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Cartas pastorales con motivo del #1Mayo

29 abril 2016 | Por

Cartas pastorales con motivo del #1Mayo

Publicamos varios extractos de cartas pastorales realizadas por los Arzobispos de Madrid, de Valencia y de Sevilla y del Administrador Apostólico de Ciudad Real y responsable la Pastoral Obrera de toda la Iglesia.

+ Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid • «El trabajo digno a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia en el momento actual» (pdf) | Noticia en ArchiMadrid.org

«El trabajo debe estar en función de la persona y no la persona en función del trabajo. Ninguna razón puede justificar que la persona deba adaptarse (en sus circunstancias personales, familiares, sociales…) a las exigencias de la producción vistas exclusivamente desde su mayor rentabilidad económica».

«Mediante el trabajo la persona se hace más persona, se realiza a sí misma. La organización del trabajo debe promover en sí misma la realización personal, lo cual es incompatible con horarios extenuantes en ciertos sectores, o la falta de humanidad y de seguridad en que se desarrolla su cometido».

«El trabajo no puede ser considerado como una cosa, porque no lo es; forma parte del ser de la persona. El trabajo no es una mercancía ni el trabajador puede ser tratado como un mero recurso humano».

«El trabajo es un valor social: porque la persona no es un individuo aislado sino un ser social vocacionado a la comunión con los demás. El trabajo nos posibilita ejercer generosamente un servicio a la humanidad produciendo bienes para las necesidades de las personas incrementando el patrimonio de toda la familia humana. Pero, además, el trabajo es ámbito de relación con otras personas, de intercambio de las distintas cualidades y capacidades de las personas, es ámbito de creación de relaciones sociales».

+ Antonio Cañizares. Arzobispo de Valencia • «Ante el Día del Trabajo»

«Esta celebración cobra especial significación ante las circunstancias que viven familias de trabajadores en nuestra sociedad, y concretamente en nuestra Diócesis. Hay entre nosotros amplias zonas de pobreza, como hay un grave problema de desempleo y de paro, sobre todo juvenil. Duele que en muchas zonas los jóvenes –incluso los mejor preparados– no tengan un horizonte de trabajo estable y tengan que ir a buscarlo fuera de su tierra y lejos de su familia. Conocemos las dificultades de muchos hombres del mar, del campo y de la industria. Al amparo de la grave necesidad de empleo que tienen muchas personas, hay demasiados contratos de trabajo no suficientemente justos. Preocupan las nuevas pobrezas que se dan en el mundo de la inmigración y de la marginación social, sus trabajos precarios –cuando los tienen–, su inseguridad y las injusticias frecuentes y violaciones de derechos humanos que ahí se dan. Preocupa asimismo la alta siniestralidad laboral, que tantas vidas siega y que tantas personas invalida, incapacita o enferma.

Esta realidad exige de nosotros, cristianos, el apoyo social y decidido, la defensa clara y la cercanía a los trabajadores, el anuncio y realización del Evangelio del trabajo, la puesta en práctica de la doctrina social de la Iglesia, el testimonio de solidaridad con los derechos humanos más propios pertenecientes al mundo del trabajo. Para realizar la justicia social en las diversas partes del mundo, en los diversos países, y en las relaciones entre ellos, son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente allí donde lo requiere la degradación social del sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores, y las crecientes zonas de miseria e incluso el hambre. La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la “Iglesia de los pobres”».

+ Juan José Asenjo Pelegrina. Arzobispo de Sevilla • «Anunciar a Jesucristo en el mundo del trabajo»

«Me dirijo a los militantes cristianos en el mundo obrero, llamados a ser luz para tantos ciegos que no han conocido el esplendor de Cristo; a ser cayado de tantos cojos, que no tienen quien les sostenga y dirija en el camino de la vida; llamados también  a ser servidores de la alegría, como llama san Pablo a los evangelizadores. La alegría es connatural al anuncio del Evangelio, tanto para quienes reciben la Buena Noticia y descubren la belleza del seguimiento del Jesús, como para quienes evangelizan, pues como afirmara el papa Benedicto XVI en la homilía de inicio de su pontificado, “no hay nada más bello que conocer a Jesús y comunicar a los otros la amistad con Él”. El  papa Francisco nos ha dicho que “Jesús llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Él, pues son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento. Con Jesús siempre nace y renace la alegría” (EG1).

Queridos militantes: vosotros estáis obligados a acercar a la clase obrera a Jesús. Él mismo os lo pide:“Seréis mis testigos…  hasta los confines de la tierra” (Hech 1,8). Estas palabras son un encargo y una gracia también para vosotros. No se puede vivir la fe en Cristo sin testimoniarla. Como a los Apóstoles, Jesús nos transmite su misión y nos  encomienda enseñar lo que nosotros hemos aprendido, divulgar lo que a nosotros nos ha acontecido, que en nuestro encuentro con Jesús, Él nos ha devuelto la luz, la vida y la esperanza. Como los discípulos de Jesús después de Pentecostés, hemos de acercarnos a tantos hermanos nuestros, que viven en las cunetas de la desesperanza para compartir con ellos nuestro mejor tesoro, Jesucristo.»

+ Antonio Algora. Administrador Apostólico Ciudad Real. Responsable de Pastoral Obrera• «Fiesta del Trabajo, ¿fiesta de los trabajadores?»

“Se ha instalado en el tejido laboral una especie de doctrina en la que cabe todo (y se explica muy razonadamente) tanto para el más alto ejecutivo de cualquier potentísima empresa multinacional, como para el que frecuenta las listas del paro en las oficinas de empleo que esto «es lo que hay» y no cabe otra manera de hacer”.

“He de advertir que los cristianos deberemos estar, cada día, más atentos a saber separar lo que se nos dice en la cultura dominante a través del discurso político y, en general, de los grandes medios de comunicación, y lo que nos dice la Doctrina Social de la Iglesia, que no es sino el conjunto de los «principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción» que dimanan de la experiencia de la vida cristiana anclada en la persona del Señor resucitado de generaciones y generaciones”.

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