proyecto común y entiendes que el sindicalismo no solo es si mi empresa nos sube o no el sueldo, sino que hay una visión de conjunto. También hay seminarios técnicos sobre temas como los ERE, los cambios legislativos, para dotar a los delegados y miembros de comité de empresa de conocimientos para servir mejor a los trabajadores. Se van a tener que sentar en mesas de negociación, enfrentar a la contabilidad de la empresa o comunicar lo que pasa en su empresa. Y luego está el nivel superior o especial sobre asuntos muy importantes para generar intelectualidad sindical que supere los tópicos con la ayuda de gente de fuera que ofrezca una visión nueva, que no sea solo hablar nosotros de nosotros mismos.

Y luego está el curso de dirigentes para el futuro, que dura tres años y algo más con el fin de tener a gente lo mejor preparada para cuando llegue a cargos de responsabilidad. No es condición para llegar, eso depende de la democracia del sindicato, pero si llegan que les pille preparados. Es para jóvenes hombres menores de 35 años y mujeres menores de 40 años. También, para quienes llevan muchos años en su opción en la empresa, con mucho rodaje en la organización, pero nunca han dado el paso hacia la dirección. Se trata de evitar que la gente no dé el paso porque no esté preparada y no esté preparado porque nunca van a dar el paso. En definitiva, la formación interna persigue que los miembros de la organización cumplan con rigor, con profesionalidad sindical, su tarea, y también hacer más sindicato.

La formación para el empleo durante muchos años ha servido para financiar estructuras sindicales y patronales. Menos del 3% de los trabajadores que recibían la formación mejoraban en su puesto o encontraban un empleo. Datos del ministerio de hace seis años. Se han tirado muchos millones de euros y el fraude ha sido inmenso. En prensa siempre sale el fraude sindical pero el fraude patronal ha sido mucho mayor. Ha sido una formación exclusiva. Nuestra gente ha ido a cursos de otros sindicatos o de las patronales y hemos tenido que pelear durante más de 18 años hasta que hemos podido acceder a la formación para el empleo. Y lo hemos hecho ejemplarmente, con un protocolo de transparencia, y llegando al máximo de gente posible, no solo a la nuestra.

Los sindicatos y organizaciones patronales tenemos que estar en el diseño y evaluación de la formación, pero el dinero de formación no tiene por qué pasar por nuestras cuentas corrientes. No quiero tirar piedras contra mi tejado ni contra el del vecino, pero es que esto ha hecho mucho daño a la imagen de las organizaciones sindicales. Todo el mundo conoce a alguien con el título de francés que no ha hecho el curso o si lo ha hecho no le ha servido para nada, porque era malísimo. Ahora se miden las horas de conexión a internet, pero quién cree que esos sea lo mismo que atender. Es mucho dinero tirado cuando la gente lo necesitaba. Si se hubiera hecho bien no habría tanta falta de cualificación.

Si es que íbamos con un cacito a las comunidades autónomas a ver cuánto nos daban para la formación. Cuando llega la crisis y no había, se arma el follón. Antes, porque nadábamos en la abundancia, no pasaba nada si no se cumplían los objetivos. Pero cuando hay escasez, se exige que se cumplan y nos damos cuenta de que el sistema no vale para nada. Entonces se privatiza todavía más, solo que sin intermediarios que se queden con los gastos de gestión. Pero sigue siendo igual de inútil. ¿Qué cuesta, por ejemplo, abrir los institutos de la red pública por las tardes y desarrollar cursos de empleo para aquellos nichos de actividad que de verdad generan puestos de trabajo? Nadie defiende esto porque nadie se queda con el dinero por ello. Se puede hacer bien con muy poco, pero no interesa.

El último congreso ha suprimido la limitación de mandatos del secretario general, ¿por qué?
Lo ha decidido el congreso en contra de la ejecutiva. Aquí no hay codazos por coger el puesto. No suele haber dos candidatos para un mismo puesto. Solo una vez ha pasado en el nivel confederal. La organización ha entendido que la limitación era más problema que solución. Es verdad que te dejas la carrera profesional, horas de sueño y te llevas muchos disgustos. En muchos sitios no se podían renovar las ejecutivas porque nadie se presentaba. No se convocaban congreso porque no había relevo de garantías y cuando lo había no le gustaba a la base. En el fondo, es profundamente democrático que no haya limitación. Que me echen el primer año, que no esperen a que me tenga que ir porque he agotado el mandato. Si hay alguien que lo hace mejor, adelante.

¿Vislumbra nuevas formas de lucha sindical para defender los derechos de las personas trabajadoras?
¿Cuántas veces hemos llenado la calle de un modo que condicionara una política concreta o generara cambios legislativos? La última victoria en la calle que conozco ha sido la de los desahucios. Esto significa que la gente ya no se echa a la calle. En Cataluña, a lo mejor, pero no por motivos laborales y sociales. Hay que cambiar de estrategia y darles donde les duele, en la cartera. El empleo se precariza por economía. Esa estrategia es ingeniería económica. Hay que empezar a hablar, por ejemplo, de desinstalar aplicaciones. No se trata de que la gente viva aislada o al margen, pero si Amazon hace lo mismo que Deliveroo, habrá que hacer una huelga de compra de una semana. No nos va a pasar nada por no comprar durante ese tiempo. A la gente joven esto sí le llega y no le llega que vayamos con un silbato y una pancarta a la puerta del Congreso. También les duele todo lo que tiene que ver con la reputación, la imagen de marca. Las compañías están tirando de etiquetas para avalar sus buenas prácticas o su sensibilidad ecológica, como una carta de presentación de sus productos. Si de verdad es así, pues bien. Pero nosotros tenemos que hacerlo al revés, poner etiquetas negras y conseguir que la gente compre productos convencidas de que en su elaboración no se ha hecho daño a nadie, aunque les cueste un poco más. En vez de tener seis jerséis tenemos que tener cuatro, pero fabricados con respeto. Si conseguimos introducir la responsabilidad individual en el concepto colectivo daremos un paso en la incidencia sindical.

Luego está la originalidad. Tenemos un volumen de información brutal, es imposible leer y ver todo lo que llega. Hay que ser muy originales para conseguir llegar a la gente y dar con el punto sindical adecuado. Todos tenemos un corazoncito, la gente se siente bien cuando hace algo bueno. Hay que conseguir que cuando uno compra, se sienta bien y que cuando defienda a un trabajador, sobre todo si no tiene que ver con su sindicato o con su convenio, se sienta bien como trabajador. Si el individualismo que se ha introducido en las relaciones laborales llega también al consumismo, será una guerra de guerrillas muy costosa. Si todos damos ese paso, las organizaciones sindicales, los movimientos sociales, los movimientos de la Iglesia, y ganamos esa conciencia, la mitad del camino estará hecho.

¿Cómo es la relación con CCOO y UGT?, ¿es partidario de la unidad de acción sindical?
Compartimos espacio a nivel internacional, estamos también en la Cumbre Social con otras más de 170 organizaciones. Nació como algo muy bueno y lo sentíamos como propio por principio, defendiendo la pluralidad, pero poco a poco se ha descafeinado y no ha habido en los últimos meses grandes actuaciones.

Nos duelen los sectarismos que hemos sufrido. Sé que hay que olvidarlo y entenderlo en el contexto histórico, pero, claro, cuando ves que eso perjudica a los trabajadores no te puedes resistir. En la negociación de los convenios a veces te hacen la pinzan para aceptar peores condiciones o en una lucha contra gente muy poderosa te dejan solo y luego al final se apuntan, eso duele. Los sindicatos somos herramientas, ojalá la USO tenga el doble de afiliados y delegados, pero si lo hemos hecho bien siendo los mismos, tampoco pasa nada. El objetivo no es crecer porque sí, hay que crecer para ser más influyente, hacer más cosas y mejor. El problema es que un trabajador en las empresas solo conoce a CCOO y UGT, y tal vez la USO pueda hacerlo mejor. Hay que quitarse la boina de las siglas y buscar la herramienta que mejor le sirva.

Hemos ido junto mil veces en las empresas, tenemos muchas estrategias comunes, por supuesto. Sin duda, tenemos que conseguir una unidad de acción para conseguir los objetivos compartidos a favor de los trabajadores. La patronal sí sabe unirse cuando le hace falta.

¿Qué valoración hace del reciente encuentro entre el Vaticano y las organizaciones sindicales?
Una de las grandezas de este Papa es que ha dicho nítidamente cosas muy importantes. La Iglesia tiene que estar ahí, no puede estar con los pobres y no denunciarla en el trabajo, contra la injusticia y no denunciar lo que pasa en los centros del trabajo, contra los abusos y no decir nada de los abusos laborales… Me satisfizo ver lo que pasaba, la pena es no haber podido ir porque coincidió con nuestro congreso. Consiguió sentar en el Vaticano a organizaciones sindicales con procedencia e ideologías muy distintas para hablar con profundidad y que todo el mundo salga muy satisfecho, no lo puedo conseguir cualquiera, diría que nadie además de él a nivel internacional.

¿Hay posibilidad de aproximación con la Iglesia de modo que puedan abrirse ámbitos de colaboración que beneficien a las personas y familias trabajadoras?
Tenemos mucha representación de los profesores de religión y contactos con delegados diocesanos, pero no hay en los últimos años, y espero poder recuperarlo, una dirección directa e institucional con la Conferencia Episcopal. Quizás la Iglesia, puede que también las organizaciones sindicales tengamos responsabilidad, ha tomado distancias. Por supuesto tenemos buena relación con los movimientos especializados de la Iglesia. Es difícil que el mundo obrero no se identifique con lo que defiende la Pastoral Obrera y es una pena que esto no se sepa más. Para nosotros es fundamental la relación con la Iglesia, porque tiene un papel con los que peor lo pasan, con las personas vulnerables y con la construcción de la propia sociedad. No se entiende Europa sin la tradición cristiana y su concepto de la familia, del desarrollo comunitario, de la sociedad… Y todo eso el capitalismo salvaje se lo lleva por delante. El concepto de trabajo, de ser humano, la renta mínima social, inmigración, refugiados… son ámbitos de confluencia y de trabajo muy importantes que se pueden desarrollar.
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